Primero ayúdate tú.

Necesito un diseñador. Necesito un programador. Necesito un administrador. Necesito una persona de ventas. Necesito un asistente. Necesito una oficina. Necesito una computadora para cada uno de ellos. Necesito un automóvil con el logotipo de la empresa.

Pensar en todo lo que necesitamos para lanzar un negocio es fácil.

No hagas lo fácil. Es engañoso.

No necesitas un diseñador. Necesitas soluciones gráficas.

No necesitas un programador. Necesitas quien configure cuestiones en el sistema.

No necesitas un administrador. Necesitas orden.

No necesitas una persona de ventas. Necesitas un túnel lo más automatizado posible.

No necesitas una oficina. Necesitas tracción en las ventas.

No necesitas computadoras para cada uno de ellos. Necesitas tracción en las ventas.

No necesitas un automóvil con el logotipo de tu empresa. Necesitas tracción en las ventas.

Habiendo sido culpable en el inicio de mis empresas de este pensamiento estilo “Todo Lo Que Necesito”, puedo decirte lo doloroso que resulta aventar la mente al otro extremo y pensar en cómo hacer lo más, más, más, más, más posible con la mayor ligereza posible.

Si pones ejecución, intelectualidad, TAD (Tiempo, Atención, Dinero) y recibes la sal de la suerte, llegarás al momento genial donde tendrás que contratar gente para crecer tu empresa. Pero cruza ese puente cuando llegues a él, no hoy que estás empezando.

A menos que vengas de un MBA de prestigio, la realidad es que no sabemos cómo optimizar nuestra estructura empresarial porque, bueno, nunca hemos creado una estructura empresarial. Vamos construyendo la compañía conforme creemos que es adecuado. El concepto de MVP (minimum viable product, producto mínimamente viable), utilizar herramientas digitales como CRMs estilo Zoho, Salesforce, hacer administración de proyectos con project managers estilo Monday, conectar plataformas y sus APIs usando soluciones como Zapier, todo ello son notas raras que pertenecen a los nerds, nos decimos. Ser de la vieja escuela no es tu culpa si naciste hace cuarenta años. Pelear tontamente contra las herramientas de la modernidad porque revelan tu necedad de no querer exponerte para entenderlas, sí.

No necesitas tarjetas de presentación. Te confieso que todo el mundo las bota o física o emocionalmente a la basura. Es romántico pensar que nos vamos a sentar un día a guardar en una base de datos la dirección de la colonia donde rentas un espacio de co-working, pero no es así.

¿Qué te recomiendo para empezar? Una excelente computadora que no te dé dolores de cabeza los próximos cinco años y un celular que te permita grabar audio, video y tomar fotos y dictado como lo hacen los dioses.

Enfócate en dominar, digamos, cincuenta clientes solamente tú y todas las herramientas informáticas de las que puedas echar mano. Tener un sistema que automatiza citas, que graba tus videoconferencias, que las sube a la nube para referencia de las conversaciones, que transcribe lo dicho para búsquedas futuras, no sé, todo esto es posible, cuesta dinero, claro, pero cuesta mucho menos que llenarte con una nómina de personas para que te ayuden en ello. Tener un servicio como Mailchimp que obtiene datos de las personas y les envía mensajes personalizados y automatizados te cuesta una ridícula fracción en dinero y dolores de cabeza que pedirle a tu mejor amigo al que amas que te ayude con eso y teclee mal y lento la mayoría de las direcciones de e-mail y te joda el asunto. Además, Mailchimp no habla mal de ti cuando lo despides.

La realidad es que mucho de eso en lo que crees que necesitas ayuda no vas a poder contratarlo bien en el inicio porque, de nuevo, es la primera vez que estás haciendo esto, no sabes contratar y te vas a ir por aquello que nos vamos la mayoría: tu inclinación hacia el hecho de si alguien te gusta en su actitud y palabras, cuando entusiasmo no es sinónimo de capacidad de ejecución y un profesional no es sus frases.

Ten un sitio web soberbio que haga el convencimiento sin cansarse, sin quejarse, sin chismes, sin mantenimiento emocional arduo. Habla de las ventajas y desventajas de tu producto. Pon dinero en redes sociales y Google para que la gente llegue. Aprende de eso. Da los precios ganar-ganar en el mismo. Ataca todas las dudas típicas que tendrán tus clientes.

Este texto es un vendedor, por ejemplo. Puedes creer que es solamente «algo que me encontré en Facebook» pero la realidad es que si te permites afinar tu visión, casi todo frente a ti puede actuar de formas muy diferentes a lo que fue su diseño original. Estas líneas te están convenciendo de mi dominio del tema. Están poniendo una imagen clara en tu mente. Te están entusiasmando con las cosas que puedes alterar en tu vida si tan solo me sigues leyendo. No tengo que pagar a nadie para que salga a enviar miles de e-mails al azar tratando de cazar potenciales clientes. Te convenzo aquí. Genero autoridad. Lo piensas, lo meditas, lo analizas y con los días te conviertes en cliente de mi próximo curso sobre cómo hacer negocios de forma moderna llamado #Emprendedor2029 en www.nivelPAD.com, por ejemplo.

Comercial aparte, utiliza la parte de ser “vieja escuela” en lo que te conviene: recuerda aquel entusiasmo en los anuncios de los ochentas y los noventas donde la computación personal en teoría nos libraba de muchas actividades mundanas. Como hoy todos tienen acceso a una computadora e internet tal vez piensas que ya no son nada relevantes cuando la realidad es que la mayoría de las personas están utilizando tontamente estas maravillas.

Tú no. Tú úsalas para hacer mucho, mucho, mucho más. Sé un tipo que optimiza sus procesos todo el tiempo de forma predeterminada en lugar de pensar “necesito contratar ahora a tal persona que haga esto por mí”.

Filtra —por el amor de Dios— la etapa de vida personal y profesional en que se encuentran los gurús que te queremos decir cómo hacer las cosas. Tal vez hay opciones menos arriesgadas que la del joven de diecisiete años que te quiere vender cursos para tener éxito en los negocios cuando su único negocio en la vida ha sido cómo vender cursos para tener éxito en los negocios. No te emociones con lo que te dicen sino con lo que hay detrás. Pregunta qué han construido en realidad, cuánto de ello está andando sin que su persona sea necesaria. Si Carlos Slim te da un consejo, hazle caso porque sabe como crecer organizaciones. Si el influencer te da un «consejo», ve si realmente es lo mismo. Esto es duro, pero después de años de experiencia lanzando empresas estilo www.verse-technology.com e invirtiendo en otras de diferentes ramos, todavía siento que me falta muchísimo por hacer. No imagino qué tanta profundidad genuina me podría dar alguien que sólo ha trabajado con su asistente remoto haciendo videos para verse bien y darle a la gente opiniones disfrazadas de consejos de negocios. Consejo sólo viene de quien ya ha conquistado aquello que a ti te interesa. Y si lo que te interesa es tener una genuina compañía de clase mundial, bueno, filtra bien a quién estás permitiendo que moldee tu criterio.

Claro que necesitamos gente atendiendo gente. Claro que necesitaremos contratar. Pero domina con gran precisión los primeros meses/años de tu empresa, sé el ninja-master-sensei y cuando pongas buen pan en la mesa de forma constante, entonces sí, busca a esas personitas que multipliquen tu ejecución con números ganadores.

Te digo todo esto con amor. Me reflejo bastante en este texto cuando estaba del otro lado en modo necio creyendo que lo que visualizaba en mi estructura corporativa era correcto porque, bueno, no sé por qué. No tenía experiencia pero sí mucho más ego del que hoy todavía cargo y al final del día, esa inseguridad disfrazada me obligaba a ignorar consejos de este tipo. Al final, pensaba, ¿qué sabe ese tipo de mi negocio? Yo quiero que mi amigo tal y mi ex-novia tal me ayuden porque son personas que me dan seguridad psicológica aunque no sé evaluar realmente su potencial para construir un negocio.

He aprendido algunas cosas. Y creo que te pueden ayudar.

Pero primero ayúdate tú.

-A.

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