Todos podríamos llegar ahí.

Hay cosas que nos entusiasman cuando nos topamos con ciertos blogs, podcasts y libros ligeros de negocios. Pensamos en hacer las cosas diez veces más grandes, en crear un océano azul con nuestras ideas innovadoras y disruptivas, en hacer cierres de ventas fantásticos con pitches increíbles de un minuto que prácticamente funcionan en cualquier elevador del mundo donde te encuentres a un inversionista aburrido dispuesto a sacar su chequera ante tu inteligencia de neuroemprendedor enfocado en la abundancia y mente millonaria. Dios. En realidad, el mundo real real real de los negocios funciona bastante diferente a lo que ves en Shark Tank y demás cuestiones populares que nos hacen suspirar. No juzgo. He sido presa de toda esta emoción de técnicas y hacks para acelerar los resultados. Muchas de esas ideas dan resultados, claro, pero sólo hasta cierto nivel. No vas a cerrar una venta de decenas de millones con una frase original ni vas a lograr tener clientes de largo plazo si sólo vendes emoción constante pero cero sustancia sobre la cual construir sólidamente. Esto duele pero es lógico: si quieres jugar en un equipo de fútbol de alto calibre casi nada de lo que hayas aprendido sobre comportamiento con tus amigos de la escuela te va a servir. Es un mundo diferente donde tienes que pensar y moverte así, diferente. Resumen: no te enamores de aquello que funciona solamente para ciertos niveles si quedarte ahí no es de tu interés. Arriba el código de mentalidad y ejecución no es obvio. Si lo fuera, todos podríamos llegar ahí.

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