Powerhouse.

De acuerdo al Merriam-Webster, se le denomina «powerhouse» a algo o alguien que es una fuente de gran determinación, energía y capacidad. Tú puedes ser una powerhouse, alguien que nos inspire, que nos empuje, que nos fuerce a hacer cosas. Pero no podemos ser una powerhouse cuando encajamos perfectamente en el nivel que nos encontramos. El nivel en el que estamos no es el ideal para ser una powerhouse porque si así fuera, bueno, ya seríamos reconocidos como tal. Alguien que es una powerhouse es otra fuerza de la naturaleza que parece doblar las leyes de la física y agrega, no sé, quince horas más al día, que parece tener muy claras las cosas y respuestas para todo. Una powerhouse es un ser liberado. Gente como Tony Robbins, Tim Ferriss, Barack Obama y otros en esa línea son remolinos que se mueven tan salvajemente que obligan al mundo a cederles siempre el paso. Para aspirar a movernos así tenemos que pagar ciertos impuestos. ¿Quieres saber cuál es uno de los más difíciles? Matar la adicción a la validación del grupo social que tienes más fuertemente anclado en tu cabeza. Ese grupo está integrado por las personitas que vienen a tu mente cuando estás decidiendo algo y hacen que mires las cosas desde su lente y enseguida percibes sus críticas y desaprobaciones, las cuales son irreales la mayor parte del tiempo. Irreales no porque no te quieran criticar o desaprobar sino porque tú y yo no somos tan importantes y la gente casi nunca está pensando en nosotros. Lo que nos ataca es un miedo al que ponemos cara y que nos obliga a buscar aprobación donde realmente no es necesario. He hablado mucho de la magia que hay en permitirnos ser ridículos para matar la adicción a la validación social. Fácil no es, pero imposible tampoco. Conviértete en una powerhouse. Queremos verte en modo torbellino.

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