Telegramas desde Shenzhen /02

Corro cinco kilómetros a las siete de la mañana con diecinueve grados en Bao’an Park a pocas calles del hotel. Es la primera vez que corro entre tantas pendientes salvajes que exigen mi mayor disciplina emocional y dureza mental. Sesiones grupales de Tai Chi por aquí y por allá, música oriental por aquí y por allá, belleza arquitectónica y botánica oriental por aquí y por allá. Cuando te metes a un lenguaje de programación nuevo y entiendes la lógica pero no la sintaxis el asunto es ligeramente frustrante pero no imposible de abrazar. Lo mismo me pasa aquí. Entiendo la lógica de los anuncios por todos lados aunque me resulta difícil acceder a los puntos finos de cada idea. Ya extraño el café, así que busco un Starbucks y cuando lo encuentro pido por curiosidad un «latte capuchino», que así lo tienen listado. El joven entiende que quiero un latte + un capuchino. Ni siquiera intento aclarar el asunto. Me meto a un Walmart que es una octava parte de un Walmart real en occidente. Al mediodía voy de nueva cuenta a la fábrica cerca del Taihua Wutong Industrial Park. Reuniones. Té, té, té, té, té, té y un cigarro chino. Estaba fuerte. Más té. Mandarinas premium. Estoy tomando montones de té en China. Todo el asunto me parece muy cliché y por ende adorable. Me muestran las tarjetas PCB de nuestro dispositivo y la etapa de producción en la que están y salgo contento porque el asunto va avanzando muy bien. Me despido y camino hacia Jinwan Avenue. Estamos cerca del aeropuerto y aviones van y vienen a cada instante, ya sabes, en ese estilo donde están tan cerca que parecen como efecto especial de película de Hollywood donde un drama inminente se aproxima. Llego al Xiwan Binhai Park, mi segundo parque del día pero éste pegado al mar y adornado con un puente donde circula el tren de la ciudad hacia la terminal. El lugar es hermoso, alargado y elegante. De alguna forma extraña los pájaros, los aviones, los trenes, los autos y los niños componen una sinfonía a la que me acostumbro rápidamente. Camino entre piedras con manglares junto al mar y de repente entiendo algo que sólo había «experimentado» en novelas: estoy caminando en la costa China. Imagino mi posición en un mapamundi. Decido regresar al hotel cansado después de un buen rato de vagar. Encontrar un taxi en esta zona no resulta fácil. Camino, camino, camino y no puedo solicitar uno en WeChat ni llamar por teléfono porque, bueno, todo está en chino. Encuentro un hotel, hablo con una de las recepcionistas que no se pone nerviosa por el reto del inglés. La chica le grita a un tipo. Éste se acerca y grita más. Todos gritan y yo no sé si van a declarar la guerra a mi país o solucionar mi transporte. Por fin me informan que sí, que me pueden llevar a mi destino. El gusto de hacerlo me va a costar el doble del precio que me cobraron por llegar aquí. Activo entonces mi primera negociación callejera directa en este país. Quedamos todos inconformes y listo. Mi conductor y yo vamos platicando sobre el tráfico y zonas turísticas y que si México está cerca de Estados Unidos y yo sí pero somos diferentes y así. Interacción cortesía de la función «Conversation» en Google Translate. Debí haber cambiado más dinero a mi llegada porque ahora me quedo sin yuanes y se inicia así la estresante aventura de encontrar un p ATM que acepte VISA. Todo un reto que se traduce en un recorrido de hora y media haciendo experimentos en la noche en media docena de sucursales. Por fin consigo billetes con la cara de Mao Zedong, compro algo de cenar, pido un ticket por mi compra lo cual les resulta exótico pero igual me lo dan y se despiden con un bye-bye con el gesto triunfal de aquel que habló al menos algo de sus cursos de inglés. Entro a mi habitación, reporto mis actividades a mi esposa y socios que están despertando y luego —satisfecho por no haber muerto al cruzar tantas calles donde todas las carriolas, bicicletas, motocicletas, automóviles, taxis y autobuses conducen horrible— duermo como lirón.

Telegramas desde Shenzhen /01

Entro a China en barco y pienso en el asunto como algo romántico estilo novela de Julio Verne. A la oficial de migración no le importa mi visa y me pide mil y un pruebas de mi hospedaje y vuelo de salida. Con precisión militar entrego todo. Por fin entro oficialmente a la gran China continental. No tengo acceso a nada en mi iPhone porque bueno, ya sabes, aquí Google, Facebook y en general el internet occidental no es muy bienvenido. Intenté instalar WeChat en México, en Singapur y Hong Kong y simplemente no pude. Fotos de mi pasaporte, de mi visa, de mi rostro, firmas y trescientos yuanes después consigo comprar una tarjeta SIM con el único chino que encuentro en la terminal que habla más de dos palabras de inglés. El joven se esfuerza en explicarme cosas y me ayuda amablemente a configurar la aplicación. Ya en la ciudad, me alimento cien por ciento chino combinando arroz, té, puerco, queso, verduras, Coca Cola y palillos. Le digo a la hostess que todo me encantó usando mi app traductora y sonríe por mi excelente pronunciación china artificial. La hora del lunch termina y me llevan a la fábrica a supervisar el proceso de calidad con el que ensamblan nuestros dispositivos en VERSE Technology. Todo muy high-tech. Una operación muy limpia y precisa, como puedes esperar de una empresa ubicada en el epicentro de la creación de hardware de clase mundial. Mucha gente todavía no entiende que China es lo mejor de lo mejor de lo mejor en cuanto a tecnología se refiere. Y Shenzhen es al hardware lo que Silicon Valley es al software, por eso estoy aquí. Por la tarde me traen amablemente a mi hotel en Bao’an District y aunque se anuncia como «international» no hablan mucho inglés. Por fin logro ingresar a mi habitación y bueno, salgo a caminar poco después ya en la oscuridad. Teslas, Lexus, Porsches, BMWs, Mercedes Benz y otras muchas marcas de lujo por todos lados. Shenzhen es muestra de lo que cualquier país con bonanza te va a demostrar fácilmente: cuando hay dinero, hay mucha construcción alrededor. Y aquí están haciendo puentes, carreteras y edificios hacia cualquier lado que voltees. Diría Vincent Vega que lo genial del asunto está en los pequeños detalles. En la oficina del jefe de la compañía que visité tienen un escritorio chino adaptado para poder hacer té y fumar mientras hablamos. En todos lados las personas lavan en su propia mesa con agua muy caliente los platos y palillos en los que van a comer. Todos escupen sin pena alguna en cualquier lado en cualquier momento. En las calles el truco consiste en no morir atropellado por una de las miles de bicicletas o motocicletas que lo mismo van junto a los autos y autobuses que de repente se suben sin dudarlo a las banquetas. Y nadie se espanta. Es lo más normal del mundo que una señora arriba de su motoneta toque su claxon para que tú, querido peatón, te hagas a un lado y la dejes pasar sobre sus dos ruedas. Tomé unas doce tazas de té durante el día y decido que necesito algo más occidental. Encuentro en Google Maps —ese sí sirve— el McDonald’s más cercano y solicito en inglés al gerente una angus con papas y refresco por treinta y ocho yuanes. «Take away?», me pregunta. «Take away», le digo. Me llevo la hamburguesa al hotel. Mi habitación es la cinco once pero etiquetan el asunto como ochenta y cinco once por alguna cuestión supersticiosa de los números creo. Con demasiada China a mis espaldas para un día, me encierro y después de vagar por decenas de canales con películas viejas y mayoritariamente de guerra de este país, decido ver algunas de las mías en iTunes que —gracias a Buddha— sí funciona acá.

Telegramas desde Hong Kong /02

Tomo como todo un honor que en cada esquina me insistan que debo votar por alguno de las decenas de candidatos a consejos distritales. Casi me formo en alguna fila. Es un momento difícil en Hong Kong. Para ser una urbe catalogada entre las primeras diez power cities del mundo hay muy pocos automóviles y personas en las calles. Me explican que dadas las manifestaciones y protestas de los últimos meses, el servicio de transporte ha sido afectado y la gente tiene miedo de quedarse varada en algún extremo de la isla sin posibilidad de retorno inmediato a casa. Tiene sentido. Me dirijo a Victoria Peak vía Peak Road pasando por The Peak Pre-School y terminando en Peak Tower junto a la Peak Galleria. Vistas impresionantes desde el punto más alto de la isla. Hay un restaurante de Gordon Ramsey pero decido dejarlo para el día que venga con mi esposa y mientras eso ocurre me meto a Kala Toast y ordeno un espectacular sandwich maridado con una Tsingtao. Me encuentro a un joven Einstein en cera ultrarrealista y nos tomamos una selfie. Camino bastante por toda la colina hasta que me canso de tomar videos, fotografías y ver gente con la que jamás me volveré a topar y souvenirs que nunca compraré. Llegué aquí en Uber pero salgo en autobús. Casi, casi, casi logro descifrar el sistema de transporte. No me fijo mucho en cuál ruta abordar porque el punto es meterme de lleno de nuevo a la ciudad y desde ahí, entonces sí, hacer labor de detective para encontrar la línea que me lleve a la estación más cercana a mi hotel en Des Voeux Road West. Al bajar del autobús quedo cerca de un gran parque rodeado obviamente de grandes edificios. Decenas o cientos de grupos de chicas contentas bailando. Parece que hay una especie de concurso o evento. Me estreso sin internet intentando determinar ahora a cuál p autobús treparme hasta que decido caminar otro rato. De repente veo la rueda de la fortuna que crucé en mi corrida mañanera y todo se alinea. Camino nuevamente entre los muelles que ya me son familiares y resulta que sí, que la determinación parece favorecer a los audaces. Mi decisión de ruta para salir de Peak Victoria me dejó relativamente cerca de mi barrio así que disfruté un paseo vespertino de regreso a mi habitación. Es domingo. Envío y recibo varios e-mails coordinando mi visita de trabajo a Shenzhen que comienza este lunes. Duermo bien y despierto a las cuatro de la mañana. Redacto este telegrama y me dispongo a entrar a China continental para trabajar en asuntos de VERSE Technology.

Ownership.

“No hay leche Alpura”, anuncié con tranquilidad a mamá. Con la voz de autoridad que su cargo ejercía a mis ocho años, la gran mujer frente a mí me indicó que era mi deber regresar a casa con el pedido cumplido. Torcí la boca y salí fastidiado a recorrer varias tiendas de conveniencia hasta que encontré lo que me había ordenado exactamente. Otro par de excusas similares bastaron en los meses y años siguientes para entender que cuando me enviaban a comprar algo el asunto consistía realmente en solucionar totalmente, no en simplemente ir al lugar más cercano y aceptar cualquier respuesta que me quisieran dar.

Me tomó muchos años más —lamentablemente— entender que esta actitud de solucionar algo en su totalidad no era un punto válido únicamente para mi niñez sino que podía aplicarlo en mi vida profesional. Recuerdo que mi fortuna y oportunidades cambiaron radicalmente cuando dejé de esperar que mágicamente los demás pudieran darme las soluciones que en realidad me correspondían a mí conseguir a toda costa.

En inglés se le llama “ownership” a este concepto.

Cuando tienes “ownership” eres el “owner” del asunto.

El propietario. El dueño.

Ser dueño de algo tiene ventajas: es tuyo, el núcleo de su alma te pertenece.

La “desventaja” es que eres responsable de ello. Si tu automóvil choca no puedes ignorar el hecho dado que eres el owner. Te tienes que involucrar por fuerza.

Si en tu trabajo te asignan cotizar la organización de un evento, conseguir un nuevo proveedor de productos en China, negociar los salarios con los obreros en la fábrica, pon toda la responsabilidad en tus hombros y lleva contigo el asunto hasta el final, final, final. No regreses con las típicas excusas estilo “es que no me responden los e-mails”, “es que no encontré más barato”, “es que no quieren escuchar”.

No seas Aaron Benitez versión niño de ocho años diciéndole a su mamá que no encontró la marca de leche que específicamente le había ordenado.

Vas a ir a la siguiente tienda de conveniencia. Y a la siguiente. Y luego cuando por enésima vez te digan “no”, pregunta al tendero si te puede dar ideas de hacia dónde caminar para conseguir la respuesta que sabes que tienes que encontrar.

Regresa a casa triunfante.

Entiende que nadie va a aplaudir que hayas llegado con la leche que te encargaron.

Es lo que se espera de ti.

Nadie va a aplaudir cuando seas un genuino owner de los asuntos en tus hombros.

Es lo que se espera de ti.

Sé de esos verdaderos profesionales que crecen como espuma en corporaciones trascendentales propias y ajenas porque tienen la capacidad de moverse mucho más allá de lo necesario para solucionar todo lo que el destino pone en su radar.

Que si esa noche no hay leche Alpura en la mesa de tu casa es porque cortaron el suministro en todo el país y ha sido virtualmente imposible encontrarla hasta en el mercado negro durante las últimas tres semanas. Fuera de eso, no desarrolles historias derrotistas en tu cabeza.

¿Cómo empezar a ser propietario de los asuntos? Viendo todo como un entrenamiento, como una misión. Tu jefe, la empresa, el cliente, el mercado no te solicitan en realidad cotizaciones, productos, servicios, negociaciones, etcétera. Lo que quieren de ti y tu empresa es progreso en la solución de un problema.

Dales ese progreso.

No importa el cargo que tengas en la compañía. Ser owner es una actitud de vida que hace toda la diferencia entre los que consiguen las cosas que se proponen y los que no. Si piensas en términos limitados de «¿para qué si no me van a pagar extra?» tendrás toda la razón: la vida no te va a pagar extra en ese trabajo ni en otro ni en nada.

Ser un owner exitoso es un incordio por la simple razón que tienes que caminar mucho más que los demás, superar la frustración que otros prefieren evitar y soportar la indiferencia hacia tu problema por parte de todos los actores involucrados.

Pero cuando te conviertes en dueño genuino, en propietario absoluto de cada situación en tu regazo, verás que la realidad se doblega ante ti.

Y que encontrar la leche perfecta o el proveedor ideal será cada vez más fácil.

Esto es un músculo que sólo se hace y te hace más y más duro.

Desarróllalo ya.

Sopesa.

Si alguien te dice que lo que estás intentando no lo vas a poder lograr y te da razones válidas y obvias, está bien, no defiendas tu idea. Piensa que es muy probable que esa persona esté en lo correcto por el simple hecho que el azar de la vida es increíble y el desenlace del asunto podría ocurrir tal cual te lo está profetizando. Sin embargo, aprende también a leer entre líneas: tal vez lo que esa persona está tratando de expresar sin herirse a sí misma es algo en el estilo “yo no sé cómo hacer eso que estás intentando, me da miedo, yo jamás lo haría así y como tu atrevimiento ofende mi sentido de seguridad, mejor lo ataco verbalmente”. Pienso en un niño intentando dejar las rueditas de la bicicleta. Si habla con los otros niños en el mismo estado, tendrán razón al decirle que puede caerse, rasparse y lastimarse. Pero si habla con los que llevan tiempo en dos ruedas, bueno, el consejo será muy diferente. Balancea lo que te digan. Lee entre líneas. Sopesa lo que te digan. Y a donde vayas, ve con confianza.

Notas para jugar como pro corporativo.

Esta es nuestra protagonista. Está entusiasmada. Acaba de entrar a trabajar. Lleva un par de semanas y ya tiene buena relación con varios de sus colegas. Hace lo que su manager le pide y disfruta sus días en la oficina. Pasan los meses y el entusiasmo inicial disminuye. Descubre que los ascensos no son muy lógicos. Esto rompe su corazón, pues nadie le explicó la realidad del juego corporativo. Pensaba que con hacer bien su trabajo y tener buena actitud sería suficiente. La chica tiene dos problemas. Si no los resuelve pronto, comenzará a frustrarse y a sabotear su potencial en esa y las demás empresas en las que vaya a trabajar después.

Problema número uno: no ve a su manager como cliente. Lo ve como su jefe. El problema de ver a alguien arriba de ti como tu superior y no como un usuario de tus servicios es que las reacciones primarias tontas son las que dominan tu relación con esa persona: le temes, la respetas, la escuchas, la obedeces y ya. Si en cambio te permites ver a quien está arriba de ti como alguien que está comprando tu tiempo, dinero y atención el marco de referencia que tienes para ganar el juego es mucho mejor. ¿Por qué tu jefe te está pidiendo lo que te está pidiendo? ¿Qué podrías agregar a ello? ¿Qué deberías sugerirle? ¿Cómo podrías adelantarte? ¿Cómo podrías ayudarlo a ver eso a lo que él no tiene tiempo para poner atención? ¿Cómo puedes facilitar su día? ¿Con qué personas deber tener conversaciones difíciles en la compañía para quitarlas de ser obstáculos en el camino de tu manager? El día que entiendes que tu principal cliente es quien está arriba de tu equipo de trabajo directo es el día en que puedes comenzar a explotar la mentalidad de alto desempeño que llevas leyendo en todos lados durante años. Aquí es donde puedes ser creativo, servicial, inteligente, propositivo, duro, ecuánime, estoico, visionario, disciplinado, formidable y demás. Aquí es donde te vuelves un empleado alpha y comienzas a destacar en la manada. No dejes que la parte reptiliana de tu cerebro te domine y te mantenga cómoda rodeada de las personas de siempre que no representan amenaza alguna para tu ego.

Problemas número dos: la chica no tiene abogados en la empresa. No me refiero a personas con backgrounds legales para problemas internos. Intento decirte que jamás ha creado las relaciones necesarias para tener presencia e influencia en las miles de reuniones a las que no puede acceder. Créeme: nunca estás invitado a todas las reuniones. Y en corporativilandia, si tu nombre no está siendo discutido en muchas reuniones, no existes. En términos positivos, busca que tu nombre aparezca como referencia de proyectos terminados, ideas propuestas, aportaciones relevantes y demás. Cada mención en ese espíritu es un ladrillo en tu reputación profesional. ¿Cómo vas a lograr esto? Lo primero es entendiendo que tienes que dejar de ver a tus colegas como la fuente principal donde poner tu atención. Tus colegas al mismo nivel están contigo ahí por una razón: significan para la empresa lo mismo. No es que sean malos o que algunos de ellos no vayan a ascender con el tiempo, pero que no te engañen con todos estos discursos modernos de igualdad: siempre habrá divisiones en cualquier organización. Y si estás en un nivel, por definición los de niveles superiores no te ven igual. El problema de las empleados en un nivel promedio es que no entienden el juego y crean lazos muy fuertes con todos en el mismo estado con ellos, convirtiéndose esto en una adicción a la permanencia de su situación laboral. Los tigres quieren estar con tigres, pero aunque lo seas, si te la pasas conviviendo con otra especie y actuando de forma diferente a lo que crees que eres, tu sangre no podrá reconocerte.

Crea relaciones ganadoras con los tipos arriba de ti. Cuando estés por alguna obra misteriosa de Dios en una reunión con gente importante, toma nota de lo que no entiendas o que te parezca interesante. Envíales al día siguiente un e-mail saludando, presentándote si es necesario y explicando que hiciste investigación sobre un punto que mencionaron pero que te gustaría saber si eso era a lo que se referían. Cuando te respondan – porque lo harán – agradece y pregúntales qué más deberías tener en consideración para tener un mejor contexto del asunto y listo. Déjalos en paz un par de meses y regresa con un par de preguntas sobre lo que has estudiado al respecto en ese tiempo. Diles que compraste tal y tal libro y que si tienen algún otro título que te aconsejen sería genial. Esto toma meses pero ya vas entendiendo por dónde va el asunto. Cuando sea adecuado, pide permiso para hacer preguntas sobre el funcionamiento más detallado de los altos niveles de la organización. Y en algún punto regala libros geniales a estas personas. No les invites un café. No les pidas tiempo más allá de la interacción ocasional de cinco minutos. Son gente importante ahí. Tú todavía no. Y no quieres lucir ni tan ansioso ni tan novato. Lo que vas a tener en contra en todo esto que te estoy recomendando es que no estás acostumbrado a ser paciente. Eso y que has leído muchas tonterías sobre buscar mentores, hacks para sorprender con un pitch de elevador y casi lograr que la gente se hinque para alabar tu inteligencia. Deja eso para los diletantes. Tú sé estratégico.

Lo que te estoy diciendo no te va a dar puestos superiores inmediatos. Tampoco te va a generar el amor de tus colegas al mismo nivel. Nadie te va a dar un reconocimiento por tu audacia y estrategia. De hecho, no verás resultados durante mucho tiempo.

Lo que te estoy proponiendo lo único que te asegura es una oportunidad de poder jugar el juego que importa con el sistema operativo mental adecuado.

Lo que te estoy sugiriendo aquí te va a permitir convertirte en una Persona de Alto Desempeño al ver a tu jefe como cliente. Lo que sigue es que podrás exigir ese nivel de compromiso a la gente que viene detrás de ti. Y también te va a permitir «participar» en muchas reuniones a las que no tienes acceso físico pero en donde tu nombre brillará por el genial marketing inteligente que de tu persona haces con tu interacción agradable y tu ejecución ejemplar.

Ensayo sobre mi pobreza.

Era pobre porque creía que yo siempre tenía la razón. A las personas arriba de mí en lo intelectual, social, cultural, económico y profesional en lugar de analizarlas para emular lo mejor de ellas, las criticaba y atacaba. Durante mucho tiempo abracé sólo a gente que me hacía sentir bien, «chido», a gusto. No me elevaban en nada, pero siempre podía contar con nuestras borracheras para hablar mal de otros y culpar al gobierno, empresas y sociedad por todo lo que iba terrible en mi vida. Copiar lo que las personas arriba de mí hacían siempre fue difícil dado que involucraba [1] apertura de mente («para volar alto tengo que pensar diferente»), [2] honestidad conmigo mismo («no, no estoy bien, hay otras maneras de subir de nivel») y [3] frustración crónica («ya intenté eso y no funcionó, me rindo»). Ser necio tiene connotación negativa y positiva. Yo era el maestro de ser necio de forma negativa.

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Era pobre porque no leía. Y cuando leía, me enfocaba en las revistas de fútbol con los jugadores de moda, posters, estadísticas y demás datos inútiles que jamás me iban a sacar del hoyo donde estaba. Las pocas veces que leía no lo comentaba con otros porque nadie a mi alrededor hablaba de novelas, ideas o así. Leer resultó ser la conversación más íntima entre cerebros poderosos y mentes frágiles como la mía. Leer fue la manera más sistemática de someter a mis tontas neuronas a un mundo que jamás habría podido visualizar si no me hubiese a consumir párrafos y párrafos de filosofía, tecnología, política, sociedad, biología y demás. Todo el mundo que sabe lo dice y es cierto: no puedes combatir la pobreza económica de forma sostenible si la pobreza intelectual sigue ahí. Requiere mucho esfuerzo mental salir de la pobreza porque hay que entender que lo que tus familiares, amigos y maestros te han taladrado por años no es el único ni el mejor camino para ello.

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Era pobre porque creía que todo se basaba en el dinero. Ahora defino a la pobreza como una falta crónica de oportunidades + ocupación masiva de mi espacio mental con problemas de recursos. Cuando no sabía generarme oportunidades (porque esperaba que «esa beca me la diera la escuela» o que «mi papá estuviera de acuerdo con tal idea» o que «el gobierno aprobara tal solicitud»), vivía a la expectativa. Todo eso cambió cuando decidí inventarme mi trabajo actual (dar conferencias, escribir, estar al frente de mi grupo de empresas y que todo ello me genere oportunidades). La pasividad fue la marca que más distinguió aquel periodo de mi vida. La proactividad es en donde vivo ahora. Jamás espero «a ver cuándo nos vemos» para «coincidir» con alguien. Quiero ver a alguien, hago que suceda. Jamás intento «esperar a que la persona entienda lo que le quiero decir». Le digo lo que necesito que entienda. Y así sucesivamente. No utilizo «ahí nos ponemos de acuerdo». En su lugar propongo fecha y hora.

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Era pobre porque creía que la forma de subir de nivel era trabajando «duro»: más horas, más sudor, más estrés. Luego aprendí que se trata de trabajar inteligentemente: analizar, crear equipos geniales, optimizar, delegar, sistematizar, hacerse a un lado.

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Era pobre porque me enfocaba apasionadamente en tonterías que no tenían valor alguno en el largo plazo. Lo siento, pero eso son: tonterías. La larga fila afuera del estadio para conseguir un boleto para el partido de fútbol; llegar a nivel enemil en Tetris; perseguir al camión repartidor de refrescos para canjear una promoción; pasar días sentado sin hacer nada en una huelga dictada por un tipo que me dijo que era importante «luchar por nuestros derechos» cuando no entendía que la vida premia a los activos y a los que saben adaptarse, no a los que se andan dando latigazos emocionales por cualquier pequeña ofensa y alteración a su estado actual. Hoy la única «tontería» en que pierdo tiempo es con Netflix y, hasta eso, lo abordo como educación disfrazada en series y películas.

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Era pobre porque creía que amar a alguien significaba que tenía que poner toda mi atención a lo que esa persona dijera. Ahora sé que puedo amar a muchas personas y jamás poner atención a sus «consejos» (consejo viene únicamente de quien ya ha hecho lo que tú quieres lograr, si no, es una mera opinión. Analiza y verás que casi todo lo que el mundo te «aconseja» en realidad es una pinche opinión. Ignórala. Que tu opinión sea la preponderante en tu vida). Esto es duro, porque nos encanta tener la imagen romántica de que toda sabiduría y buenas ideas emanan de las personas que nos han cuidado toda la vida y dado muchas cosas, pero no va por ahí. Ama a tus papás, pero si son pobres, no les prestes mucha atención. Esto es lo más contraintuitivo que he aprendido. Ama a tu novia, pero si está igual o peor de confundida que tú en la vida, toma decisiones diferentes.

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Era pobre porque me acostumbré a las marcas que «conspiran» para mantener a sus clientes en ese nivel. En México, consumir lo que Elektra y Coppel te venden con «pagos chicos» semanales es la identificación perfecta de que tu mente sigue anclada a ese nivel. No necesitas el celular de cinco mil pesos cuando tu salario mensual es más o menos a eso. No necesitas «estrenar» ropa en Navidad ni el crédito de Banco Azteca para los quince años de tu nena. Cuando todos en la colonia aplauden nuestras decisiones, tenemos un serio problema de estandarización con ese nivel. Para salir de ahí, el primer requisito es no actuar como todos ni permitir que entiendan cada una de nuestras decisiones claramente. La gente alrededor de mi familia no entendían ni aplaudían la inteligente decisión de mis papás de hacerme estudiar inglés en la mejor escuela aún cuando nuestros medios eran bastantes limitados.

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Era pobre porque prácticamente todo me ofendía. Leer un artículo como éste hacía que mis venas se inflaran y comenzara a contraatacar al tipo que lo había escrito en lugar de entender que mi débil ego se sentía ofendido y que estaba tratando de racionalizar a mi favor cosas que en realidad tenía muy en contra. Una actriz famosa decía que hay que ofender más seguido a las personas que se ofenden fácilmente. Y estoy de acuerdo. Cuando todos nos indigna rápidamente es que no estamos enfocados en construir una gran vida. La indignación suena bien para cambiar al mundo, pero en el nivel de pobreza es más una excusa que yo usaba para no hacer mi tarea y sí promover más drama.

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Era pobre porque creía que debía ahorrar para lograr mis metas. La renta del primer departamento que conseguí para independizarme era casi la mitad de mi salario. La del siguiente departamento era más de la mitad. Y el capital necesario para lanzar mi primer negocio jamás lo tuve completo, así que me tuve que mover por partes. Pero lo que descubrí es que al adquirir compromisos grandes una especie de sentido de urgencia emocional se activaba en mí. Ello me ponía a resolver el problema y dominarlo. Así en pocos años pasé de un departamento feo a uno genial frente a la playa. Porque ahorrar resultaba para mí muchas veces ser la excusa de la pasividad y la «planeación». El que planea mucho pero no tiene experiencia en realidad está aplazando sus ideas. Que planee quien ha hecho cosas y sabe ser estratégico. En el nivel de pobreza, ese no era yo. Entre planear y ejecutar, te recomiendo no ahorrar y hacer lo que tienes que hacer.

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Era pobre porque lo que hacían los empresarios, el presidente y «los privilegiados» estaba mal. Desarrollé la mentalidad de «nosotros» vs «ellos» como si eso me fuera a elevar de nivel. El «nosotros» vs «ellos» es la noción más infantil para moverse en la vida porque te hace aplaudir tonterías de tu nivel y del de abajo y criticar en automático el nivel superior. No es que las cosas que hacen los empresarios, el presidente y «los privilegiados» sean todas buenas – Dios, tú y yo sabemos que no – pero sí entendí que había muchas buenas razones para la forma en que ejecutaban sus decisiones.

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Era pobre porque iba a todas las fiestas, temeroso de que alguien se fuera a enojar o «sentir» conmigo si no asistía. Fui a todo lo que no quería ir y con los años entendí que era irrelevante estar cumpliendo esas obligaciones cuando al mismo tiempo descuidaba mi enfoque para el largo plazo. ¿Sabes qué fue lo que me hizo tomar nota de esto? Que no fui a mi fiesta de graduación de la universidad (era pobre, recuerda) y a la fecha mis amigos de esa etapa piensan que ahí estuve y algunos hasta insisten que salgo en fotos y me recuerdan en la interacción. No soy ni era tan importante: mi tonto ego me hacía pensar que mi asistencia era vital cuando lo único que es realmente prioritario es estar enfocado.

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Era pobre porque aceptaba como cierto y correcto todo lo que cualquier persona mayor que yo o en una posición jerárquica superior me decía en lugar de analizar su vida para ver si sus palabras justificaban sus acciones. Un hombre no es sus palabras. Analiza la vida de alguien antes de prestarle tu oído.

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Era pobre porque anhelaba el fin de semana para el «relax» cuando no había hecho realmente nada por avanzar en la vida durante la semana. Creía que el sábado y domingo tenían que ser pausas antes de entender que son días como cualquier otro y se pueden utilizar para avanzar en lugar de tontear.

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Era pobre porque no sabía negociar mi salario y sólo me quejaba en silencio con las personas incorrectas. No sabía agregar genuino valor desmedido a todo lo que hacía independientemente del sueldo y posición en las que me encontraba.

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Era pobre porque no diseñaba mis amistades. Todo lo dejaba al azar. Pensaba en vecinos, familiares y colegas como amigos. Si alguien estudiaba una materia conmigo, en automático yo pensaba que las horas conjuntas de estudio y el sufrimiento académico compartido nos hacían amigos. Ahora sé que si la mente y vida de alguien me atrae, debo dedicarle tiempo, atención y dinero. Debo llamar, saludar y platicar. Debo recomendar y regalar libros e ideas. Debo viajar a ver quienes quiero que sean mis amigos ahora y en el largo plazo. Casi nadie en la pobreza diseña sus amistades.

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Era pobre porque mi mente estaba 24/7 pensando en sexo y mujeres dejando nulo espacio para tener estrategias de vida y negocios. No poder dominar la calentura sexual nos ralentiza en todo. Y nos hace tontos también.

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Era pobre porque cuidaba empleos «seguros» que rápidamente me daban lo que me tenían que dar. Era pobre porque admiraba trabajos «fáciles» como el del tipo que supervisaba los parquímetros para encontrar vehículos con tiempo vencido y acumular la mayor cantidad de multas y al mes recibir como premio un día extra completo de descanso. Era pobre porque mi mayor aspiración era lograr un trabajo en la fábrica local más famosa sin pensar en la alternativa de salir de la ciudad y/o construir una realidad mucho más atractiva y poderosa.

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Era pobre porque ante una decisión siempre favorecía el pensamiento de «todo lo que voy a perder» en lugar de ver «todo lo que podía ganar». Me pasaba hasta con las chicas. Pensaba en lo ridículo que me iba a ver si me acercaba a decirle algo, pensaba en lo mal que me iba a sentir si me rechazaba cuando le dijera que me gustaba, pensaba en todo lo malo hasta que cambié y me acostumbré a pensar en todo el upside de las cosas. Sí, me puedo ver ridículo acercándome a hablarle, pero podría terminar la noche con su número de teléfono. Sí, podría herir mi ego con el rechazo, pero podría tener buen sexo si ella se siente igual de atraída por mí. Ha sido tan grande mi entrenamiento en pensar en el lado positivo de las cosas que rutinariamente necesito de gente a mi alrededor que me haga ver lo que puede salir mal, al menos para considerarlo tímidamente en mi fórmula de decisiones.

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Era pobre porque no era curioso. Todo lo veía desde el nivel superficial. ¿El viejo auto de la familia dejaba de arrancar? Quien sabe por qué será. No tenía la actitud de aprender un poco de mecánica automotriz o desarmar el alternador o aprender a limpiar bien las bujías. Cero proactividad + cero curiosidad = pobreza mental y económica constante. Hoy los chicos no son curiosos. De las miles de personas leyendo esto, apenas cinco o diez conocen el Ads Manager de Facebook. Creen que la red social es nada más publicaciones chistosas y grupos con comentarios tontos cuando en realidad Facebook es una universidad con nivel doctoral para el análisis en tiempo real del comportamiento consumista y social de sus usuarios. Facebook es un océano complejo al que sólo juzgamos por las débiles olas que nos llegan de él hasta nuestra orilla personal. Este es un ejemplo de la falta de curiosidad que nos rodea en el nivel de pobreza. Algo que me fascina de mi vida actual es que todos los días tengo que estar aprendiendo algo de leyes, administración, marketing, tecnología, relaciones públicas y demás. Ser curioso de forma predeterminada me hace la vida fácil y genial.

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Era pobre porque pensaba que las metas que la gente a mi alrededor tenía para mí eran mis metas. Me explico. Papás siempre quisieron a su hijo profesionista. Nada más que su hijo profesionista no resultó ser un buen ingeniero. Siempre pensé que quería ser eso que todos a mi alrededor me decían que debía lograr dadas mis buenas calificaciones: un profesionista con un buen trabajo. Pero aunque eso está genial, nunca pude serlo. El día en que me cambié de «profesión» a ser hombre de negocios, bueno, me di cuenta que mis metas eran otras y que jamás habían estado realmente alineadas a mi conducta. ¿Es tu meta estar titulado para obtener el puesto que tu papá va a dejar vacante en la empresa donde pasó treinta años? No es tu meta. Es la de tu papá. Y te va a ir terrible, porque estás abrazando algo que no es tuyo.

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Era pobre porque hablaba perfectamente el idioma drama-bajo-desempeño a diario. «Es que la cosa está difícil», «ay Dios mío, ¿dónde vamos a parar?», «es que el gobierno nos tiene así», «ya no se sabe», «la crisis está dura», «no digas tus ideas porque te las pueden robar», «el Domingo es día para la familia», «es que el Padre dijo esto», etcétera. Si te pasa como me pasaba a mí que creía que los idiomas sólo eran formas de comunicarse con gente de otros países, estás equivocado. Hay muchos sub-idiomas dentro del mismo idioma. Tomemos que en español puedes hablar como pobre, como persona de negocios, como futbolista profesional, como sindicalista, como programador, como intelectual, como junior antrero, etcétera. El idioma que más procures es el que va a crear tu realidad.

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Era pobre porque admiraba al conocido que había conseguido un empleo «bien pagado» en la fábrica local a donde todos aspiraban entrar. Cuando tiramos la piedra de la ambición de forma cercana, es fácil enamorarnos de la facilidad con la que potencialmente podemos llegar a ella. El problema es que cuando los objetivos son cortos, fracasar en ellos no nos hace avanzar mucho, cuando por el contrario, si admiras a Bill Gates y Elon Musk, aún quedándote a un cuarto del camino, has avanzado mares de distancia y tu pueblo y vieja realidad han quedado hace mucho tiempo atrás. Quiere a tus conocidos que logran esas cosas pequeñas por las cuales el ego suele emocionarse (ya que nuestro círculo limitado las aplaude) pero tú lánzate por mucho más.

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Era pobre porque no era honesto conmigo mismo. Creía que me veía bien en ese traje que había comprado a ochenta mensualidades cuando en realidad me veía más gordo pero jamás me lo iba a admitir. Decirnos las cosas que tenemos que decirnos para actuar sobre ellas es lo más complicado a vencer. No es que hoy sea Brad Pitt – Dios, tú y yo sabemos que no – pero veo mis fotos de aquellos ayeres y definitivamente tener conversaciones honestas conmigo no era mi fuerte. Aparte de lo físico, tampoco tenía conversaciones honestas conmigo mismo para decirme que estaba tonteando en tal trabajo, en tal relación, en tal situación. Admitirnos estas cosas es dominar un pedazo estratégico de nuestra personalidad.

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Era pobre porque hacía fiestas cada fin de semana como si mi vida dependiera de ello. Viniendo de una familia extendida experta en organizar eventos grandes de forma casi industrial, creo que algunos de esos genes me atacaron durante mi juventud. Llegué al tonto punto de pensar que mis amigos me iban a querer menos o que las personas iban a pensar que algo andaba mal si no lanzaba la invitación para beber y fumar como enfermos en mi departamento en turno. Pasar un buen rato no significa estar embrutecido. Pasar un buen rato no significar «resolver el mundo» con palabras arrastradas y cero ejecución. Pasar un buen rato hoy es muy diferente para mí de lo que era ayer.

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Era pobre porque era muy duro conmigo mismo. Creía que no podría lograr ciertas cosas porque «no era tan inteligente como (tal persona)» o «no tenía los contactos de (tal persona)» y así. En su lugar, aprendí a ver todo lo que tenía a favor de forma predeterminada y eso es lo que me ha ayudado a escalar poco a poco. Soy mi mejor amigo y no me digo cosas que no le diría a alguien que quiero en una situación donde esa persona necesita apoyo.

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Era pobre porque no hacía preguntas. Y cuando las hacía, no eran buenas preguntas. Y todo me daba pena o miedo. Ahora soy un experto en «entrevistar» a todo aquel que admiro y llevar la conversación a niveles granulares de «cómos» y «por qués». La gente que no pregunta tiene garantizadas cero respuestas de la vida. ¿Sabes cuál es una de las frases que más escucho semana a semana? «es que te iba a contactar, pero supuse que estabas ocupado». ¡Claro! Hay dos estados en mi persona: ocupado/descansando. No hay un estado intermedio «esperando a que alguien me quiera contactar para que no le dé pena interrumpirme». Al ser pobre, me limitaba a comunicarme con la gente de fácil acceso (amigos, familia, colegas) porque es eso, fácil. Pero para acceder a ideas y oportunidades geniales, hay que contactar a los que genuinamente están ahí. Y hacerles preguntas. Muchas. Cada vez mejores.

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Era pobre porque no accedía a contenidos de calidad. Me llenaba a diario de las noticias típicas y la información sobre los próximos partidos y peleas de box como si eso tuviese alguna especie de influencia genuina en las cosas que quería construir. Todo el mundo dice que quiere tener «libertad financiera» (sorry, eso junto con cualquier cosa que tenga las palabra millonarios y millones los considero términos del idioma pobre: no los uses) pero gastan su dinero en contenido que no los lleva hacia ese punto. Hoy compro las revistas de negocios más caras que puedo porque sé que las ideas que ahí encuentro valen millones en el muy corto plazo. Entrepreneur en español y demás están muy bien, pero no se comparan a Harvard Business Review.

* * *

Era pobre porque creía que necesitaba saber administrar mejor mi dinero cuando lo que he aprendido es que lo estratégico es saber hacer dinero en toda circunstancia. ¿Para qué aprender a administrar dos pesos cuando puedes enfocarte en hacer mucho más de forma consistente? Mis negocios están muy bien administrados, pero es dominio público que no soy yo quien hace eso. Yo soy el que propone qué vamos a hacer y cómo elevar las ideas. Si tienes que escoger entre administrar bien el poco dinero que tienes o dominar el hacer dinero en cualquier circunstancia, opta por esto último.

* * *

Era pobre porque quería que todo se basara en mí. Fui fiel ejemplo de lo que el sistema educativo en el que crecí proponía: que tu «éxito» en la vida fuera resultado únicamente de tu esfuerzo. Eso está mal. Es anacrónico. No construyes imperios solitariamente por muy genial que seas con la espada. Necesitas equipo. Gente. Seguidores. Consejeros. Ejecutores. Estrategas. Técnicos. Creativos. Administradores. La universidad te enseña lo opuesto: a que lo hagas tú y obtengas tu calificación y que no te juntes con los «tontos». Esta es mi mayor habilidad: generar equipos de trabajo geniales.

* * *

Era pobre porque ante la opción de someter mi mente al álgebra booleana para determinar resultados en una máquina de estados o copiar y pegar información de internet para presentar un trabajo de una materia «tonta», yo siempre elegía lo último. Ahora prefiero siempre someter mi mente a complejidades – que casi nunca entiendo – pero que me hacen esforzarme más. Si estudias marketing, derecho, diseño o cualquier otra cosa por el principal argumento de que quieres evitar las «matemáticas», estás mal. Punto.

* * *

Era pobre porque todo lo hacía de forma lenta. No me apresuraba. No cultivaba en mí el sentido de urgencia. No se puede vivir 24/7 en modo «esto es para ayer, ya, now, ahora» pero siendo jóvenes, esa forma de comportarse te va a rendir muchos frutos porque vas a acelerar resultados que otros tendrán (si acaso) en veinte años. Tengo treinta y siete al momento de escribir estas líneas. Mucho de lo que hago y pienso ya lo hacía y pensaba a los veintes pero no me aceleré en capitalizarlo. Comencé a ejecutar la vida que quería hasta entrando a mis treintas. No fue tarde, pero ciertamente pude haberlo hecho mucho antes.

* * *

Era pobre porque bebía mucho alcohol pensando que «así la paso bien» sin entender que era realmente frustración.

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Era pobre porque veía las grandes vidas en películas en televisión y pensaba que era algo fuera de mi alcance. Luego entendí que todos esos personajes geniales tuvieron que haber comenzado en algún lado, así que decidí comenzar.

* * *

Era pobre porque no pensaba a cincuenta, cien años. Pensaba en graduarme y ya. Pensaba en obtener un trabajo y ya. Pensaba en las vacaciones de Diciembre y ya. Son muy pocas las personas que tienen pensamiento constante de largo plazo. Me considero una de ellas. Y eso hace que todo se ajuste a una dimensión más profunda.

* * *

Era pobre porque no sabía decir «no». Me escondía. Dejaba de responder el teléfono. Fingía desconocimiento. Me hacía el sorprendido. Ahora busco siempre tener «ownership» de cualquier asunto y decir «no» de frente y rápidamente si es el caso. Así acostumbro a la gente a saber qué esperar de mí y también a enfocarme en las cosas que importan.

* * *

Era pobre porque no compartía. Tenía la mentalidad de que me podían robar las ideas (esa idea super genial que crees que tienes y que según tú te va a hacer millonario, no es así. La idea es irrelevante. Es la ejecución lo que cuenta) y que había que «cuidar» todo lo que uno hacía. Ahora soy casi transparente. Considera este artículo un ejemplo. Esto no quiere decir que viva en una situación idílica. Mi equipo de relaciones públicas sufre cada vez que escribo cosas así, más de uno de mis socios sacude la cabeza cuando me leen en este modo, pero la verdad es que yo me siento ligero al no tener que estar decidiendo qué cosas compartir y cuáles no. Mejor comparto todo. Y así – como genial efecto colateral – llegan nuevos amigos, nuevas invitaciones, nuevos inversionistas, nuevos clientes, nuevas cosas.

* * *

Era pobre porque veía el drama como algo normal. Creía que «El Chavo del 8» era comedia cuando en realidad es drama disfrazado. Un niño huérfano de la calle en un barril con hambre todo el tiempo es trágico, pero al ponerlo en situaciones «chistosas» creemos que «está bien» tener problemas con los vecinos, tener deudas de la renta y estar frustrados en el amor. Las telenovelas definen a mi país porque así somos: nos fascina el drama. Y entre más drama, más pobreza.

* * *

Era pobre porque pensaba que no sabía hacer nada. Resulta que tontamente equiparaba mis habilidades a mis diplomas. Fue hasta cuando entendí que no tenía diploma alguno pero sí tenía muchas habilidades para vender al mundo: cómo hablar, cómo escribir, cómo crear equipos de trabajo, cómo conseguir capital, cómo vender, cómo usar Facebook como pro, cómo leer orgánicamente, cómo volverte un empresario, cómo esto y cómo aquello. Mi principal problema es que le quería vender la importancia de estas habilidades a mi círculo típico quien no veía en mí más que a un tipo que estudió ingeniería pero que no era buen ingeniero. Al expandirme en mi intención y vender mis habilidades sin diploma al mundo, bueno, las cosas cambiaron, por decir lo menos.

* * *

Era pobre porque estaba frustrado y dirigía mal mi enojo. Leia «La Jornada» con pasión desmedida y odiaba a diario más y más al «mal gobierno» y a los empresarios. Mi mente era el reducto más extremo del izquierdismo pro-liberal anti-neo-liberalista. Aún abrazo algunas ideas de aquellos tiempos, pero he aprendido a expandir mi rango, mi espectro de pensamiento a varias aristas. Podemos hablar del ROE y ROI de tu empresa, del desarrollo matemático de lenguajes interestelares, del EZLN, las FARC, la historia del mundo, exobiología y más. Y no me voy a enojar por tus puntos distintos o complementarios. Estar enojado ante la vida y justificarlo intelectualmente es el reducto de una frustración que tiene miedo de admitirse a sí misma. Yo he decidido no estar enojado con el mundo y expresarlo a través de un fanatismo del lado que sea. ¿Por qué no podemos creer en Dios y la física cuántica al mismo tiempo? ¿Por qué no podemos abrazar el arte y hacer ciencia sin sentirnos culpables? Entre más amplio sea el rango de pensamiento que cargamos, más fácil nos va a resultar enfocar lo que hacemos positivamente. Que tu enojo no sean manifestaciones, bloqueos, vandalismo, comentarios troll en internet y demás. Que tu enojo sea el vehículo para ampliar tu visión.

* * *

Era pobre porque creía que la «educación» era importante cuando en realidad lo que la gente llama «educación» hoy en día es «adoctrinamiento». Y aunque sacar buenas notas e ir a buenas escuelas es bonito y aplaudido, aprender haciendo es lo mejor. No tengo ningún curso de redacción detrás de mí (como los profesionales podrán notar) pero tengo decenas miles de lectores frente a mí. ¿Fui educado para escribir como escribo? Sí. Me eduqué yo. No recibí adoctrinación en este punto. No estoy diciendo que ir a la universidad esté mal. Lo que estoy diciendo es que en la pobreza ponemos una fe casi absoluta en una carrera universitaria sin entender que al hacerlo así fracasamos en poner mejor esa fe en nuestra capacidad creativa e inherente de meternos a muchas facetas de la vida que llamen nuestras atención y que eso está muy bien y que nos va a dar muy buenas resultados si lo cultivamos. «Estudia para ser alguien en la vida» es un refrán. La pobreza se alimenta refrán a refrán. Los refranes NO SON sabiduría popular. No es tonto quien presta un libro. Puedes abarcar mucho y apretar. No vivas con refranes.

* * *

Era pobre porque no entendía «el juego». El juego se trata de lograr tus objetivos (economía, felicidad, familia, profesión, etcétera) sin «perder» muy seguido (cárcel, despidos, terminación de relaciones y demás). En el juego lo que vale son dos cosas: la actitud que mantienes pese a todo y lo que aportas incluso si nadie te da nada. Si haces las cosas esperando aplausos por cualquier minucia (tu nuevo carro, tu ascenso, tu nuevo corte de cabello y demás) vas a vivir muy frustrado. Era pobre porque mi actitud encajaba perfectamente con eso.

Cambié mi actitud y mi estado cambió.

Cambié mi mentalidad y mi realidad se alteró.

Sé un ejecutor optimista y estratégico.

Sé el tipo que hace lo que tiene que hacer.

La pobreza es hackeable.

Pero nada puedes hackear si no piensas y actúas diferente.

Múltiples frentes de batalla al mismo tiempo.

ELLA SE FUE.

El joven comentó que había terminado con su novia. Y ahora trae frenos dentales. Y está metido de lleno en la cuestión gimnasio. Eso es abrir múltiples frentes de batalla al mismo tiempo. Ocurre en cuestiones naturales que cuando mandas algo al carajo (la novia, el novio, la amante, el amante, etcétera) una especie de liberación psicológica te envuelve y te regala una claridad prístina que comienzas a aplicar inmediatamente (si eres listo) a muchas cosas. Tu mente funciona así: «ya no tenemos pareja, qué bien, ahora que ya estamos enviando al quinto infierno varias cosas, ¿por qué no nos deshacemos de cartas viejas, ropa que no uso y nos metemos a hacer ejercicio (que nunca hago) y voy con el dentista a un tratamiento (que nunca sigo)?». Estas son «reinvenciones». Aclaración. Decir «mira, fulano se reinventó: antes era un profesional muy respetado y ahora es un borracho total» suena ridículo. Reinventarte es avanzar hacia una versión genial. Nadie usa la palabra para expresar un retroceso en la personalidad.

Las «reinvenciones» nos llegan de dos maneras:

– a través de una catarsis asistémica (caray, que terminas abruptamente una relación sin que fuese algo planeado) y

– ejecutando constantemente la apertura de varios frentes de batalla al mismo tiempo.

El primer punto deja al azar tu vida. Si sólo te vas a «reinventar» cuando alguien te obligue por un conjunto de situaciones duras como terminar con alguien, que te despidan en la oficina o que alguien muera en tu familia, bueno, estarás siempre a la expectativa de que esas cosas ocurran o no. Es lento. No es profesional. No es alto desempeño.

Te invito a que abras múltiples frentes de batalla al mismo tiempo. Este es uno de los hacks que más ha acelerado y beneficiado mi vida. Da miedo en el inicio. Es «raro». Te van a etiquetar de ser muchas cosas, pero al menos nadie te podrá llamar «aburrido».

* * *

CÓMO HACER SALIR EL SOL A VOLUNTAD

Hay muchas razones por las cuales Hitler tomó por sorpresa a Europa y casi se comió el mundo. Una de ellas es que atacó abrió varios frentes de batalla al mismo tiempo, lo cual hace difícil que fracases totalmente. Aquí quiero hablarte del pensamiento lineal que te afecta como no tienes idea.

El pensamiento lineal es el enemigo número uno de las personas que aspiran a ejecutar sus vidas en modo alto desempeño.

El pensamiento lineal
es el enemigo número uno
de las personas que aspiran
a ejecutar sus vidas
en modo alto desempeño.

¿Qué demonios es el pensamiento lineal? Es aquel que te dice que viajes por el mundo cuando termines tu universidad porque entonces tendrás tiempo. Te dice que trabajes cuando ya hayas obtenido todas tus credenciales académicas. Te dice que no emprendas hasta que entiendas bien todo lo de negocios. 

El pensamiento lineal es ese entrenamiento que hemos recibido a pensar en que para hacer C debemos pasar primero por A y B en orden. Y que si nos quedamos atorados en A, debemos trabajar en ello – aunque nos tome toda una vida – hasta que esté debidamente completada esa misión para poder seguir a B.

Yo te digo que hago J, X, W, R, O, A, D y T al mismo tiempo. Y que la vida es maravillosa. Y que me siento bien. Y que primero avancé lento pero cuando aprendí a maniobrar todas las pelotas que tenía en el aire supe que podía agregar más y más sin problemas porque todo se basa en el mismo sistema, el sistema que te estoy proponiendo para #hackearlavida: abrir múltiples frentes de batalla al mismo tiempo.

En el pensamiento lineal tenemos seguridad, comodidad, claridad, definición, marcos de tiempo precisos, apoyo moral de la sociedad que entiende perfectamente qué es lo que estás haciendo. Casi nadie (yo sí) te va a aplaudir si al estar en cuarto semestre de tu carrera

– pones en pausa un año tu universidad

– para conseguir un trabajo por tres meses

– que te permita ahorrar

– para comprar un boleto sólo de ida a la India

– y perderte por allá un rato.

Todo esto mientras decides

– tener dos novios en edades diametralmente opuestas,

– aprender UX en Platzi y

– crear una nueva red de #PersonasdeAltoDesempeño en TAB University.

Explicar al mundo lo que estás haciendo no te va a servir en este punto de nada porque las personas normales no lo quieren ni pueden entender: estás siendo

– «desordenada»,

– «loca»,

– «irresponsable» y

– «desenfocada».

Estas «mal». «No sabes lo que quieres». Todo esto (¡y más!) es lo que vas a recibir cuando ejecutes la estrategia de abrir múltiples frentes de batalla.

Garantizado, baby .

Abrir múltiples frentes de batalla al mismo tiempo es a la vida lo que la polimatía es al trabajo: una manera genial para abordar el mundo que fue interrumpida por la revolución industrial. La revolución industrial trajo consigo cosas fantásticas, pero fue tan avasallador el marketing que hizo de la especialización y el pensamiento lineal que llegamos a creer que ambas formas de abordar el universo eran las únicas válidas.

El pensamiento lineal te dice que si no tienes unos dieciocho años, no debes meterte en cuestiones de cálculo integral.

El pensamiento lineal te dice que sólo los niños pueden preguntar y hacer tonterías.

El pensamiento lineal te lleva a expresarte constantemente con frases de «sí, quiero hacer (esto) pero cuando termine de hacer (esto otro)» como si la vida funcionara en realidad así. El mundo es uno y nos demuestra que puede albergar lluvias, tormentas, viento, nevadas, sol, calor, claridad y nubosidad al mismo tiempo. ¿Por qué nosotros no? No hay que esperar a que acabe la lluvia para que salga el sol. Eso no es cierto. El truco es movernos de lugar a donde ya esté…

* * *

EJECUTAR SIN ENTENDER

Ahora que ya te convencí sobre la verdadera identidad de tu enemigo número uno para una vida de alto desempeño, déjame decirte cómo abrir muchos frentes de batalla al mismo tiempo, qué herramientas llevar ahí contigo y a quiénes consultar. Te voy a dar el mapa, recursos y guías.

Pero antes de comenzar a vaciar todo esto en ti, déjame advertirte que abrir múltiples frentes de batalla al mismo tiempo

– no es para el débil de corazón,

– requiere dureza emocional y psicológica,

– es muy cansado en el inicio,

– involucra soledad de la mente mientras encuentras tu tribu,

– es adictivo,

– es lento para objetivos específicos,

– te hará perder en algunas ocasiones pero

– es imposible que pierdas en todas las áreas simultáneamente.

¿Lista? ¿Listo? Cómo comenzar:

Pregúntate qué cosas quisieras hacer en los próximos cinco años. Y luego forma con tus dedos una pistola y llévala a tu sien. Ahora pregúntate si podrías comenzar con todas esas cosas de alguna manera el día de hoy si alguien te estuviese amenazando realmente con un arma.

Aquí vas a encontrar un montón de «peros», «es ques», «lo que pasa es que», «sí, pero» y demás. Ese es tu pensamiento lineal tratando de darle orden al asunto. «Aaron, ¿cómo crees que voy a conseguir un trabajo genial si todavía no voy ni a la mitad en la universidad?». Te vas a decir cosas así. Que no puedas visualizar o creer algo no significa que no sea posible. La espada más afilada que te puedo dar para sumergirte a esto de abrir múltiples frentes de batalla al mismo tiempo es «ejecutar sin entender».

Nuestro hermoso cerebro reptiliano es muy precavido. Es muy visceral. Parece que nos encanta ser primitivos. Velo así (y tengo un largo artículo por ahí al respecto): te crees cosmopolita porque viajas mucho, hablas idiomas, tienes dinero, eres culto y demás, pero si tu pareja tiene relaciones con alguien más, uf, el mundo se derrumba, todo está mal y sufres la traición y engaño igual que lo hubiese vivido un neandertal. ¿Qué tan sofisticados creemos ser en nuestro pensamiento que nuestro comportamiento lo contradice al ser tan primitivos en nuestras reacciones?

No seas primitivo en tus reacciones. No te asustes por no entender algo. No te asustes al no poder visualizar algo. No te asustes ni sufras por cosas que han ocurrido y seguirán ocurriendo durante toda la existencia de la humanidad. No te asustes como un hombre de las cavernas por cosas que no representan realmente una amenaza a tu existencia. Todo está en tu cabeza. Domina tu pinche cabeza.

«Ejecutar sin entender» es lo que hice con mi primer negocio: abrirlo e ir aprendiendo sobre la marcha. Si tuviera que darte un equivalente moderno sobre dónde me encuentro en estos momentos de mi entendimiento de los negocios, te diría que estoy comenzando una maestría. Apenas. Siete años después de haber iniciado este recorrido. Soy lento. Y prácticamente no sabía nada sobre el mundo empresarial pero si hubiese esperado a entender lo que tenía que entender para comenzar, sería la hora en que apenas estaría por iniciar mi travesía y tú no estarías leyendo esto y yo no estaría teniendo acceso a las oportunidad que se me han ido presentando. Siete años. ¿Qué cosas desconoces pero quieres ejecutar? Te puede tomar siete años – o más – tenerlas claras para comenzar a ejecutar o ahorrarte ese trayecto e iniciar ya.

Querer entender todo desde el inicio es buscar una forma socialmente aceptada para declarar nuestro miedo sin ser tan obvios.

Querer entender todo
desde el inicio
es buscar una forma
socialmente aceptada
para declarar nuestro miedo
sin ser tan obvios.

«Ejecutar sin entender» no es un llamado a la irresponsabilidad intelectual o a la flojera mental. Es una invitación a la pedagogía más eficiente de todos los tiempos: la aplicación práctica y continua del conocimiento en el entorno real. Tú no entiendes de mecánica automotriz, química de combustibles, sistemas eléctricos, hidráulica y neumática para conducir. Pero conduces. No quisiste «tener todo claro» para ejecutar en ello. Bien. Ya sabes a lo que me refiero. Ahora actúa igual así CON TODO en tu vida. Ejecuta sin entender.

Mi círculo siempre «se queja» conmigo que no saben ni en dónde ando ni qué cosas estoy haciendo en estos días. Eso es tener múltiples frentes de batalla abiertos al mismo tiempo. Si todo el mundo a tu alrededor tiene perfectamente clara cada actividad en la que estás involucrado, esa es la métrica que te dice que no, no tienes múltiples frentes de batalla abiertos al mismo tiempo.

– Ten esta semana dos reuniones con personas a las que quieres ver pero que has postergado. Paga toda la cuenta tú. Aprende a invertir en lo que hay que invertir.

– Haz tu investigación de precios y fechas para irte a ese país que llevas años diciendo que es «tu sueño». Ten números fríos y un periodo para cumplir. Reserva un Airbnb barato para que tengas uno de los pasos dados ya, aunque todavía te falte el boleto de avión y demás.

– Abre una cuenta de esas gratis en cualquier banco para meter dinero de los productos y/o servicios que puedes ofrecer a partir de ya para hacer más dinero.

– Compra tres libros de mi lista en www.aaronbenitez.com/libros y comienza a leerlos al mismo tiempo siguiendo mi técnica de lectura orgánica que encuentras con ese título en YouTube.

– Aplica a cinco trabajos ligeramente diferentes a lo que sea en que andes con la finalidad de abrir tus posibilidades.

– Elimina TODOS tus chats de WhatsApp, salte de tus grupitos tontos de bajo desempeño para compartir memes chistosos con amigos del kindergarten y tus vecinos y enfócate en sólo tener conversaciones abiertas sólo con los otros «locos» que ya están haciendo esto de múltiples frentes de batalla abiertos al mismo tiempo aunque no conozcan esta estrategia por su nombre. NO confundas: hablar de hacer muchas cosas no es lo mismo que estar teniendo éxito en hacer muchas cosas. Filtra bien.

– Lanza una invitación pública en Facebook para una reunión sobre un tema del que siempre te gusta platicar y recibe a los interesados en tu casa por dos horas. Lee mi artículo «Contraataque a la soledad de la mente».

– Inscríbete a un curso FUERA de tu ciudad en los siguientes dos meses y vende un riñón si es necesario, pero ve.

– Dale un beso y un abrazo a tu amigo buena onda pero borracho sin salvación y a tu amiga querida pero dramática que siempre está sufriendo y diles – sin decirles – que ya no los verás tan seguido, que tu relación con ellos se irá distanciando.

– Toma fotos interesante en un lote baldío. Sí. Verás que puedes encontrar ángulos geniales si pones atención a las cosas. Súbelas a instagram. Aprende a exponerte seguido.

– Cancela tu servicio de cable. En serio. No hay nada que necesites ahí. Ya hay algo fabuloso llamado internet que tú puedes controlar en casi todos los sentidos.

* * *

Mi equipo y yo estamos trabajando en rondas de inversión institucional con gente interesante y muy seria en estas cosas. Estamos aprendiendo a pasos acelerados estrategias, técnicas y metodologías para impulsar a las Grupo VERSE a los niveles en que nos interesa competir.

Estoy corriendo cada vez con mejores tiempos.

Estoy cambiando pañales a mi hija en la madrugada, llevando a mis hijos a la escuela por las mañanas. Compartiendo al menos una de las tres comidas al día con mi familia.

Estoy escribiendo a diario.

Estoy viendo series y películas que me encantan en Netflix.

Estoy leyendo libros impresos, electrónicos y escuchando audiolibros a diario.

Estoy viajando e invitando cenas y cafés a viejos y nuevos amigos para demostrar mi interés en mi red.

Estamos lanzando hardware al mercado internacional, licitando en grandes proyectos de software, desarrollando una comunidad internacional, abriendo centros de ideas y networking en todo el país, dando conferencias y vendiendo workshops, publicando libros y grabando podcasts y videos.

Estoy entrenando a mi equipo semana a semana en negociación, marketing, ventas, marca personal, branding, enseñanza, management, etcétera.

Estoy platicando sobre todo y nada con mis amigos a diario en WhatsApp.

Paseo con mi esposa y hablo del futuro con mi familia.

Varias de las batallas van a salir mal. Varias van a ir lentas. Pero en términos generales SIEMPRE – por algún lado u otro – estarás avanzando. Sé a lo que me refiero con todo esto que te digo sobre abrir múltiples frentes de batalla al mismo tiempo.

Me refiero a que hagas magia.

Magia con tu vida.









Momentos.

En momentos difíciles, seamos buenos, lógicos, positivos y audaces. En momentos fáciles, seamos ridículos, micro-experimentadores y un poco cabrones. En momentos donde no te crean, aléjate. Jamás busques convencer. Explica, pero eso es todo. En momentos donde te crean, busca enamorar para llegar hasta el final. En momentos donde dudes de ti, entiende que lo que en realidad estás haciendo es drama de baja intensidad. Lo que buscas es que todos volteen a ponerte atención con abrazos pisco-emocionales para sentirte nuevamente el centro del universo. Tristemente he aprendido que no soy ni eres ni somos el centro del universo. En momentos donde no dudes de ti, extiende esa confianza al mundo y avanzarás más rápido. En momentos donde no sepas qué escribir, escribe sobre los diferentes tipos de momentos que vengan a tu mente. Y en momentos donde sí sepas qué compartir, busca matar varios pájaros de un tiro: sacar esas ideas, poner una ruta para otros y —tal vez, sólo tal vez— analizar mejor tu vida a través de ponerla en este cristal. ¿En qué momento estás, querida Persona de Alto Desempeño?

Menú secreto.

No recuerdo dónde leí que en algunos restaurantes chinos en New York hay un menú secreto que sólo le ofrecen a quienes hablan chino y lo solicitan. Me pareció una excelente analogía de la vida. La vida está llena de menús secretos. Entre más dinero tienes, puedes acceder a instrumentos financieros más sofisticados y económicos como tarjetas de crédito que te cobran cada vez menos y menos intereses. Es irónico, dado que lo «lógico» sería pensar que a los que menos tienen habría que cobrarles menos, pero el mundo no funciona así. Cuando viajas en primera clase lo importante no es el hecho de que la azafata te atienda primero o te ofrezca mejor comida y bebida, sino el fácil acceso que tienes a VIPs. En México, los centros de gobierno donde registras a los recién nacidos son horribles. Jamás he visto a gente rica haciendo fila en ellos. Y apuesto todo lo que tengo a que sí registran a sus hijos. ¿Cómo lo hacen entonces? El menú secreto les ofrece «gestores a domicilio». Y así gira el planeta, querida Persona de Alto Desempeño. Acceder a estos «menús secretos» puede ser con habilidades (hablar chino, como en el ejemplo) y/o con recursos (pagar un boleto más costoso). ¿Qué otros «menús secretos» vienen a tu mente?

Batallas contra el shock de la pobreza.

¿Qué problemas estás resolviendo? ¿El de llegar temprano a la fila de los boletos para el próximo partido y hacer que tus amigos se pongan de acuerdo para que te digan cuántos van a querer? ¿El de conseguir los nuevos rines espectaculares para tu automóvil? ¿El de que es 24 de Diciembre y tienes que estrenar ropa? ¿El de que hay que aprovechar este fin de semana la venta nocturna con los ocho mil meses sin intereses en tu tarjeta de crédito? ¿El de estar conectado en el segundo que activen la venta de las entradas para el próximo fantástico concierto de la megaestrella mundial que vendrá a la gran ciudad? ¿Que el nuevo presidente de Estados Unidos hoy dijo otra cosa y tienes que emitir tu opinión al respecto?

Resuelve otro tipo de problemas.

Pregúntate por qué siempre te falta el dinero. Cuáles son esas condiciones que te están posicionando cíclicamente en ese punto de desventaja. Pregúntate por qué tu círculo de amistades no te ha elevado. Pregúntate por qué las personas exitosas en lo emocional, monetario, social y profesional no te están buscando constantemente. Pregúntate de dónde están sacando sus ideas. Pregúntate qué están haciendo diferente. Pregúntate por qué no lo estás haciendo así. Pregúntate cuáles son esas cosas que crees que son verdades inamovibles sólo porque te las has taladrado a ti mismo así por muchos años.

Pregúntate si realmente te estás enfocando en los problemas que importan.

Imagina a dos tipos lado a lado dibujados en una hoja de papel. Cada uno está apoyado sobre cajas. La calidad de vida de uno de ellos es fantástica. Viaja. Conoce. Comparte. Tiene un grupo de personas geniales a su alrededor. Está en buena condición física. El otro no. El que tiene lo que tú aún no está parado sobre cajas etiquetadas como «diversificación», «audacia», «relaciones poderosas», «ejercicio», «enfoque», «largo plazo», «libros», «ejecución», «proyectos», «inversión», «compras estratégicas». El que no está en donde podría estar tiene las etiquetas contrarias: «una sola fuente de ingresos», «relaciones para divertirse nada más», «relajación constante», «saltos de una idea a otra cada dos segundos», «cautela», «cortoplacismo», «entretenimiento extremo», «parsimonia», «pláticas de horas y días para al final no hacer nada», «ahorro», «compras banales constantes».

Esto es duro, pero es cierto: la pobreza económica es la suma de pobreza emocional + psicológica + física + intelectual.

Comienza a atacar cada una de este tipo de pobrezas individualmente.

La pobreza emocional disminuye – y la puedes eliminar – analizando a tu círculo y tomando decisiones duras al respecto. Duras, duras, duras. Sé elegante. Elegante y duro.

La pobreza psicológica disminuye – y la puedes eliminar – analizándote fríamente a ti mismo y tomando decisiones duras al respecto. Aquí sé tu mejor amigo y di lo que sabes que te tienes que decir pero con cariño. Suena cursi, pero tampoco se trata de darte latigazos emocionales.

La pobreza física disminuye – y la puedes eliminar – saliendo a hacer lo que tienes que hacer: kayak, ciclismo, gym, alpinismo, natación, pesas, correr, volleyball, fútbol americano, etcétera. Pero hazlo bien. Tu cuerpo tiene que acompañar a tu mente en estas decisiones duras.

La pobreza intelectual disminuye – y la puedes eliminar – cuando eres capaz de ignorar el noventa y nueve por ciento de las cosas que todo el mundo habla para enfocarte en el uno por ciento que los sabios, multimillonarios, exitosos, estadistas y filósofos consagrados nos quieren compartir en sus libros clásicos con fórmulas probadas.

Carlos Slim dio una conferencia de prensa hace unos días.

Los reporteros presentes mostraron su pobreza intelectual con preguntas tristes y limitadas. Cuando tienes al tipo más rico del mundo que es un lector consagrado y mecenas del arte más exquisito de la humanidad, pregúntale cosas elevadas por el amor de Dios. Slim habló de Alvin Toffler y su prospectivismo. Slim habló de libros. Y puedo apostarte lo que gustes que ninguno de los allí presentes ha leído jamás «Future Shock» ni «The Third Wave», obras cumbre a las que el ingeniero se refirió veladamente al mencionar los grandes cambios que estamos viendo de la civilización actual.

Yo sé que entiendes.

O tal vez no.

Pero si lo quieres entender, ese ya es un gran paso adelante.

No silbes como los reporteros lo hicieron ante la pregunta final que apareció en el mapa de ese evento – la única con vestigios interesantes. Eso sólo demuestra tu poca estatura intelectual.

Tengamos estatura intelectual.

Resolvamos problemas de calidad. Problemas que nos pongan en posición de ventaja.

Haz una lista de las cosas que atacan tu mente y pregúntate sin piedad: ¿resolver esto me va a dar una mejor calidad de vida? ¿En serio? Luego filtra. Y ejecuta.

Y verás la magia emerger poco a poco.

Be resourceful.

Relax. Do stuff. Have fun. Learn. Inspire. Be curious. Love. Read a lot. Think, think, think. Do, do, do. Fail. Game over. Start over. No fear. Go north. Go south. Sleep a lot. Swim. Run. Walk. Write, write, write for your great-grandchildren. Breathe a lot. Smile. Fly. Be kind. Be nice. Nice, nice, nice. Be resourceful. Be dynamic. Flow. Polish yourself. Push yourself. Feel. Be wise. Wise up. Wake up. Search. Create. Sing. Hold her hand. Kiss her neck. Hesitate a bit. Create again. Talk. Wink. Flirt. Fall for it. Leave it behind. Take it and paint it. Embrace. Engage. Forgive. Ramble on and live like this.