Velocidad de escape.

A veces me comporto como The Godfather. Según yo. A veces soy Neo en The Matrix. No nos damos cuenta pero los productores de series y películas son en realidad destacados programadores de la sociedad. Piensa en la escena del niño y la niña en su primer beso en la película «My Girl». Nuestro cuerpo y emociones reaccionan de forma estandarizada ante lo que nos han apuntado que es algo tierno y romántico. Y estando en un café cosmopolita, un árabe, un europeo y tú van a conectar de forma similar al escuchar la canción principal del soundtrack. Mucha de la programación social disponible para nosotros allá afuera nos conviene y mucha no. En física hay algo llamado «velocidad de escape» que es cuando un objeto logra vencer la fuerza gravitacional de un cuerpo masivo. Si queremos una vida excepcional necesitamos sumar a diario decisiones que nos permitan alcanzar la velocidad de escape de la programación estándar de la sociedad. Esas decisiones son el equivalente de hacer ejercicio caminando/corriendo de espaldas, donde no te das cuenta de lo raro que se siente y la cantidad de miradas que puede atraer hasta que lo ejecutas. Utiliza tu otra mano para el smartphone. Di «NO» donde usualmente regalas un «SÍ» fácil. Reprográmate en lo banal primero y llévalo a decisiones superiores después.

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