Respiro profundo.

He hablado en varias ocasiones sobre el «Intercambio de Prioridades en Tiempo Real» (IPTR), una técnica que utilizo para cambiar rápidamente de carril entre una una situación normal a una que luce como una oportunidad más clara y ganadora para el largo plazo. Esto de moverse entre decisiones de forma contundente no es fácil porque la comunidad que nos orbita tiende a esperar siempre lo mismo de nosotros y cuando damos saltos «locos», bueno, esas cosas raramente generan aplausos. Esto del IPTR no es equivalente a vivir desenfocado y salirnos de una actividad nada más porque ya nos aburrió o cansó y pasarnos cómodamente a otra. Eso es falta de disciplina. El IPTR es como el joven que me pide platicar para una orientación profesional a través de su mamá a quien conozco y aprecio. Le doy cita. Me dice que tiene examen ese día y a esa hora. Respiro. Le digo que entonces al día siguiente. Y me responde con una historia de lo trágica que es su vida esta semana donde es imposible para él reunirse conmigo porque tiene exámenes todas las mañanas y bueno, yo con hijos, empresas, lectores, inversionistas y compromisos sociales, profesionales y personales de todo tipo, yo no entiendo lo ocupado que está. Respiro profundo y recuerdo aquella etapa de mentalidad pobre donde no sabemos dimensionar las cosas adecuadamente porque sólo vemos como urgente y prioritario lo que nos han taladrado que es así y todo lo demás lo vemos como algo que ataca lo «correcto». Y todo esto no lo digo por mí o porque la plática conmigo le vaya a cambiar la vida o así, lo digo porque estoy seguro que el resultado del examen que pierda a cambio de interactuar con alguien totalmente fuera de su entorno no va a ser algo relevante en los próximos veinte años. Todo esto no lo entendemos porque lo único que hemos hecho es anti-entrenar para IPTR: hacer una sola cosa y no salirnos de ella porque nos han taladrado que lo importante es «terminar lo que empezamos» en lugar de usar nuestro cerebro y entender que lo importante es poder razonar y tomar las oportunidades que se presentan frente a nosotros. Espero poder explicar algo de esto al joven el día que tenga todo perfectamente alineado en su vida para darme espacio en la ocupada agenda que ha desarrollado a sus dieciocho años.

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