Some weird shit.

A veces me pregunto por qué no compré algunas. Recuerdo perfectamente el momento en que entré a la tienda de conveniencia buscando una botella de agua y topé con un anaquel repleto de mascarillas. Tomé algunas para apreciar sus diseños estilizados en ese modo chino de que todo luzca adorable. Hice la conversión mental de su moneda a mi moneda y al final decidí que eran demasiado exóticas y que podía conseguir mejores souvenirs. Shenzhen está a doce horas en automóvil de Wuhan, pero eso no alivia la idea de que —de todas las partes del mundo en que podía haber estado— me encontraba en China en el mes y año cuando un asunto llamado COVID-19 explotó.

Lo siguiente es una serie de reflexiones durante mi primer mes en cuarentena.


Escanear es divertido.

La primera vez que leí sobre LIDAR fue tres o cuatro años atrás en una nota acerca del pleito de patentes entre Uber y Waymo[1]. LIDAR es una tecnología que permite escanear el mundo a tu alrededor con un haz láser, por describirlo de manera simple. Es el corazón de todo el movimiento pro-automóviles autónomos y su precisión es literalmente un asunto de vida o muerte: no quieres que tu vehículo confunda un bebé con un gato mientras vas disfrutando una siesta en movimiento. La idea de poder navegar las calles del mundo en forma futurista solamente con tecnología automotriz soberbia es ingenua. Si has visto The Hunt for Red October recordarás la escena donde los marineros norteamericanos se asombran de las veloces maniobras de sus contrapartes rusos en las profundidades del océano gracias a las cartas de navegación ultraprecisas que tienen[2]. Existe una carrera por tener las mejores cartas de navegación ultraprecisas del mundo con respecto a calles y carreteras. Es una que empezó más de dos décadas con startups especializadas en la digitalización de mapas. Google se sumó a la oleada equipando vehículos con infrarrojos, escáneres 3D y LIDAR y los envió por todo el planeta para alimentar los panoramas de la famosa característica «Street View» de sus mapas. El asunto lucía como una excentricidad cuando en realidad era un excelente movimiento ajedrecístico para colocar a la empresa en la posición de ventaja que hoy tienen en esta batalla por lograr el modelado digital del mundo. Este modelado digital recibe el nombre de «mirrorworld», concepto acuñado por Kevin Kelly en un largo artículo al respecto que publicó en Diciembre de 2019 y explicado anteriormente en el cine con Ready Player One[3]. Otros expertos han llamado a esta idea «spatial computing» y se trata de llevar a la vida ordinaria los «digital twins», tecnología que desde hace años es estándar en muchas industrias, réplicas virtuales de cualquier cosa con la quieras interactuar sin joderla: turbinas, cápsulas espaciales, redes eléctricas, etcétera. La idea es que si hay un edificio de cuarenta pisos en esta calle, exista su gemelo digital idéntico en bits y bytes almacenados en la omnipresente nube disponible para cualquier usuario.

Hace unos días Apple anunció su nueva iPad Pro versión 2020. Nerds curiosos que han podido poner sus manos en una para desnudarla reportan que sí, está genial, pero que básicamente contiene el mismo hardware que la versión 2018 excepto por un LIDAR. Escriben largos posts en sus blogs comentando que los ingenieros de la manzana seguramente agregaron este sensor para las aplicaciones de realidad aumentada que cada vez inundan más la App Store. Creen que es para lograr que ARKit genere renders más rápidos, lo que para el usuario promedio significa tener efectos más sofisticados en sus juegos y selfies mezclando el entorno físico que lo rodea con elementos digitales de su preferencia[4]. LIDAR no es en realidad la gran cosa para la tecnología de consumo dentro de una tablet o un smartphone. Muchos teléfonos tienen sensores más increíbles que usamos para desbloquear nuestro acceso con tan sólo permitir el escaneo de nuestro rostro en fracciones de segundo. LIDAR de hecho proyecta menos puntos que el sensor que te acabo de describir. Lo interesante radica en que cuando lo hace, los «lanza» a mucha más profundidad. No seas uno de esos analistas entusiastas que avientan la mente veinte centímetros y quieren que sus lectores los abracen como visionarios cuando no están expandiendo su visión para abarcar el verdadero campo de juego de la tecnología frente a ellos.

No seas uno de esos analistas entusiastas que avientan la mente veinte centímetros y quieren que sus lectores los abracen como visionarios cuando no están expandiendo su visión para abarcar el verdadero campo de juego de la tecnología frente a ellos.

— Aaron Benitez

Imagina por un segundo que eres amigo de los dueños del mundo. Te apellidas, no sé, Pichai, Cook, Nadella o algo así. Tienes acceso a datos increíbles en tiempo real que posicionan con gran ventaja a la empresa que tienes a tu cargo. Puedes medir en altísima definición el pulso de la sociedad. Si la población está ansiosa, sabes determinar rápidamente la causa de su estrés a través de palabras clave que teclean en tu buscador o los sitios que visitan con tu navegador o las apps que abren con tu hardware. ¿Qué sigue cuando dentro de unos pocos años hayas logrado escanear prácticamente todas las calles y carreteras del mundo? ¿Cuáles serán esos nuevos territorios que tu estrategia comercial necesitará conquistar?

Piénsalo unos instantes.

Suma el sueño de un mirrorworld donde todo lo que existe tiene su equivalente digital fácilmente accesible en la nube + el hecho de que ahora cargas con sensores LIDAR en la tecnología personal que usas a diario.

Justo como hoy tu Echo escucha cada palabra que dices y la envía automática e invisiblemente a la nube de Amazon para que un análisis determine cómo venderte rápidamente comida para perro ahora que has comprado uno, exactamente así tus próximos gadgets llenos de LIDARs tendrán la encomienda de escanear sin contemplaciones tus muebles, tus habitaciones, tus espacios, tu mundo[5]. Piensa que en este asunto del mirrrorworld de nada sirve proyectar digitalmente casas si no elaboramos al mismo tiempo la capacidad de representar fielmente lo que hay dentro de cada una de ellas. Abraza la genialidad que resulta de hacer que los usuarios paguen por comprar los dispositivos ultraespecializados con los cuales van a poner su tiempo y esfuerzo para escanear gratuitamente lo que luego Microsoft y amigos nos van a vender en formato de suscripción mensual para poder acceder a nuestra realidad alterna de bits y bytes. Piensa en Snake, el juego de la viborita en aquellos viejos Nokia. Pensabas que estabas divirtiéndote pero en realidad estabas siendo entrenado para mover tus pulgares más ágilmente en el diminuto teclado del aparato y con ello usarlo más fácilmente en otras aplicaciones del teléfono. Pokémon Go no solamente te está entrenando en cómo interactuar con versiones rústicas del mirrorworld: te está poniendo a escanear gratuitamente tu entorno en alta fidelidad cuando crees que simplemente estás divirtiéndote.


No desperdicies una buena crisis.

Hay una broma circulando entre los nerds del mundo en estos días intensos. Una encuesta ficticia pregunta quién ha sido el mayor impulsor de la transformación digital en tu empresa. Las opciones marcan al CEO, CIO, CTO y al famoso COVID-19. Simplezas aparte, esta temporada ha acelerado sin duda alguna la aceptación de alternativas virtuales para el gran público en general que insistía en seguir usando la internet para básicamente el consumo de entretenimiento. Una señal inequívoca de que algo se ha dislocado en el comportamiento de la sociedad es cuando la maestra de piano de mi hijo mayor —una señora rusa que ronda probablemente su séptima década– y el instituto de gimnasia de mi hija —un lugar que no acepta tarjetas bancarias para pagar la mensualidad— mudan de la noche a la mañana sus operaciones a Skype y Zoom respectivamente. Por años he detestado las videollamadas. Llevo semanas como anfitrión de media docena con al menos cincuenta personas en cada una.

La tercera temporada de Ozark nos muestra a una Wendy Byrde hambrienta de poder. El cártel de su jefe está en una guerra sanguinaria. Su esposo y ella discuten la mejor estrategia para el negocio y la familia. «Never let a good crisis go to waste», resume con decisión para Marty. Es cierto. En la industria de la motivación vendemos frases estilo «hay que encontrar la oportunidad en los momentos difíciles» y así. Son notas ciertas aunque bastante cliché. Lo que más he repetido a mis lectores recientemente es que se esfuercen en salir más fuertes físicamente, más intelectuales y más sagaces de este túnel llamado coronavirus. A nivel empresarial he insistido en que no debemos tener la mentalidad de soñar que regresaremos pronto a la normalidad. Si como empresario estás deseando que esto termine para volver a hacer las cosas como las ejecutabas pre-coronavirus, estás desperdiciando una excelente crisis, probablemente «la mejor» de nuestra generación. Tenemos ante nosotros la gran oportunidad de poner en cintura a nuestras compañías, empujarlas a ser lean, a optimizar sistemas, a automatizar procesos y observar en primera fila la adaptabilidad emocional, técnica y profesional de nuestros colaboradores.

La disrupción es como la innovación, uno de esos conceptos que entusiasman a muchos hasta que se los topan de frente y se dan cuenta que en realidad son retos bastante complejos con una curva de aprendizaje empinadísima. La disrupción duele porque es el punto álgido de fricción entre varios elementos aparentemente inconexos convergiendo violentamente. Esto del mirrorworld naciendo ante nuestros ojos sería algo genial si entrase pausadamente a nuestras vidas, como lo hizo la computación personal que se tomó su tiempo para ser parte de nuestro día a día. Lo que estamos experimentando es la singularidad política donde países como Hungría se reinventan en su forma de gobierno de la noche a la mañana y los sueños de unión en regiones como Europa colapsan rápidamente[6]. Agrega el tremendo impacto económico en efecto dominó que vamos a sufrir con las pausas que prácticamente hemos tenido en todas las actividades productivas. No dejes fuera la fortaleza China reforzada con su respuesta y ejecución. Por primera vez hay un contendiente serio ante Estados Unidos para la supremacía global.

La disrupción duele porque es el punto álgido de fricción entre varios elementos aparentemente inconexos convergiendo violentamente.

— Aaron Benitez

Hay pocas cosas tan dolorosas para el ser humano como el cambio. Estamos cableados internamente para detestarlo. Maquiavelo explica en su icónica obra que ponerse al frente de la implantación del nuevo orden de las cosas es una de las tareas más pesadas para cualquier gobernante[7]. La disrupción que nos está atacando sin piedad, ésta que nos empuja sin misericordia a reimaginar de un día para otro el escenario tradicional de la educación, la política, la economía, la sociedad y la tecnología es una que debemos utilizar para darnos permiso en pensar y actuar diferente. Pensar y actuar diferente no son excentricidades en tiempos del coronavirus: son requisitos mínimos para aterrizar menos golpeados cuando caiga el telón de esta impactante puesta en escena global.

Ey, tranquila, tranquilo. Sí: el virus está forzando una digitalización de la noche a la mañana en sectores resistentes al cambio —cortes de justicia, sistema de salud, educación pública y burocracia gubernamental— pero llevamos décadas entrenando arduamente para todo esto.


Hermosas teorías de la conspiración

Hace unos días me enviaron mi primer video oficial sobre toda la conspiración detrás del COVID-19. No sé, diecisiete minutos en WhatsApp escuchando a una modelo con acento sudamericano. La chica explicó desde biotecnología hasta geopolítica internacional pasando por la ciencia de las vacunas, episodios proféticos de los Simpsons, derecho avanzado subespecialidad en patentes, reuniones de grupos de poder y simulaciones complejas de la realidad. No dejó nada afuera ni perdonó a compañía internacional, presidente o ciudad asiática alguna[8]. Caray, tengo artículos de cuatro, cinco mil palabras y en ninguno de ellos he podido abarcar una octava parte de la cantidad de temas sobre los que esta YouTuber imparte cátedra.

Mi primera reacción es la que podrás imaginar: rechazo absoluto a este sinsentido. Presumo de ser un tipo sofisticado que lee el New York Times y que no permite que cualquier fuente lo informe ni mucho menos que tenga éxito en su intención de moldear su criterio. Sin embargo, una de las columnas filosóficas que me esfuerzo para que me guíe a diario es aventar la mente al otro extremo. Aventar la mente al otro extremo es lo que nos falta a muchos en la sociedad para poder conversar civilizadamente. La mayoría de las personas actuamos como niños caprichosos con nuestras concepciones sobre cuál equipo de fútbol es el mejor. Nos encanta aglutinar hechos, opiniones y estadísticas para cimentar nuestro argumento con el objetivo de ganar discusiones. No nos damos cuenta de lo mucho que perdemos a diario ganando batallas tontas así. Si nos entrenamos en aventar la mente al otro extremo, logramos ampliar el espectro intelectual de nuestro pensamiento, eliminar las limitaciones inherentes a nuestra educación y entorno. Podemos también encontrar caminos más creativos para navegar al lado de más personas.

Aventé mi mente al otro extremo y me pregunté seriamente cómo cambiaría mi visión del mundo si esta chica paranoica tuviera razón. Al final, no se trata de participar en el juego infantil de «querer tener razón» sino de avanzar en el objetivo.[9] Y el objetivo es crecer y estar mejor. Si para lograrlo tengo que aceptar estar equivocado en mi razonamiento muchas veces, bienvenidas sean esas equivocaciones.

Hace años leí un artículo sobre las reacciones que tendríamos ante una invasión extraterrestre, ver animales hablando o interactuar naturalmente con robots. La nota iba en el sentido de que nos hemos entrenado a los diferentes escenarios de estas ideas a través de horas y horas y horas de exposición a películas y series que nos lo han hecho ver como algo normal. Lamentablemente llevo la misma cantidad de años buscando este artículo y no logro dar con él, por eso no lo incluyo en las referencias. Sorry about that. Esta perspectiva de ver el entretenimiento como entrenamiento alteró mi percepción del mundo de una manera profunda. Me hizo entender que todo el tiempo estoy sometiendo mi mente a capacitación y que si no escojo bien en qué la coloco, no voy a tener control sobre el resultado. Tal vez ésta es la razón por la cual no avanzamos luego con nuestras vidas. Esos videos chistosos en YouTube o esa producción sanguinaria en Netflix no nos entrenan más que a actuar tontamente y a promover el drama en nuestra vida diaria. Puedes pensar que estoy exagerando y que todo ello simplemente es «para pasar un buen rato» o «distraerte». Para nuestro cerebro no hay diferencia: procesa las cosas con toda seriedad todo el tiempo. Como sociedad, hemos entrenado durante décadas para saber cómo organizarnos cuando los extraterrestres nos quieran conquistar. De alguna forma ingenua vamos a esperar que nuestros héroes reales —en el momento que algo así ocurra— sean nerds acompañados de bellas mujeres con las que terminarán dándose besos apasionados después de destruir ingeniosamente los sistemas informáticos del enemigo en un ataque frontal coordinado de toda la humanidad.[10]

Pensemos ahora en lo que hacen los gobiernos cuando quieren ocultar una conspiración. Si tomamos el script de JFK de Oliver Stone, entenderemos que la estrategia lógica es ametrallar al público con tantas líneas disparatadas de pensamiento como sea posible en la menor cantidad de tiempo para fatigarlos en su análisis y esconder, como se dice, el árbol en el bosque. Ya sabes, generar mucho caos para que la señal de la verdad se pierda en el ruido. Otra técnica es la caja china[11] o cortina de humo, distrayendo así a las masas con temas morbosos con los que podemos conectar fácilmente. The History Channel lanzó una producción titulada Ancient Aliens en la que uno de sus tempranos colaboradores escribió un libro lleno de preguntas para la mitología y la ciencia, sobre la posibilidad de que todas esas narraciones, leyendas y cuentos antiguos más que fantasía sean potencialmente la documentación del contacto que la humanidad tuvo con seres de otras galaxias. Cuando nos hemos cuidadosamente taladrado una historia por muchas décadas, resulta difícil retarla, mucho menos removerla. Piensa en las siguientes dos cosas que te voy a mostrar y permítete no reaccionar de forma típica: ¿Es en realidad ésta la primera vez que nuestro planeta desarrolla seres con altas capacidades tecnológicas?[12] ¿Por qué la historia de la virginidad de María, la madre de Jesús, nos resulta tan obvia y natural?[13] Mi primera reacción fue tachar de ridiculeces estas notas. Enseguida corregí y apliqué la habilidad de poder aventar mi mente al otro extremo. Ahí el asunto adquirió aristas interesantes, por decir lo menos. Aceptar fácilmente todo lo que nos platican es tan malo como rechazar automáticamente cualquier punto que altere nuestro plano mental de la realidad.

Aceptar fácilmente todo lo que nos platican es tan malo como rechazar automáticamente cualquier punto que altere nuestro plano mental de la realidad.

— Aaron Benitez

La idea de que todo esto del coronavirus es una gran conspiración ideada por corporaciones y gobiernos perversos para mantener el orden mundial a través del miedo e imposición de medidas económicas drásticas es una que no apoyo cuando me quieres hacer pensar que un personaje con problemas de verborrea emocional como Trump podría seguir estrictamente un script global. ¿O me vas a decir que acaso el Presidente de los Estados Unidos no está incluido en la conspiración? Por otro lado, pensar que la Organización Mundial de la Salud, China y las empresas e instituciones participantes del Event 201[14] comparten toda la información a su disposición en términos claros, rápidos y precisos resulta —por decir lo menos— pensamiento mágico, un ejercicio para soñadores, una visión idealista del mundo, un criterio ingenuo.

Creo que hay validez en lanzar ideas descabelladas desde estos espacios de teorías de la conspiración. Creo también que las abrazamos más cuando psicológicamente no somos tan fuertes para evaluar nuestra realidad y necesitamos tener enemigos claros y ser poseedores del «secreto» que otros desconocen. Y cuando una mentira bien ingeniada nos deja de funcionar, necesitamos —como buenos adictos— una más fuerte para saciar nuestra sed de alucinación.

Curiosamente una novela que me enseñó bastante sobre cómo sería una conspiración global moderna y «creíble» fue obra de Cixin Liu, autor chino que con su impresionante The Three-Body Problem tomó al mundo de ciencia ficción por sorpresa al punto de la pleitesía. Este libro desarrolla la idea de un contacto con una inteligencia extraterrestre obviamente mucho más avanzada que nosotros. El gobierno Chino y otros jugadores internacionales cruciales participan en un esquema mundial para conversar con esta nueva civilización mientras que otros actores se anticipan a lo que ven como un choque de fuerzas para el que estamos irremediablemente en desventaja natural. A través de un sofisticado videojuego de realidad virtual que utiliza trajes hápticos, matemáticas y filosofía, los extraterrestres van reclutando aliados en la Tierra para atacar nuestros aceleradores de partículas con su picotecnología y dominio del entramado cuántico[15]. La historia es una delicia nerd donde todo esto de la tecnología de realidad aumentada, el mirrorworld, Pokémon Go y el íntimo escaneo de precisión que estamos haciendo de nuestros entornos con las iPads y demás dispositivos que cargamos a diario nos regala la noción de que son piezas de la gran conspiración de nuestra generación para, no sé, estar listos ante la llegada de un ET que ya sabemos que viene en camino. Tal vez encerrarnos a todos los humanos de forma simultánea es una manera excelente de coordinar el pensamiento de nuestra civilización hacia un mismo objetivo. Considera que jamás habíamos puesto a todos los gobiernos, instituciones, empresas y personas a trabajar en un mismo problema al mismo tiempo. Desde esta perspectiva, la crisis del COVID-19 es fantástica.


El maldito pensamiento lineal

Podría poner dinero en una apuesta sobre cuál es uno de los peores entrenamientos al que nos sometemos voluntariamente. Diría que es la educación tradicional. Acostumbrarnos a que las cosas llevan un orden es un desperdicio de la poderosa capacidad superior de nuestro cerebro para detectar patrones[16]. Favorecemos el tonto pensamiento lineal cuando creemos que «Matemáticas I» es una materia que va antes de «Matemáticas II» y que existen cosas como «Metodología de la Investigación III» en el orden natural del universo. Cuando nos adaptamos sin mayor problema a aceptar que primero estudiamos un tema, luego tenemos un examen del mismo, de ahí otro tema, otro examen y que un conjunto de esto nos da el derecho a aprobar o reprobar y pasar a otro nivel o mantenernos en el mismo, bueno, digamos que jodemos las posibilidades innatas de desarrollo que la evolución nos ha obsequiado.

Mi cruzada contra el pensamiento lineal es que nos impide ser lideres visionarios. Casi todo el mundo es líder en algo. Pocos son líderes en las cosas que importan. Y muchos menos lo son con anticipación. Si hay una narrativa consistente en esto del coronavirus y el impacto que ha tenido en comunidades de todo tipo es que casi todos se negaban a considerarlo como una amenaza seria. Sobre el punto en donde todos somos líderes, piensa en esa invitación que enviaste a tus amigos para reunirse en tu casa para preparar hamburguesas y tomar cervezas un fin de semana. Coordinaste la asistencia, conseguiste la materia prima, preparaste el entorno y te disciplinaste a tener la actitud correcta para la situación. Que no te engañen: eso es liderazgo, sólo que es uno disfrazado y que no te entrena para cosas más elevadas. Luego están los que son líderes para reaccionar ante una situación complicada. Estos son los más comunes y que acaparan las noticias porque siempre hay un halo romántico en ver a alguien ponerse al frente de los problemas y llevar a un grupo de personas a ejecutar acciones fantásticas que de otra forma no se habrían imaginado antes capaces de hacer.

El tipo de liderazgo que deberíamos fomentar más es aquel que no resulta lógico cuando es más crucial: es consumir notas que otros ignoran, sintetizar información de maneras que otros no comprenden, poner atención a expertos que otros ni conocen y ejecutar acciones que enseguida pondrán incómodos a quienes no aceptan fácilmente un cambio en el orden establecido de los procedimientos y situaciones. Este liderazgo cobra muchos impuestos emocionales y es uno que muy pocos tuvieron ante el coronavirus. Frente a la ola de este virus que ha barrido todos los sectores estratégicos del mundo, la mayoría de las personas encargadas de las decisiones no tuvieron las habilidades psicoemocionales para una reacción geopolítica estratégica dado que su caja de herramientas filosófica simplemente no contiene soluciones. Harari explica esto magistralmente en 21 Lessons for the 21st Century al concluir que el nacionalismo, por definición, no ayuda a los países en los que se instala cuando emergen retos de escala global como esta pandemia. El nacionalismo no tiene bajo su manga ninguna respuesta moderna. Brasil, Estados Unidos, México, Reino Unido y otras naciones se han inclinado tristemente hacia esta visión reducida del mundo donde creemos que «nosotros» de forma interna podemos solucionar todo y los demás son el enemigo o al menos gente a la cual podemos y debemos ignorar.

El tipo de liderazgo que deberíamos fomentar más es aquel que no resulta lógico cuando es más crucial: es consumir notas que otros ignoran, sintetizar información de maneras que otros no comprenden, poner atención a expertos que otros ni conocen y ejecutar acciones que enseguida pondrán incómodos a quienes no aceptan fácilmente un cambio en el orden establecido de los procedimientos y situaciones.

— Aaron Benitez

¿Qué sigue? Viene una economía de guerra con limitaciones tal vez no muy extremas pero sí exóticas que muchos jamás hemos experimentado en nuestro tiempo de vida[17]. Vienen oleadas de cuarentenas masivas voluntarias y obligatorias. Vienen reconfiguraciones rápidas y dolorosas en lo político. Vienen ajustes a modos de colaboración profesional y educativo que habían tenido avances tímidos en las últimas décadas y que hoy están festejando su potencial. Viene una ampliación de la brecha entre quienes tienen las habilidades para adaptarse rápido, ser digitales y aquellos que insisten en abrazar la nostalgia de tiempos que jamás regresarán. La sociedad agudizará sus demandas de respuestas más rápidas lo cual traerá propuestas descabelladas como más nacionalismo y otras más sofisticadas como el ingreso básico universal.


Que a nivel individual esto no te vuelva a ocurrir: minimizar amenazas porque tus canales no las consideran importantes. Es una especie de insulto a la modernidad que tus fuentes sigan siendo blogs sin intelectualidad profunda y los periódicos de siempre aunque creas que eres moderno al leerlos en línea. Lee más en inglés. Todos esos columnistas que a diario despachan críticas-opiniones-consejos-sabiduría jamás han construido grandes emporios ni estado al frente de organizaciones complejas ni mucho menos lidiado directamente con crisis de gran nivel. Y estás dejando que su enojo y miras cortas alimentan tu criterio. Los reporteros no son las personas más visionarias porque ese no es su trabajo. Lee a Alvin Toffler, aprende de diseño de futuros, sigue a fundadores de firmas de venture capital en Twitter y preocúpate cuando gente así de pronto y de la nada gira sus conversaciones públicas hacia una alteración que está ocurriendo en una remota ciudad asiática. Some weird shit is going on. Algo está pasando. Cuando un tipo acostumbrado a evaluar números a diario para poner su dinero en ello de forma ganadora te dice que hay un brote que tiene toda la pinta de ser exponencial, por favor presta mucha atención. Es el mismo tipo de persona que invirtió en Facebook, Instagram, Google y demás en esa vena. Entiende que en una hoja de cálculo los números que muestran los patrones de un comportamiento viral lucen igual tanto si el asunto es financiero o biológico. Que tu pensamiento lineal no te estorbe para tomar decisiones rápidas. «Esperar» para entender la situación y querer tener «orden» en las ideas son el gran legado de nuestro enemigo el pensamiento lineal. Asimila información de varias fuentes. Abre nuevos frentes de batalla. Toma decisiones impopulares. Muévete rápido y soporta los gritos de reclamo por la incomodidad que estás causando a quienes la disrupción los fastidia sin remedio. Eso es liderazgo visionario. Y nadie te va a aplaudir en el momento por ello. No importa. Tú yo venimos a ganar el largo plazo.


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[1] What’s behind the conflict between Google and Uber | The Economist | Mayo 8, 2017.
[2] Red October for real: maps suggest Soviets subs cruised Canadian Artic | GeoGarage Blog | Diciembre 7, 2011
[3] AR Will Spark The Next Big Tech Platform—Call It Mirrorworld | Wired | Diciembre 2, 2019
[4] 12.9» iPAD Pro 2020 Teardown: What does the LiDAR scanner look like? | iFixit | Marzo 28, 2020
[5] Silicon Valley Is Listening To Your Most Intimate Moments | Bloomberg | Diciembre 2, 2019
[6] Hungarian’s Authoritarian Takeover Puts European Union At Risk | Human Rights Watch | Abril 1, 2020
[7] Overcoming the Disruption of Process Change | Harvard Business Review | Febrero 21, 2011
[8] Lo que nadie está diciendo del CORONAVIRUS | Ruby Demestoy | Marzo 18, 2020
[9] Principle of the day | Ray Dalio | Noviembre 23, 2019
[10] Independence Day (1996 film) Plot | Wikipedia | Abril 7, 2020
[11] ¡Echaron a andar La Caja China! | Milenio | Septiembre 17, 2015
[12] The Silariun Hypothesis: Would it be possible to detect an industrial civilization in the geological record? | International Journal of Astrobiology | Abril 10, 2018
[13] Letting go of God | TED Talks | Febrero 2006
[14] Event 201 | The Johns Hopkins Center for Health Security | Octubre 18, 2019
[15] The Worst of All Possible Universes and the Best of All Possible Earths: Three-Body and Chinese Science Fiction | Cixin Liu | Mayo 7, 2014
[16] Your brain is fine-tuning its wiring throughout your life | ScienceDaily | Febrero 3, 2014
[17] The Coronavirus War Economy Will Change the World | Foreign Policy | Marzo 26, 2020

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