Viejas y nuevas necesidades.

Abandonaremos viejas necesidades y tendremos bastantes nuevas. Un recién desarrollado algoritmo israelí propone una rutina donde disponemos de cuatro días para salir de casa a trabajar, comprar, lo que sea y encerrarnos los siguientes diez y así cíclicamente. Hay explicaciones avanzadas en la parte epidemiológica, matemática y social de la idea y casi todos los puntos son a favor. Lo que quiero ilustrar es que el mundo está de forma aceleradísima reinventando procesos en casi todo. ¿Cómo serán ahora las fiesta de cumpleaños y los conciertos? ¿Cómo será una salida a un club nocturno? Si el coronavirus no ha afectado a nadie cercano a tu vida, probablemente ves todo esto como una exageración. La mente nos juega trucos muy elaborados con los cuales nos empuja a pensar que si todo luce normal, todo seguirá normal. No es así. Entre la economía y la pandemia tenemos el reto más grande frente a nosotros. Puedes pensar en términos binarios de perdedores y ganadores en este nuevo mar o —mejor— te invito a que clasifiques al mundo en los que avanzarán rápido y los que serán lentos, muy lentos. Insértate en el primer grupo abandonado creencias que te han hecho funcionar profesional y socialmente bien hasta el día de hoy. Tu restaurante no puede ni debe operar con la misma cantidad de personal ni en los mismos horarios y ni siquiera atendiendo al mismo mercado. La oficina en donde trabajas no puede seguir usando tonterías como la puntualidad como un asunto “importante” a considerar para medir tu productividad. Compra una configuración digital lo más ganadora posible para transmitir video y audio por internet. Esto de las videoconferencias no se irá y que confíes en la cámara de baja calidad de tu laptop y la pobre iluminación de tu habitación no ayuda. Redirecciona parte de lo que antes gastabas en maquillaje, perfumes, zapatos y ropa en lámparas, dispositivos, micrófonos y suscripciones a cualquier cosa que favorezca tu presencia digital. No te des latigazos emocionales extrañando lo que ya murió. Piensa en todas esas personas con trabajos estilo “voy a archivar papeles y caminar de un escritorio a otro para que un licenciado las firme y luego sacaré fotocopias y meteré todo a una carpeta, luego responderé llamadas de teléfono”. Todos esos negocios que requieren sitios web, apps, bases de datos, respaldos en la nube están hambrientos de entrenamiento digital acelerado. Tú se los puedes dar. Para todas las personas que van a requerir coaching de comunicación, redacción, manejo de presencial virtual y demás, piensa que te puedes insertar en ello. El impuesto que tienes que pagar es estar genuinamente varios niveles encima del asunto. No puedes enseñar a conducir a nadie si, bueno, no sabes conducir bien tú para empezar. Cero dramas. Adáptate al tipo de mundo que por décadas se ha venido anunciado y que por comodidad en la inercia no queríamos ver.

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