Creator stack.

«Stack» es una palabra que comenzó a popularizarse en términos del mundo de la programación hace ya algunos años. Se trata de un agregado con capas compuestas de diferentes herramientas, marcos de referencia, sistemas operativos, APIs y demás. La siguiente ocasión en que me topé con esto de «stack» en modo nerd fue con el concepto de «sleep stack» en una conversación con gente Silicon-Valleyniana. Resulta que en ese mundo preguntar cuál es tu sleep stack es algo tan socialmente esperado como hablar del clima en reuniones casuales. Las respuestas hablan del tipo colchón de alta tecnología, humificador, suplementos alimenticios, apps y demás que has adquirido para dormir como bebé. Bien. Todo eso es interesante y está bien pero hoy voy a hablar del «creator stack», eso que necesitas para recorrer todo el proceso de tu contenido de A a Z. Concretamente voy a compartir contigo mi creator stack: [1] necesito apuntar todo lo interesante que a diario se cruza en mi camino en Notes de mi iPhone. [2] Estas cosas interesantes salen en Twitter, en chats, en pláticas en vivo, en portales, en newsletters a las que estoy suscrito, libros que estoy leyendo o de repente en cosas que «de la nada» recuerdo o golpean mi cabeza. [3] Tomo capturas de pantalla, escribo palabras clave ahí o desarrollo un draft brusco que abandono inmediatamente porque el mundo sigue. [4] Cuando encuentro diez minutos «libres», me siento a revisar mi carpeta de «Ideas para artículos» y escojo alguno de los cientos de borradores. [5] Abro mi MacBook Pro —es una delicia escribir en estas porquerías— y [6] tecleo sin piedad en mi cuenta de wordpress.com. [7] Lo publico en hackearlavida.blog y leo una diez veces la pieza. [8] La edito varias veces y una vez convencido, [9] la comparto en mis redes sociales. Es un proceso sencillo, fácilmente repetible a cada instante (a veces publico dos o tres micro-ensayos en un día) y funciona porque así como tú, hay otros miles que aquí están consumiendo estas líneas. La última parte es la [10] administración de las oportunidades y monetización que puedes hacer dada una masa crítica de usuarios que quieren llevar la relación contigo a otro nivel. Listo. Creo que esto te puede servir. Ahora ve y ten un creator stack definido para moldear tu realidad.

Estocada decisiva.

El sistema educativo tradicional con el que hemos convivido toda la vida ha recibido una estocada decisiva en estos días. Eso está muy bien. Es sólo así que técnicas más nuevas y más optimizadas pueden tener una oportunidad genuina para emerger en el gran escenario del mundo. La enorme ventaja es que todas las ideas innovadoras que los gobiernos, padres y directivos propongan y pongan en marcha hoy van a tener la sombrilla perfecta para ser bien recibidas y ampliamente experimentadas. Respira profundo y absorbe esto a conciencia: escenarios educativos «locos» van a ser bien recibidos y ampliamente experimentados de la noche a la mañana. Un virus travieso y altamente equipado que brincó de un animalito vivo a un humano en un remoto mercado chino está logrando lo que decenas de instituciones, cientos de libros y miles de expertos no han podido jamás: coordinar el lanzamiento de una nueva etapa educativa mundial. ¿Quién va a poder criticar hoy al maestro que solicite a los padres de sus alumnos que utilicen canales de Slack para abordar temas, por ejemplo? Hay quienes llevan décadas evangelizándonos con notas sobre cómo todos podemos aprender de maneras diferentes, sobre cómo esto de los horrorosos horarios escolares es eso, una crueldad, sobre cómo resolver ejercicios en un libro no es garantía de nada y en general sobre cómo podríamos reimaginar las cosas que importan en nuestra existencia. Si entendemos que el entretenimiento es en realidad entrenamiento disfrazado (porque la mente procesa todo igual, como algo que tiene que aprender) es posible que estemos tocando el punto donde comencemos a utilizar masivamente smartphones y computadoras de forma más clara para llegar a objetivos profesionales concretos. Justo como hoy nuestros abuelos ya nos envían audio y video en WhatsApp sin mayor problema y hace diez, veinte años el asunto era un reto personal imposible de superar, así lucirá la educación el día de mañana y lo «normal» será una fantástica mezcla de procesos y herramientas que apenas unas semanas atrás habrían lucido exóticas.

Cada paso que estás dando.

Un CV no tiene como finalidad verdadera conseguirte un trabajo sino simplemente avanzar tu caso hacia una entrevista. Un pitch no tiene como finalidad verdadera conseguirte una inversión sino avanzar tu caso hacia una conversación productiva. Un libro no tiene como finalidad verdadera cambiar tu vida sino avanzar tu caso hacia una mentalidad expandida. Cuando no tienes claro cuál es el objetivo real de cada paso en el que te involucras, terminas frustrado y tratando de optimizar cosas irrelevantes. Tu CV jamás te va a dar un empleo, pero tú sigues buscando las imágenes, palabras e iconos perfectos para «destacar» en lugar de enfocarte en una narrativa genuina y poderosa con el entrevistador que es lo que sí te ha saboteado en tus intentos previos. Si un cliente te pide una reunión y esta es larga y llena de quejas sobre tu servicio, debes ajustar tu lente y entender que esto es bueno y necesario: está sacando su enojo en el lugar correcto y con la persona correcta. La meta aquí no es discutir con él ni querer ganar el argumento ni buscar «explicarle» lo que «no está entendiendo» de tu propuesta de valor, whatever. Esta sesión de molestia es una parte del proceso de re-enamoramiento en la cual te está informando que le rompiste el corazón, que tienes que trabajar fuerte en esto y que aún tienes una oportunidad (porque aquí está frente a ti, reclamando pero está). Este microensayo no te convertirá en cliente VIP de mi consultoría empresarial, su función es ser un ladrillo en la construcción de una relación que tú y yo por el momento tenemos de forma pasiva y virtual. Yo entiendo esto. Ahora ve allá afuera y entiende bien la finalidad verdadera de cada paso que estás dando.

Sobre la no-ficción.

La forma en que abordamos una actividad determina el resultado que nos va a dar. Al correr —mi actividad más intensa— lo hago con la mentalidad de que es realmente un entrenamiento mental más que físico. ¿Acaso esto es lo que me va a derrotar?, me pregunto en los momentos de cansancio extremo en mi recorrido. Ahora bien, lo que hoy me interesa remarcar contigo aquí va por el lado de la lectura de libros de no-ficción. Cuando ponemos en la misma canasta el hecho de entretenernos con «El Código Da Vinci» y adquirir una perspectiva soberbia con «Sapiens» perdemos en grande. No veas esto de leer con la lente de pobreza donde es un castigo o un hobby. Leer obras de no-ficción de alto nivel es un trabajo y entre más profesional seas al respecto obtendrás más resultados impresionantes y acumulativos. Si tratas algo tan estratégico como leer no-ficción en términos casuales y ocasionales nunca te vas a entender con aquellos que están ejecutando lo trascendental en este mundo. Si ya estás o planeas estar al frente de un negocio y no estás leyendo obras importantes de no-ficción todo el tiempo no estás haciendo bien tu trabajo. No te engañes. Resolver «bien» la operación del día a día te convierte en mero manager prescindible cuando deberías entender que la idea es que hagas eso y aparte aportes visión estratégica superior. Si tu campo de comprensión del mundo está determinado por dos libros estilo «Padre Rico, Padre Pobre» más lo que te encuentras en algún video en YouTube o memes de inspiración en Instagram más conversaciones con los mismos amigos de siempre, no estás siendo un profesional integral ni contigo ni con la compañía detrás de ti. Arriba se lee no-ficción de forma constante. Y se aborda el asunto como un trabajo profesional, no como un hobby ocasional.

Emprendedor turista.

No emprendas hasta que te hayan promovido en varias ocasiones de forma consistente en tu empleo actual. No emprendas hasta que hayas tenido gente a tu cargo con excelentes resultados. No emprendas hasta que tu reacción natural ante nuevas estrategias de los dueños sea curiosidad genuina y ejecución implacable en lugar de frustración crónica y sabotaje pasivo. No emprendas hasta que no te nombren como uno de los tipos más geniales de la organización en alguna reunión. No emprendas hasta que puedas tener conversaciones difíciles con amigos y familiares sin sudar. No emprendas si al conocer a personas con habilidades geniales lo primero que emerge en ti es envidiarlos en lugar de estudiarlos. No emprendas si no sabes activar a voluntad un modo social agradable para interactuar. No emprendas si crees que lo más importante de tu negocio es defender tu idea a muerte contra todo y todos —incluido el mercado. Entiende que hay días para emprender y hay días para no emprender. Entiende que no hay manera en que puedas ser un emprendedor genial si no eres un team player genial. Entiende que todo lo que no te guste hacer como colaborador en la empresa de alguien más vas a tener que hacerlo cien veces más seguido en tu negocio. Entiende que cuando emprendes por primera vez con la idea de dejar atrás a un «mal jefe» o una «mala empresa» lo que estás haciendo en realidad es patrocinándote un costoso curso ultra-intensivo de negocios en la vida real. Los emprendedores turistas ven fotos de empresarios aquí y allá y se emocionan. Tú tranquilo. Sé un emprendedor pro siendo primero un gran colaborador que construye algo magnífico en la cancha en la que le toca jugar hoy. El día de mañana cuando ese espacio te quede realmente chico, el mundo te lo hará saber sin pena. Verás.

Todo lo que (no) podemos cambiar.

La sensación de que hay demasiadas cosas que componer en el mundo es una que fácilmente nos lleva a la frustración. En una conversación reciente con amigos empresarios los escuché comenzar a hablar de las malvadas megaempresas de alta tecnología que desarrollan los dispositivos que vuelven tontos a los niños, los gobiernos que no regulan nada bien ni a tiempo, la sociedad que pierde aceleradamente sus valores y etcétera. No estoy en contra de estos puntos, pero algo en lo que intento entrenar a diario es dejar de aventar culpas a diestra y siniestra. Comencé mi perorata diciendo que somos seres altamente sensibles que nos encanta activar nuestro radar para encontrar ofensas en cualquier rincón posible y que la tecnología empoderada por internet nos permite justamente esto: localizar en tiempo real esos puntos neurálgicos que activan nuestro enojo artificial. Enojo artificial: aquello que has decidido que está mal porque así te lo han taladrado sin piedad y que sientes que debes combatir con cuerpo, corazón y alma pero que probablemente hace doscientos años era normal y que probablemente dentro de cien volverá a serlo —piensa en temas como el alcohol, las drogas, la poligamia (en ambos sentidos) y etcétera. Lo que te enoja te controla. Luego de ubicar todos los puntos incorrectos del mundo, tratamos de conseguir algún mapa que nos guíe para componer a la sociedad pero nos damos cuenta de lo minúsculo que resulta nuestro potencial impacto individual. Y entonces nos paralizamos y hacemos nada (positivo). A mis compañeros de la reunión les comenté que teníamos que poner en perspectiva nuestra posición: que somos personas con empresas, con colaboradores, socios, familias y amigos que constantemente voltean a ver nuestro comportamiento. Estas personitas moldean su comportamiento ante el mundo en mucho considerando lo que gente como nosotros hacemos (o no). Tenemos que darnos cuenta de la ligereza con la que propagamos un bajo desempeño gracias a las benditas redes sociales. Nos encanta ir viendo cómo nuestros feeds nos alimentan con temas que activan el núcleo de cada una de nuestras mitocondrias. ¿Cuáles suelen ser típicamente nuestros siguientes pasos en automático? Comentar con coraje no para encontrar un punto medio sino para atacar, compartir para difundir nuestra rabia y al final engancharnos sin control como cualquiera lo haría. Y justo eso es lo que nos convierte en cualquiera. ¿Por qué estar alimentando aquello que nos ofende? ¿Es realmente esa la manera en que el asunto va a dejar de existir o disminuir su presencia en el mundo? Imaginen —les dije— que hablamos de ideas, de libros, de personas en términos positivos, de lugares, de actos, de organizaciones y eventos que podemos crear en conjunto. Si propagamos armonía de forma constante, esto va a permear porque tal es la virtud de ser parte de una red: todo se mueve. El problema es sentirnos dueños del ángulo correcto para impartir justicia y creer que avanzamos en la vida cuando lo único que hacemos es reaccionar a cada impulso como lo haría un tipo desenfocado. No podemos cambiar todo ni podemos hacer cambios muy rápidos, pero sí podemos influir con fuerza en nuestra red. Opciones: podemos insistir, insistir e insistir en términos elevados, propositivos y genuinos en lo que sí queremos ver o continuar propagando lo que está «mal» dándole nuestra atención sin división. Hay muchas cosas que en lo personal me ofenden, muchas que detesto con todo mi corazón, otras de actualidad sobre las que quisiera reaccionar y compartir mi opinión con pasión, pero sé que contenerme es disciplina y que esto es lo que me permitirá alterar el resultado para conseguir lo que quiero. No soy idealista. Quienes me conocen saben que no soy un hippie amor y paz. Soy fan de la arista buena del capitalismo, soy empresario con cientos de problemas cada semana en todos los sabores y colores que gustes, soy un tipo preocupado por el futuro de sus tres hijos. No hablo desde el púlpito del que no vive en el mundo real ni tiene problemas. He construido en diez años una comunidad que tiene resultados que me superan y me enorgullecen ejecutando las notas que comparto aquí contigo hoy. Y te puedo decir que la satisfacción sí llega. En el largo plazo, claro está. Amiga, amigo: no reacciones, no te desesperes. Que lo que compartas en tu red social sea tan genial que en cualquier momento dado puedas sentir orgullo al presumirlo públicamente, que tus tataranietos vean la altura de miras en la que trabajaste duro para ubicarte. Con esto, que es bastante, puedes comenzar en serio a cambiar el mundo. Puedes inyectar TAD (Tiempo, Atención, Dinero) a lo que quieres destruir o a lo que quieres construir. Es tu decisión. Sé una PAD —Persona de Alto Desempeño— seleccionando la opción «construir» como tu modo de comportamiento predeterminado.

Cambios radicales de contexto.

Por favor, no pienses que mi micro-fama me ha convertido en alguien altamente egocéntrico: ya era así desde mucho antes de iniciar con todo este asunto de #hackearlavida y demás. Trabajo a diario en evitar que mi ego me descarrile y puedo confirmar que —efectivamente— no es algo fácil. Tener miles de usuarios poniendo atención a mis ideas a diario es una droga interesante, por decir lo menos. Lamentablemente con la micro-fama asumo que siempre voy a encontrar lectores cuando asisto a diferentes tipos de eventos. Recientemente la vida me ha empujado a aceptar invitaciones bastante incómodas, de esas donde llegas a una sede y no conoces absolutamente a nadie y absolutamente nadie te conoce tampoco. Imagina la escena de entrar a una sala con unas dos o tres decenas de personas del mundo de las finanzas, alta tecnología y así. Todos platican como si fueran mejores amigos desde el p kindergarten y lucen en su elemento pasándola genial. Los cuellos giran y todos los pares de ojos voltean a verte con curiosidad, cócteles sofisticados en mano. Dios me partiría en dos con un rayo de forma merecida si en ese instante no activase mi modo PAD para solucionar el asunto. ¿Estoy nervioso? Claro, pero tomo el sentimiento como una señal para moverme, no para petrificarme. Camino con decisión hasta donde hay más gente (esto los desarma en términos de tener que desactivar sus miradas), mientras voy explorando para encontrar quién sirve los vodkatonics (que es una especie de espada-ayuda psicológica) y barro el lugar para encontrar al otro Aaron Benitez modo forever-alone que seguramente anda perdido en algún rincón. Es estadísticamente imposible que todos se conozcan perfectamente y se sientan naturalmente en su hábitat. Debe haber otros tipos nerviosos, perdidos, sin contactos. Por fin encuentro a uno de esos y me acerco armado con mi copa, lo saludo con una amplia sonrisa y un fuerte apretón de manos de esos estilo pre-paranoia al Coronavirus. Comienzo con una línea honesta de «no conozco a nadie por acá» en términos más cómicos que dramáticos para señalizar vulnerabilidad y enseguida le pregunto en qué anda. A todos nos gusta platicar sobre lo que hacemos, los proyectos que traemos. Iniciar en este tenor nunca me ha fallado para hacer nuevos amigos. La tarea es realmente escuchar al tipo, conocerlo e intercambiar números. Cien por ciento de éxito cada vez que he seguido esta fórmula. Al día siguiente le envío un mensaje de voz para agradecerle la conversación y darle seguimiento a lo que sea en que nos hayamos puesto de acuerdo. Listo. Esto de conocer personas es justo como cuando comienzas a fumar y a beber: conforme lo ejecutas más seguido se vuelve infinitamente más sencillo. Es un evento y todos saben que la idea es abrirnos. El siguiente reto es acercarte a un grupo de dos o tres, hacerlo con una sonrisa y escuchar atentamente al que está llevando la conversación. Cuando se te queden todos viendo, sonríes más y les dices en tono de disculpa y broma si te permiten estar ahí en modo chismoso/metiche. Esto les explica que no, no conoces a nadie del grupo, que no eres una amenaza y que no llegaste a secuestrar la conversación. Esperas, esperas, esperas y en cuanto tengas una oportunidad aportas la nota más inteligente que puedas. Pero sé paciente. Y aprende a escuchar. Y obtén todos los nombres —«perdón, ¿tu nombre?»— y repites trescientas veces el de cada uno. Luego tocas el hombro de uno de ellos y les dices que ha sido un gusto y que te retiras en busca de otro cocktail. Ya tienes dos, tres, cuatro caras que reconoces y te reconocen y la vida se vuelve así más fácil. Puedes regresar a ellos si no logras conectar con otros o puedes seguir haciendo el mismo ejercicio toda la noche. Estos cambios radicales de contexto donde mi micro-fama sirve para un carajo me han dado grandes oportunidades de negocios, posibilidades de inversión y sobre todo una red cada vez más diversa. Ve a eventos raros. Ve solo. Que sean fuera de tu ciudad. Desarrolla un músculo de salir de cada uno de ellos con sólo uno o dos buenos nuevos contactos. No quieras ser el alma de la fiesta ni dejar tus tarjetas de presentación impresas a todos. Nadie las guarda. Y en realidad esto ya no se estila mucho. Si a alguien le interesaste o te interesó, la manera moderna de interacción es intercambiar códigos QR para agregar el contacto directamente. En uno de estos eventos incómodos conocí al co-fundador de un unicornio —empresa de tecnología valuada en más de mil millones de dólares. Logro platicar a gusto con personas así siguiendo las técnicas que te describo aquí. Me dan algunos consejos y sus teléfonos y/o correos electrónicos. Después de esas conversaciones abandono inmediatamente el lugar, pues tal es la nota de victoria con la que hay que irse a la cama. Sé elegante, sé un francotirador y completa tu misión de forma estratégica en cada incómoda situación social.

Universidad oculta.

Cuando estudias un posgrado con una beca, recibes dinero mensualmente a cambio de poner tu tiempo y atención de forma total en tu proyecto de investigación el cual puede (o no) dar resultados a la institución. Si te preguntan a qué te dedicas, la respuesta suele ser «estudio un posgrado en (tal especialidad)» y listo, todo el mundo queda contento porque tu actividad es clara. Cuando estás en una oficina con un salario mes a mes donde tus servicios son necesarios para que la empresa pueda cumplir su misión, sueles pensar que estás «trabajando». Si alguien te pregunta a qué te dedicas, tu respuesta es «trabajo en (tal compañía)». Lo que quiero compartir contigo hoy tiene que ver con la lente que aplicamos a las cosas que hacemos. Alguien dictaminó que un posgrado es «estudiar» y que hacer cosas en una oficina es «trabajar» y por alguna extraña razón decidimos como sociedad no retar esto y pensar que las dos son actividades diferentes. Yo creo que no. Si comienzas a ver ese posgrado como un trabajo en el cual tienes un ingreso, responsabilidades y jefes, bueno, pues es eso, un trabajo. Si comienzas a ver tu trabajo como un lugar donde tienes experiencias, gente de la que puedes aprender y procesos cada vez más complejos que podrías dominar un día con más práctica, bueno, entenderás que en realidad sigues estudiando, que esto de ser parte de una organización es prácticamente una universidad oculta. Uno de mis mantras personales es que cada persona que ingresa a una de mis empresas tiene que salir/egresar siendo al menos diez veces más genial, más capaz, más proactiva, más inteligente. Esto lo mido en términos de la facilidad con la que pueden saltar a otra empresa más grande, ganar un mucho mejor salario o lanzar su emprendimiento. Esto no se logra sin fricción. Si abordamos nuestro empleo como un lugar a donde vamos a aprender de todo un poco para construir las siguientes etapas estratégicas de nuestra vida, el asunto se vuelve altamente interesante. El error es querer que la empresa nos pague todo: los cursos, los eventos, los coaches. Las empresas son lugares fantásticos que te pueden dar mucho pero que no te pueden dar todo. Piensa en tu familia que te ha dado ropa, techo, comida y educación. Cuando somos inmaduros le exigimos que también nos dé nuestra felicidad y no, eso nos corresponde a nosotros. Piensa en la universidad que nos da ideas, una red, un espacio seguro para experimentar, accesos especiales y aparte queremos que nos convierta en grandes emprendedores. No, eso nos toca a nosotros. Si tú quieres que el lugar donde laboras mágicamente haga de ti una Persona de Alto Desempeño, estás enfocando pobremente el asunto. Debes de aprender, moverte, tener fricción, proponer, equivocarte, reiniciar, moverte diferente y así hasta que tu escena allí se haya agotado y sea tiempo de irte a otra universidad oculta o fundar la tuya. Entiende y haz que tus (futuros) alumnos-colaboradores entiendan el juego.

Ajustar el microscopio.

Muchas cosas que nos resultan excéntricas son así sólo porque no hemos ajustado bien la visión que tenemos de ellas. Analizar un escupitajo en un microscopio puede lucir como una nube insondable pero con el ajuste adecuado se convierte en un entretenido paseo microbacteriano. Te digo esto porque solía sentirme ligeramente apenado por comprar versiones impresas de libros que ya tenía en formato digital y que incluso ya había consumido como audiolibros. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene si ya lo leí, ya lo entendí, ya lo tengo en un formato? Despilfarrador, sería la forma más precisa de referirme a este gasto. Con el tiempo llegué a la conclusión de que aunque tengo amigos en mi círculo, tengo muchos más fuera de él. Esos amigos son autores que celebro. ¿Cómo celebrar la existencia de alguien? Cuando la personita está en tu círculo es relativamente sencillo: vamos a su cumpleaños, le escribimos una bonita nota, le invitamos una agradable cena, pasamos tiempo genial a su lado, creamos cosas juntos. El truco viene cuando estos individuos no están en tu círculo inmediato, cuando son los autores que celebras pero todavía no conoces. La forma de aplaudir su vida es consumiendo más de lo que producen. Ayer recibí la llamada de un nuevo gran amigo que conocí apenas hace unos meses. Coincidimos en el extranjero, platicamos y nuestras mentes y visiones conectaron irremediablemente. Hemos estado en constante comunicación desde entonces. La admiración que tenemos por el trabajo y los logros del otro nos han empujado a buscar formas de conectar. Cuando te enganchas en una relación así, lo que ocurre es que buscas la manera de abrir más puertos. Enseguida nos sentimos incompletos si no nos agregamos mutuamente a Facebook, Twitter, Linkedin, si no nos llamamos ni buscamos oportunidades para convivir en alguna ciudad del mundo. Pregúntate por qué no replicar esto con esos amigos-autores fuera de tu círculo. Síguelos en redes, habla de ellos y compra el audiolibro, el libro digital y el libro impreso de su trabajo más reciente. Visto así, como una inversión en la amistad, el asunto deja de ser una excentricidad o un despilfarro y se vuelve lo mínimo que uno debe hacer para honrar una relación que nos aporta tanto que, bueno, concebir la vida ahora sin ella sería doloroso. La amistad como un negocio que nos exige conocernos físicamente es mentalidad limitada. Expande la visión. Ajusta el microscopio. E invierte fuertemente en amigos de tu círculo y —sobre todo— en los que están fuera de él.

Filas anti-vida.

La calidad de nuestra vida está determinada por la cantidad de filas que nuestra realidad actual nos impone. Trata siempre de zafarte de estas llaves de judo. No aceptes paciente ni amablemente este impuesto. Lucha contra él. Esto te convertirá en alguien que busca la optimización. Pregunta cómo evitar la espera para la próxima ocasión, cómo hacerlo desde el smartphone y/o cómo designar a alguien que lo haga por ti. No dejes que institución tras institución te acostumbren a ser complaciente con un nivel que no te conviene. ¿Sabes que noté hoy en una de esas filas que no volveré a hacer nunca más? Que realmente buscamos acompañamiento psicológico para nuestras frustraciones. En el lapso de diez minutos que estuve ahí, escuché a tres personas en los módulos junto a mí quejarse porque habían entendido algo mal y ahora debían regresar al día siguiente con un dispositivo o papel faltante para cumplir con su trámite, que si el sistema había cobrado y no era justo, que si esto y que si aquello. Tú sé de esas personas que no necesitan acompañamiento psicológico de este tipo. No expreses tus frustraciones con un ejecutivo al que realmente no le interesa tu vida. Pregúntate siempre si «esto» es lo que te va a quebrar, si «esto» es lo que realmente va a representar algo difícil en tu vida. Que tus problemas difíciles sean dignos de un libro épico estilo «Lord of the Rings». Cuando empieces a atacar las filas innecesarias —que son casi todas— entrenarás constantemente en optimizar tu existencia. Y luego comenzarás a notar otras cosas, más allá de estar de pie esperando a que otros determinen el momento que les plazca para ponerte atención. Y atacarás esas barreras también. Irás así creando sistemas alrededor de tu vida que te permitirán, no sé, pintar, correr, leer, viajar, cantar, producir una película, lo que sea aquello a lo que llegaste a este hermoso mundo nuestro. Vive sin p filas. Ni físicas ni mentales. Entiende que las filas son el nombre amable que la sociedad le ha puesto a las barreras para que no hagas más cosas. No aceptes gratuitamente barreras.

Una bandera llamada certidumbre.

En su conjunto, las personas celebran la certidumbre por encima de casi cualquier cosa. Nos encanta creer que entendemos aquello que se acerca desde el horizonte, que comprendemos las motivaciones de alguien o que tenemos claro cómo funciona el mundo. Hay un fuerte orden biológico por el cual esto es así: la certidumbre nos permite repetir los patrones exitosos de comportamiento que nuestros constantes ejercicios de prueba y error nos regalan. Certidumbre es cuando esa fruta pequeña de color rojo que huele deliciosa siempre, siempre, siempre es segura al comer mientras que la que luce y huele sospechosa, bueno, ofrece resultados inciertos. La certidumbre es el piso sobre el cual se pueden construir organizaciones y sociedades hasta cierto punto. Para llevarlas al siguiente nivel se requieren individuos con capacidad de jugar en planos mentales caóticos. Con la certidumbre como bandera no creas un Google ni un Facebook. Con certidumbre no participas en la verdadera arena de la innovación. Este último punto es el culpable de mi desdén por todos esos programas académicos que quieren enseñar emprendimiento avanzado desde un currículum que te dice claramente a dónde vas a llegar. No funciona así. Si una clase universitaria te enseña a crear un plan de negocios con todas las variables claras y un resultado altamente predecible, ni es un plan, ni es negocio, ni has aprendido realmente nada. Regresando al tema, la incertidumbre vuelve loca a la gente cuando se las muestras fuerte y constantemente. Esto lo consigues cambiando de opinión. Cambiar de opinión es algo que no celebramos. No nos gusta la chica que ingresa a ingeniería ambiental para luego abandonar el asunto y dedicarse a grabar videos profesionales de ASMR en YouTube. Desenfocada. No sabe lo que quiere. Está confundida. En realidad todas esas frases dicen algo más profundo: no entiendo por qué ha actuado de la manera que lo ha hecho y me molesta, ataca mi sentido de orden en el universo, no puedo predecir qué va a hacer, su comportamiento no me regala certidumbre. Las personas parece que entre menos agudizados estemos sobre nuestras habilidades, más certidumbre necesitamos. En otras palabras: si cualquier cosa nos ofende y desbalancea, solemos votar por cuestiones que nos mantengan lo más estables posibles porque todo lo demás en realidad nos aterra. Cambiar de opinión no es algo positivo/negativo por sí mismo, pero sí es un requisito para pasos exponenciales, para resultados radicales, para ganar un juego altamente competido. Que no te dé miedo cambiar de opinión. Ten una mentalidad ligera y flexible que te permita dar vueltas, pausar, moverte y acelerar ahí donde todos los demás dudan, se aterran o analizan hasta el punto de la parálisis. Cambia de opinión a cada rato. Vas a volver locos a muchos, ¿y luego? No lo estás haciendo para fastidiar a alguien sino para conseguir resultados sorprendentes. Quema la certidumbre como tu bandera predeterminada.

La empresa de Steve Jobs hoy.

Hace diez años comencé de forma descarada este esfuerzo por crear una marca personal genuina y poderosa. Ha sido un viaje bastante interesante que me ha dado aciertos y también llevado a cometer muchos errores monumentales. Uno de los puntos más curiosos es que dado lo amplío de mi propuesta con el tema de #hackearlavida y PADs (Personas de Alto Desempeño), comunidades muy diversas me han invitado a platicar con ellos. Así de repente me he encontrado dando conferencias, workshops y consultorías a fotógrafos internacionales, pilotos militares y comerciales, abogados, médicos, ingenieros e inversionistas. De todos he aprendido, claro, pero lo que más impacto ha tenido en muchas de mis decisiones es analizar a los inversionistas.

Te platico un poco sobre ellos: los buenos inversionistas son personas muy cultas, muy filosóficas, muy ecuánimes y muy enfocadas en jugar y ganar en el largo plazo. Menciono esto porque la crianza que muchos tenemos en la clase media baja suele ir por el lado opuesto, donde lo «correcto» es ser el experto en un área, el que ejecuta todas las actividades, el que toma decisiones con base en el resultado económico inmediato, el que busca que la gente a su alrededor entienda muy bien cada una sus acciones. Como podrás imaginar, esto es fuertemente limitante, por decir lo menos.

Otro punto que me sorprendió descubrir hace algunos años es que participar en muchos instrumentos financieros geniales no es asunto exclusivo para millonarios. Generalmente pensamos que sólo debemos invertir cuando «todo esté bien» en nuestra economía personal. «Cuando tenga dinero», solemos pensar. Y el dinero va llegando y nos inventamos creativamente formas de gastarlo y nunca nos elevamos al nivel de inversionista sofisticado. ¿Inversionista sofisticado? Aquel que invierte en lo absurdo hoy con miras a capitalizar dentro de varios años.

Nadie te va a llamar visionario ni innovador cuando tomes una decisión realmente visionaria e innovadora. Te van a criticar y/o mal entender. Ser verdaramente visionario e innovador no luce así en el principio sino diez, quince, veinte años después.

Soy un tipo con muchos defectos. Dios lo sabe. Mi círculo cercano también. Pero entre las cosas que tengo a favor resaltan mi capacidad para ser necio en aspectos estratégicos. Por momentos me ha ido mal en los negocios y en otras ocasiones bien. No me espanto cuando hay problemas: levanto la cabeza y pienso qué podemos hacer, genero opciones, determino un camino, me muevo rápido y si no funciona, evalúo de nuevo. Si funciona —como casi siempre ocurre con la audacia— genial, adelante. He entrenado a mi ser a moverme rápido y con confianza. Todo esto es para decirte que uno busca a su tribu. Y las personas que hemos hecho sinergia para construir VERSE Technology tenemos estas mismas características: apostamos fuerte en lo que creemos, lo construimos, empujamos las cosas con fuerza para lograr que sucedan, no nos espantamos y tomamos un breve respiro cuando algo no va como debería para reorientar los esfuerzos y comenzar de nuevo.

Nadie puede hacerse rico sólo con un salario a cambio de tiempo y habilidades. Al menos no el tipo de riqueza que a mí me importa: transgeneracional, esa que le sirve a la siguiente generación e incluso a la que va después de esa. La única forma comprobada con la cual las personas alcanzan la riqueza es invirtiendo, es teniendo un pedazo de una organización que crezca, crezca y crezca. Esto no lo digo yo: lo dicen todos los libros baratos y sofisticados de desarrollo personal. Trabajar duro es romántico pero lo que hace la diferencia es ser inteligente y estratégico en decisiones de dinero.

El 2019, la magia de lo que estamos construyendo con VERSE Technology comenzó a explotar. De repente los prospectos que se tomaban meses para respondernos —si es que acaso lo hacían— comenzaron a tomar decisiones en pocas semanas y días. El teléfono explotó con solicitudes de cotizaciones y las invitaciones a participar en eventos de alta tecnología por todo el mundo no se hicieron esperar. El mercado por fin llegó a ese punto donde los conceptos «Industrial IoT» e «Internet of Things» habían dejado de ser algo exótico para convertirse en esa solución que las fábricas y ciudades habían estado esperando.

Nos llama Microsoft y nos dice que por favor firmemos con ellos para ser partners de hardware. Nos llama Bosch y nos dice que necesita nuestra tecnología. Nos llama Ingram Micro y nos dice que quiere distribuir nuestros productos en todo el mundo. Cerramos ventas fuertes, nos ponemos a certificar dispositivos para Norteamérica, Europa, Asia y la luna, comenzamos a reinventar nuestra empresa para abandonar la mentalidad de startup que sufre para sobrevivir y que tiene que rogar por cada recurso y convertirnos en una compañía internacional que tiene que contratar a ritmo ultra-acelerado y resolver problemas cada vez más complejos.

Se acercan inversionistas institucionales que ahora ven cómo la famosa curva J aparece claramente en nuestros histórico y proyección. Los ignoramos un rato porque no queremos diluir demasiado la empresa y en su lugar favorecemos a los inversionistas ángeles que entienden lo que hacemos y se entusiasman con nosotros. Comienzo a decirle a amigos cercanos que ya, now, ahora es el momento donde tienen que subirse a este bote, que esta nave se va y no va a esperar a nadie.

Invertir en bienes raíces luce como una de esas cosas lógicas y adecuadas que todo el mundo te va a aplaudir siempre porque, pues sí, es algo lógico y adecuado. Está bien. Invertir en una compañía que hace tecnología todavía muy obscura para la población general es algo que siempre levanta cejas. Mamá no lo va a entender. Esposa tendrá sus reservas. Tus amigos que creen que saben mucho de tecnología-negocios-finanzas pero que trabajan en el cubículo a un lado del tuyo te dirán que mejor criptoesto y criptoaquello. Te vas a confundir pensando si tienen razón porque no has entendido que lo que la gente dice y lo que la gente hace son usualmente cosas diferentes: ninguno de ello es rico gracias a la criptoshit.

Imagina que Steve Jobs no hubiese nacido cuando nació. Que apenas estuviera en esa edad donde va a fundar una empresa. Lee bien esto. Pon atención. Te va a encantar. Si has visto las veinte películas de Jobs y/o leído alguna de sus múltiples biografías sabrás que hizo lo que hizo porque su mejor amigo, Steve Wozniak, le explicó que eso de las computadores personales era el futuro, era lo que tenían que hacer.

Stay with me. This gets better.

Hace tres meses entrevistaron a Wozniak y le preguntaron qué compañía fundaría hoy en esta década. Su respuesta la encuentras por ahí del minuto 5:08.

Dice algo así como «creo que construiría una empresa de dispositivos modulares para el Internet of Things, cosas que no existen todavía»…

Puta madre. Cuando mis socios y yo escuchamos esto sentimos como una especie de guiño celestial. No estamos errados. Steve Jobs —por aproximación con Steve Wozniak— hoy estaría construyendo VERSE Technology, haciendo lo que estamos haciendo, dispositivos que no existen, modulares para escalarlos dentro de esta ola increíble del Internet of Things que va a barrer con todo, justo como al internet bonito que tú y yo usamos a diario transformó el mundo hace unas décadas.

Tips para invertir: no inviertas únicamente en las hermosas hojas de Excel de una empresa. Invierte en quiénes son los que están construyendo esto. ¿Sabías que la mejor edad para ser fundador de una empresa de tecnología exitosa es a partir de los cuarenta años? En esa edad rodamos la mayoría de los socios en VERSE Technology.

Estoy intentando seducirte para que inviertas en VERSE Technology, claro está. La ventana de oportunidad para hacerlo se va haciendo cada vez más pequeña. Mucha gente no entiende realmente de negocios y se pregunta cosas como «¿por qué necesitan más dinero si dice que todo va bien con las ventas?» La respuesta es porque el desarrollo de la tecnología consume siempre muchos recursos. Y esos recursos se componen de ingresos por ventas + capital. Y las compañías necesitan combinar ambas para poder hacer más, crecer, ganar más cuota de mercado y sobrevivir a las amenazas de la competencia y los hermosos vaivenes económicos. Piensa lo siguiente: si las compañías funcionaran solamente con base en lo que venden, no se pelearían por estar en la Bolsa de Valores, pues ahí el asunto se trata de obtener todo el tiempo más capital importante a través de inversionistas institucionales.

Si vives hasta los setenta y cinco años durmiendo ocho horas al día y trabajando ocho horas al día, vas a pasar veinticinco años durmiendo, veinticinco trabajando y veinticinco disfrutando la vida. El objetivo es que seas dueño (completo o parcial) de un instrumento que gane dinero mientras duermes para que puedes disfrutar mejor la vida. Eso es bienes raíces, negocios, acciones y demás. Solamente tienes que tener razón una vez en tu vida en un tema grande para alcanzar la gloria: escoge una startup con gran potencial y metete a trabajar a ella a cambio de acciones que en unos años te hagan multimillonario y/o invierte en una startup que se va a ir al cielo dentro de poco y/o obsesiónate con un sector que vaya a explotar.

Todos, todos, todos los números, estudios y tendencias indican que el Internet of Things y en especial el área industrial del IoT van a arrasar en esta década. No me creas. Este es un ensayo tendencioso. Búscalo en Google. Búscalo en inglés. Lee análisis serios. Ve entrevistas con tipos que han construido grandes imperios. Lee mi artículo Punto de Inflexión y entusiásmate conmigo.

¿Qué requieres para comprar acciones de VERSE Technology? Entender que estás apostando a nuestro lado, que estás buscando crear algo trascendental a largo plazo, que no tendrá resultados canjeables por dinero mañana mismo y que habrá combinación de tormentas y momentos excelsos. Esto es así. No existe una empresa gigante a la que todo le haya salido siempre bien. No te espantes. Nosotros no nos espantamos y estamos construyendo un equipo cada vez más genial. Así son las cosas exponenciales.

La oportunidad para acceder como propietario de acciones en VERSE Technology comienza desde MXN$250,000. Y puedes escribirme a aaron@verse-technology.com con tu número de WhatsApp para solicitarme el pitch deck con los detalles.

Si prefieres invertir conmigo en algo que no es exponencial sino fijo, te invito a mi Fondo de Inversión donde puedes acceder desde MXN$5,000 con tasas desde 9% hasta 17% anual con retiro desde uno a cinco años. Escríbeme a hola@aaronbenitez.com con tu número de WhatsApp para más detalles.

Donde otros dentro de pocos años van a lamentar no haberse subido a esta oportunidad, tú ten en tu vida la ventaja del que mueve primero las piezas apostando cuando el mundo todavía no voltea con toda su atención hacia acá. Conseguir inversionistas es relativamente fácil. Lo que yo busco es gente que crea y vea lo que estoy viendo. Y que agregue TAD (Tiempo, Atención, Dinero) a eso que dice que le interesa: conquistar el futuro con determinación, inteligencia y ecuanimidad.

Gravedad mágica.

Me preguntan cómo escribo tanto, de dónde saco las ideas. Esas notas que podrías redactar y compartirnos están desperdiciadas en los comentarios que haces en mil y un publicaciones que encuentras en cualquier red social que cruza por tu vida. Tus ensayos están en esos temas que discutes acaloradamente en el bar con el mismo grupo de amigos durante años. Lo interesante que podrías decirnos en tu podcast está en la experiencia que tienes al invertir tu TAD (Tiempo, Atención y Dinero) en viajes, artículos, libros, cenas y demás pero que sólo comentas con unos cuantos a tu alrededor. Todos tenemos muchas cosas que decir sobre varios temas pero exponernos da miedo. Tal vez tu ortografía es pésima y tu redacción terrible. No sé por qué piensas que esto de escribir tendría que ser algo fácil. Es como conducir y cocinar: una habilidad cualquiera que requiere práctica y tiempo. Esto ya lo sabes. Lo que no has pensado es que a diferencia de conducir y cocinar, redactar y publicar constantemente te da una ventaja personal y profesional competitiva sin igual gracias a esa gravedad mágica que la palabra impresa carga. Trust me: aquí estás poniendo atención a mi transmitiendo de caracteres a tu cerebro mientras espero pacientemente mi vuelo. Esto es una conversación y con ella moldeo mi realidad. Ahora desarrolla conversaciones donde tú puedas moldear tu realidad. Es increíble que mucho de lo que publico son cuestiones que cuando las digo de frente en una reunión nadie las toma en serio pero cuando las leen mi blog, la gente regresa conmigo y me dicen que tal pieza resonó bastante en ellos por esto y por aquello. Créeme: me ha ocurrido quinientos millones de veces. Hablar es fácil y por eso su impacto se diluye rápidamente. Redacta. Usa una laptop, no quieras hacerlo en tu celular. No pidas opiniones, lánzalo así. Que todos lo puedan ver. Lidia con la pena porque si no puedes con esto, muchas otras cosas más importantes ni siquiera te van a dar la oportunidad que podrían. La pena es la timidez del miedo. Abraza el hecho de que vas a crear algo feo y lento al inicio. Tal es el precio a pagar para superar la etapa básica. Quienes ya dominamos algo no es por haber nacido con «talento» sino por la simple y terca razón que no abandonamos la noción de que esto es para nosotros. ¿Cómo saber si esto es para ti? Lees este micro-ensayo y tu corazón salta. Ese entusiasmo, bueno, ten más de él.

Lealtad en tiempos high-tech.

La semana pasada me metí un par de días a eventos llenos de expertos financieros. Tomé muchas notas. Fintech (una especie de acrónimo cool en inglés para hablar de tecnología financiera) está arrasando con el interés de los fondos de inversión. Nadie se quiere quedar fuera de lo que parece ser una de las nuevas fiestas del futuro. Eso de mover dinero más rápido en todos los sentidos es una oferta demasiado sexy para resistirse. Personalmente el asunto no me entusiasma mucho porque prefiero dedicarme a construir cosas tangibles pero admito y admiro el valor de esta industria. El representante de un banco subió al escenario y comenzó a hablar de su nueva app y que si era lo mejor del mundo y que si aquello y el otro. Me gustó su pitch además que hace unos años tuve varias reuniones con su CEO, un tipo bastante culto con quien platiqué sobre libros, filosofía y otras cosas de la vida. Me interesaba saber qué estaban haciendo en estos días así que puse atención (lo cual es raro, honestamente). A mí no me gusta que me presuman logros, me gusta verlos en acción. Pienso en la personita que proclama ser muy responsable y orientada al detalle pero su CV está lleno de faltas de ortografías, mal diseñado y entregado fuera de tiempo. Mientras el conferencista hablaba sobre la fantástica experiencia de usuario que él y su equipo habían desarrollado, decidí descargar la app y seguir los pasos para en pocos minutos abrir una cuenta de banco formal usando mi credencial y transfiriendo unos cincuenta dólares para probar todo el proceso. La app me invitó a abrir una subcuenta de ahorro y a obtener crédito inmediatamente. Todo fluido, sin hipo, sin chistar. Genial. Me encantó. Al finalizar platiqué con el speaker y le dije que había conseguido al menos un nuevo usuario. Usé la palabra «usuario» y no «cliente» porque hace tiempo entendí que «cliente» nos hace pasivos. En nuestra mente es alguien que ya metimos al sistema y listo, ya compró. «Usuario» —por el contrario— nos pone en un estado de alarma de alta intensidad: tenemos que trabajar diariamente en no perderlo, en no decepcionarlo. Usualmente un cliente —en nuestra mente— es alguien lento en sus decisiones. Un usuario es lo opuesto y salta de una app a otra sin dolor, de un banco a otro sin chistar, de una escuela a otra sin remordimientos. La lección es que afines tu visión y te dediques a atender usuarios, no clientes. Seas un restaurante, un gimnasio o una tienda de ropa elimina esa vieja idea de «conquistar al cliente» y sustitúyela por «hacer fácil la travesía del usuario» desde el dolor que tiene hasta el punto donde le ofreces tu magia. Haz fácil la entrada y haz difícil la salida. Esto último se logra como Facebook y Google: agregando valor desmedido (AVD) todo el tiempo y y sosteniendo tu ofrecimiento lo suficiente para que más personas dependan de ti. Esto no es rápido ni sencillo pero sí necesario si quieres jugar en la arena de la mentalidad moderna para hacer negocios.

Diapositivas soberbias.

Sufro un pequeño ataque al miocardio cuando diapositivas llenas de texto y sin estilo cruzan por mi vida. No hagas cosas así. Entiende que nadie las lee y te hacen lucir de todas formas menos como un pro. Usa un concepto de, no sé, máximo cinco palabras y explica lo que sabes al respecto. O utiliza una imagen que active la conversación que te interesa. Regla: si colocas la foto de un árbol no escribas «árbol». O usas la imagen o la palabra, no ambas. Consulta manuales y libros de TED Talks para impregnar en tu ser las mejores prácticas para una exposición. Aprende la importancia de las tipografías, sus pesos, distribución entre caracteres, etcétera. Combinación de colores, iconos de vectores para reforzar tus puntos y más. Compra plantillas profesionales para ser eso, profesional. Y cuando ya andes ocupado con todo esto haz una pausa estratégica para recordar que las diapositivas sí importan pero no importan. Ningún conjunto soberbio de diapositivas puede sobrevivir a una explicación plana y aburrida. No dediques más del cinco por ciento de tu planeación a lo fantástico que luce tu presentación sino a cómo la vas a entregar a esa audiencia que merece lo mejor de ti.

Ritmo vertiginoso.

Sentido de urgencia: eso que te falta cuando notas que estamos a mediados de Febrero y no has avanzado en la mayoría de las cosas que te prometiste con mucha solemnidad para este año. El sentido de urgencia no se conquista con autoregaños estilo «ya no seas flojo, Aaron, ponte a hacer lo que tienes que hacer» ni con pensamiento mágico-optimista estilo «todo se va a alinear pronto». Es con ejecución diaria intensa conquistando pequeños territorios del gran mapa que es tu estrategia profesional y personal. Ejecución diaria intensa. Haz las llamadas que tienes que hacer. Ten las conversaciones difíciles que tienes que tener. Insiste con quien tienes que insistir. Lanza lo que tienes que lanzar. Aprende lo que tienes que aprender. Contrata y despide a quien tienes que contratar y despedir. Niégate a lo que te tienes que negar. Acepta lo que tienes que aceptar. Enfócate en lo que te tienes que enfocar. Abandona lo que tienes que abandonar. Cuando fluyes con esto del sentido de urgencia la gente a tu alrededor va a decir que «andas muy acelerado». No te asustes. Lo que intentan decirte es que ellos no podrían hacer todo eso que tú haces con el ritmo que vertiginoso con el que te mueves. No se trata de vivir la vida con estrés todo el tiempo, claro, pero entiende que con tu actitud hay cosas que a veces estás cuidando y que no debería ser así. Si no quieres incomodidad ni incertidumbre ni frustración en este momento de tu existencia es porque entonces ya tienes lo que deseas. Pero si éste no es el caso, eso de la incomodidad, la incertidumbre y la frustración son las cosas a soportar para pagar el precio de llegar al nivel que te interesa. Son las diez de la mañana de un martes, ¿en qué has avanzado en estas primera horas a un ritmo vertiginoso?

La norma del futuro.

«No podemos hacer eso», dijo el ingeniero de Toyota cuando lo consultaron sobre la tecnología electrónica de Tesla. De acuerdo a algunas estimaciones de la industria, el hardware/software que utiliza la empresa de Elon Musk está a unos seis años de convertirse en el estándar automotriz. Resulta que los ingenieros de empresas como Volkswagen y demás no son tontos. Tampoco carecen de visión. El problema radica en que el ecosistema de refacciones que han creado a lo largo de décadas como parte imprescindible de su modelo de negocios los tiene atados a seguir iterando componentes y sub-sistemas que bien podrían ser sustituidos por algunos de los soberbios avances computarizados a nuestro alcance. Tesla no tiene una cadena de suministro de autopartes para sus clientes; no hace dinero con la venta de piezas y por lo tanto no tiene restricciones en empujar el diseño e ingeniería de sus vehículos hacia el extremo más optimizado. Sirva esta pequeña historia para darnos cuenta que todas las decisiones que tomamos a diario tienen solamente esas dos consecuencias: o son discretos pasos estratégicos que nos colocarán en posición de ventaja natural o son micro-sabotajes que entorpecerán nuestra libertad de movimiento. ¿Hay en tu vida algún equivalente de la obsoleta red de negocios de Toyota/Volkswagen que te impida ir más rápido? Ten el potencial de estar tan adelantado en tu mentalidad y ejecución que todos te consideren la norma de lo que debería ser el futuro.

Todos podríamos llegar ahí.

Hay cosas que nos entusiasman cuando nos topamos con ciertos blogs, podcasts y libros ligeros de negocios. Pensamos en hacer las cosas diez veces más grandes, en crear un océano azul con nuestras ideas innovadoras y disruptivas, en hacer cierres de ventas fantásticos con pitches increíbles de un minuto que prácticamente funcionan en cualquier elevador del mundo donde te encuentres a un inversionista aburrido dispuesto a sacar su chequera ante tu inteligencia de neuroemprendedor enfocado en la abundancia y mente millonaria. Dios. En realidad, el mundo real real real de los negocios funciona bastante diferente a lo que ves en Shark Tank y demás cuestiones populares que nos hacen suspirar. No juzgo. He sido presa de toda esta emoción de técnicas y hacks para acelerar los resultados. Muchas de esas ideas dan resultados, claro, pero sólo hasta cierto nivel. No vas a cerrar una venta de decenas de millones con una frase original ni vas a lograr tener clientes de largo plazo si sólo vendes emoción constante pero cero sustancia sobre la cual construir sólidamente. Esto duele pero es lógico: si quieres jugar en un equipo de fútbol de alto calibre casi nada de lo que hayas aprendido sobre comportamiento con tus amigos de la escuela te va a servir. Es un mundo diferente donde tienes que pensar y moverte así, diferente. Resumen: no te enamores de aquello que funciona solamente para ciertos niveles si quedarte ahí no es de tu interés. Arriba el código de mentalidad y ejecución no es obvio. Si lo fuera, todos podríamos llegar ahí.

El amor como una habilidad.

Conocí a Alain De Botton con «How Proust Can Change Your Life» y desde entonces soy gran fan. Ayer —a propósito de San Valentín— me topé con una muy buena idea de este autor: considerar que el amor no solamente es una emoción sino también una habilidad. Puedes apreciar el alto nivel de un filósofo moderno cuando con pocas palabras te pone a pensar. Y eso hice. Pensé en el miedo, en cómo también si ajustamos nuestra relación con él podemos llevar el asunto a una posición de ventaja. Digamos que las emociones son segunda naturaleza. Digamos que las habilidades no tanto. O no en el principio. Las habilidades tenemos que entrenarlas. Y «sentir» miedo a, no sé, exponernos públicamente, proponer proyectos al mercado, debatir un tema intensamente, es algo en lo que hemos entrenado de forma pasiva, permitiendo que el sentimiento se instale de forma primaria y descontrolada cada vez que nos topamos con situaciones así. Ahora, hacer del miedo una habilidad es cansado y desgastante porque requiere de nuestra práctica consciente para configurarlo. Primero es saber que está ahí. Segundo es decidir qué necesitamos que haga. «Siento miedo. ¿Qué necesito hacer con él? ¿Mantenerme pasivo? ¿Avanzar? ¿Reducirlo para poder dar unos pasos?». Tus respuestas son eso, tuyas. Esta técnica es aplicable en varias dimensiones. Hay habilidades que importan —regresamos al amor— pero que no practicamos mucho porque simplemente esperamos que emerjan de forma natural. ¿Pero y si pudiéramos activar el amor como una habilidad justo en el estilo en que rápida y automáticamente nos concentramos para ejecutar una maniobra automovilística complicada? De Botton explica que la generosidad y la tolerancia son más útiles en una relación que el romance, al que solemos dar un amplio espacio por costumbre y entrenamiento social. Dice que el amor es una forma de valentía para mirar los momentos más complejos en las vidas de otras personas y decidir interpretarlas con generosidad. Abrazando este nuevo marco de referencia, decido que voy a entrenar ciertas emociones de forma constante. Unas para impedir que se instalen en exceso. Otras para dar y conseguir más de lo que importa.

Dedicado con amor a Fer.

Time to Value

SaaS significa «Software as a Service» y no es otra cosa que lo que hacen empresas como Dropbox y Google con sus productos que te dejan usar gratuitamente hasta cierto nivel y que luego te invitan a llevarlos más allá con una suscripción mensual. El desarrollo e implementación de este modelo de negocios permitió cambiar el paradigma de comprar software costoso en una caja o descargado para invitarnos a la mentalidad de rentarlo con pagos pequeños pero constantes. Lo interesante de SaaS es TTV, el acrónimo de una métrica que significa Time To Value, el tiempo que le toma a un usuario notar lo fantástica que es una propuesta SaaS y ejecutar la acción adecuada (suscribirse, descargar la app, comenzar a usarla). TTV es algo que podríamos replicar en nuestra vida: ¿cuánto tiempo le toma a las personas nuevas que aparecen en tu día a día entender que eres alguien con una genial oferta de ideas/ejecución/red? Hacemos difícil el TTV de la gente con nosotros cuando nos dedicamos a confundirlos serialmente, cuando deseamos que nos tomen en serio pero llenamos nuestras redes de los memes que todo el mundo usa, los chistes que todos comparten y los gritos de queja que todos promueven. Nadie usaría Gmail si no fuera simple, elegante y poderoso. Podemos ser simples, elegantes y poderosos como Gmail si atacamos las suposiciones que tomamos como reglas verdaderas de comportamiento: no tienes que opinar a diario de las cosas con las que todo el mundo se está enganchando, no tienes que ofenderte/celebrar lo mismo que todos de forma automática, tampoco tienes que luchar/sudar por los mismos beneficios, empleos, ideas que las mayorías dicen que están bien. Entre más corto sea el TTV del mundo hacia ti, más grande son las oportunidades y ventajas que recibes. Todos querrán conectar y hacer cosas contigo, querida persona simple, elegante y poderosa.

Claro que sí.

¿Admiras a Steve Jobs? Bien. ¿Qué estás replicando de él? ¿Estás vistiendo la misma ropa a diario para no distraerte en detalles triviales? ¿Estás siendo terco a morir en las cosas que importan? ¿Estás teniendo largas caminatas con potenciales nuevos colaboradores para convencerlos de que se unan a tu causa? Admirar es pasivo. No te quedes ahí. Emula lo que te encantó descubrir en la persona, de lo contrario es un autosabotaje disfrazado. Otro autosabotaje disfrazado es aquel que ocurre cuando le insistes a la vida que quieres algo y cuando te lo va a dar, le respondes con un tonto «¿puede ser a otra hora?», «¿Otro día? Es que tengo clase/junta a esa hora». Esto no te lo cuento en tono teórico, es una realidad que vivo todo el tiempo. Amigos me piden apoyar a personas con becas o platicar con ellos o no sé, guiarlos en algún sentido y cuando puedo acceder recibo este tipo de comentarios. No lo tomo personal ni me ofendo pero encuentro altamente decepcionante que la gente no se dé cuenta que son ellas mismas las que están actuando de una manera limitante siempre. Y digo siempre porque extrapolo las respuestas que me dan a otras situaciones y personas que podrían empujarlos a nuevos niveles. Si te interesa ser una Persona de Alto Desempeño, copia el actuar de otras PADs. Las PADs dicen a las oportunidades «sí, claro» primero y luego ven cómo resuelven los detalles. Saben que habrá cierto caos al intentar acomodar las cosas y que en muchas ocasiones algo tendrá que ser sacrificado para avanzar, pero lo aceptan, no se muerden las uñas ni lloran en secreto por la noche lamentando su decisión. Dan el paso. Lo dan duro. Y esa confianza genera la magia que los va empujando. «Sí, claro. Ahí estaré. Muchas gracias». «Sí, claro. Yo me encargo». «Sí, claro, te veo ahí». Tales son las respuestas. Que tu preocupación le pertenezca al siguiente nivel superior frente a ti, no al actual.

Acciones pasivas.

Tenemos que poner apellidos al sustantivo «acción». No hacerlo nos puede llevar a caminos engañosos como «admirar», por ejemplo. Admirar es una acción, pero es una pasiva. No construyes realmente nada con el hecho de admirar a ese autor, actor, jugador, político, etcétera. Tú no quieres emocionarte con acciones pasivas como admirar —que por cierto es primo de soñar. Tú quieres copiar, replicar, emular lo que aquellos que están allá donde te encantaría estar ya han ejecutado con éxito. Las «acciones activas» duelen por el obvio esfuerzo que tenemos que invertir en ellas. «Estudiar» es otra acción pasiva. No sé si recuerdes el contenido que estudiaste para el examen de la cuarta unidad de biología de segundo año de secundaria. Mejor ejecuta. Haz micro-experimentos. No hay manera genuina de aprender (que es a lo que realmente deberíamos aspirar) más que ejecutando. Otra acción pasiva es solicitar opiniones sobre tu arte, desempeño, idea. Mejor esculpe tu realidad lanzando al mundo lo que tienes que lanzar especialmente si no te sientes seguro de ello. Entrénate masoquistamente a vivir con incertidumbre en cada propuesta que le hagas al universo. Y entiende que pedir opiniones «para estar seguro» es básicamente una excusa social para justificar nuestros miedos en lugar de ponernos a hacer lo que tenemos que hacer. No traiciones a tu potencial gran avance emocionándote con la vida y ejecución de otros para quedarte varado ahí, en la etapa del entusiasmo sin navegar hacia tu creación personal. Y sí, es cierto: TODO lo que intentes para subir de nivel será mediocre y se sentirá ridículo en el inicio. ¿Y? Esto es fácil de atacar: los que están arriba van a aplaudir, entender y promover tu esfuerzo. Los que no se animan, buscarán eso, desanimarte. ¿A cuál audiencia le vas a dar más peso emocional?

Cryptoshit.

El costo de enviar un meme a alguien al otro lado del mundo es prácticamente cero. Puedes compartir en cualquier momento cientos de pedazos de estas tonterías a conocidos y desconocidos. Como algo meramente anecdótico ha quedado la espera de horas/días de un emperador Azteca para enterarse de cosas importantes como —digamos— la llegada de los españoles. O la noción romántica de escribir una larga carta de amor en papel a un amante que vive en otra ciudad. El telégrafo nos regaló la posibilidad de la comunicación «instantánea» en un formato que hoy hemos sustituido por algo más crítico para nuestro estilo de vida: la comunicación en verdadero tiempo real. Piensas. Redactas. Oprimes un botón. Se envía el mensaje. Lo reciben. Redactan algo para ti. Te lo envían. Lo recibes. Sonríes. Todo en un segundo o menos. Sin sudar. Sin hacer un gran alboroto al respecto. Esa es nuestra normalidad. Ahora pensemos en el dinero. Estás en Argentina. Tu abuelo en Rusia quiere enviarte cash. Sus opciones son [a] una tortuosa transferencia bancaria vía código SWIFT; [b] usar algo costoso como Paypal o [c] eso que muchos van a saltar y promulgar como lo mejor de lo mejor: la cryptoshit. Por favor, no pongas a tu querido abuelo —setenta años, ex-cocinero en buques petroleros— en una posición de «noob» donde le pides que abra una «wallet» y que te envíe su «llave pública». Todas las opciones de arriba involucran quitarle combinaciones de tiempo y/o atención y/o dinero. Y el señor sólo quiere transferirte recursos para la nueva consola de videojuegos que necesitas en tu vida para ser feliz. Es curioso —por decir lo menos— que los tecnonerds del mundo resolvieron primero el «problema» de cómo enviar estupidez sin fricción antes que enviar recursos con costo cero. Bonito detalle. ¿Sabes? Cuando emerja la genuina posibilidad de transferir riqueza económica de la forma en que enviamos mensajes instantáneos, un resultado obvio será que el número de nuestras transacciones se irán al cielo. Antes de preocuparnos por el hecho del híper-consumo que esto va a generar, abraza el increíble ritmo de soluciones híper-rápidas que esto va a permitir. ¿Quieres ayudar a esta persona con cáncer de la que te acabas de enterar por un video de YouTube que tus amigos compartieron en su grupo privado de WhatsApp? Envía un dólar en tiempo real, sin fricción, respondiendo directamente al video. Redactas de forma natural o grabas una nota de audio con tu instrucción: «dona un dólar» en tono magnánimo. Y Siri o algún agente ya menos deficiente, se encarga mágicamente. Listo. Y no lo veremos como el futuro. Será nuestra nueva normalidad. Entusiásmate por cosas así, no por la cryptoshit.

Suponer bien.

¿Cómo saber si lo que estás suponiendo es preciso? Tienes que someter el asunto a un duro examen mental. El reto está en entender que los duros exámenes mentales no son fáciles de ejecutar. Voy a intentar explicarte algo: leo el comentario grosero de algunas personas en mis artículos. Inmediatamente asumo que el texto tocó fibras sensibles que empujan a estos internautas a disparar su munición contra el blanco más fácil, que usualmente es el autor o la empresa que publica. Siempre asumo que ellos están mal porque por otro lado recibo gran cantidad de aplausos y agradecimientos. Y eso me gusta. Mi ego brinca y me siento un gran tipo y silbo de contento creyendo que voy por el mundo haciendo el bien. ¿Pero y si tal vez —y sólo tal vez— las personitas groseras no están mal y simplemente su forma de expresarse es una que me invita a sacarlos de mi radar en automático? Lo veo así: por un lado los acuso mental y rápidamente que algo de lo que escribí afectó sus cimientos psicológicos y por ello actuaron agresivamente hacia la fuente de lo que ellos percibieron como agresión. Y por otro lado yo reacciono prácticamente igual con sus comentarios que tocan algo de mis fibras sensibles. Los castigo con la reacción más agresiva de todas las que el ser humano tiene a su disposición: ignorarlos. Te decía que suponer tiene dos vertientes: la suposición que te lleva a conclusiones incorrectas y la que no. Y te decía que para meternos a suposiciones que nos guíen a respuestas precisas tenemos que hacer un duro examen mental. Y que esto no es nada fácil. ¿Por qué supongo que los comentarios de estas personas están mal? Cuando respondo con preguntas esto me lleva a veintisiete cuestionamientos más que al final recaen en mí y mis traumas. Y entonces descubro que así como ellas proyectan algo en mí sin hacerlo elegantemente yo proyecto algo en ellos siendo pasivo-agresivo. «Suponer bien» se trata de refinar nuestra psicología interna. Algo sólo para valientes.

Programmers on my mind.

I just realized children are parents’ APIs to whole new situations and relationships. Depending on how one raises them, they can be seen as an upgrade to our lifestyle or not. Also, another random thought: if you’re a programmer and that’s all your experience in life, you can’t create great apps/platforms for other industries in solo mode. This is obvious but most coders I know think they can do anything without seriously considering their lack of context. Aaaaand…local geeky efforts (such as clubs, events, gatherings, podcasts) are usually highly negligible compared to the attention and resources they get in big places. So, if you —like me— come from a small town, never think nor act locally. You have to shout louder.

Desempeño soberbio.

Una forma de poder manufacturar nuestras ideas para que dejen de ser meras opiniones es cambiando la perspectiva con la que vemos las cosas. Mucha gente se burla o habla de nosotros en privado, justo como nosotros hacemos lo mismo sobre otras personas. Es normal. Lo que nos limita no es que esto ocurra sino que vivamos excesivamente conscientes del hecho de que existen opiniones que no controlamos sobre nosotros allá afuera. La intención de este texto no es motivarte de forma gratis y decirte que «no te preocupes», que «eso no importa», sino que entiendas que en lugar de luchar contra la percepción la abraces y la coloques en una mejor posición para ti. ¿Cómo? Decide pensar mejor en la opinión que podría tener de ti gente admirable en niveles muy arriba. Probablemente desconocen tu existencia en este momento o todavía no se toman el tiempo para analizarte. Esos ojos imaginarios te pueden impulsar. De esta forma abandonas el proyecto fútil de remover algo que es casi imposible de eliminar como lo es la necesidad de validación social. La idea es que al menos la ubiques en un estándar que te haga moverte en lugar de paralizarte. Lo que tu primo, amigo, colega, maestro o algún individuo cercano comente abierta o secretamente sobre tu nueva realidad de ejecución no es realmente algo que te pertenezca: es su proyección psicológica vertida en ti. Necesitas redactar y publicar. Necesitas entender y comunicar. Necesitas hacer cosas llamativas y aburridas. Navegar por todo el espectro de estas actividades, bueno, es ofensivo para muchos. Déjalos quejarse a través de las críticas que harán de tu nuevo desempeño soberbio.

Edge computing vs cloud computing.

We talk a lot about edge computing at VERSE Technology these days. Cloud computing is great and all, but many of the solutions our global customers and their smart factories need could be processed more locally, bringing cost and time down. Of course, this is not a «one size fits all». There are tons of sensitive things to take into account. Cybersecurity for one. Data governance is another one. The good thing is that with the consultancy part of our job we can help organizations pick great ROI bets. Building our own hardware and software allows us to engineer optimized solutions in this exciting industrial Internet of Things world. We’re on the verge of a true wave à la Toffler. More sensors, more processing, better processing, faster production times, well, get ready!

1 millón de descargas mensuales en #MENTOR360.

– «¿Tú eres Aaron?»

– «Sí, ¿cómo estás?», respondí yo.

Quien me hizo la pregunta fue Luis Ramos, un famoso creador de contenidos en Latinoamérica. Su podcast Libros para Emprendedores es uno de culto entre la comunidad de negocios. No nos conocíamos pero sí nos conocíamos. Mi hermana ya me había platicado de él y su trabajo y él se había topado con algunos de mis artículos. Ese día fue un encuentro accidental en un parque infantil y al estar ambos en modo familiar conversamos poco con la promesa de extender nuestra interacción en los siguientes días. Así lo hicimos y tiempo después participé en un episodio de su programa. De ahí nuestra amistad quedó afianzada. 

El tiempo fue pasando y uno o dos años después platicamos por teléfono sobre un nuevo tipo de colaboración periódica en su nuevo proyecto paralelo llamado ahora Mentor 360. Acepté sin vacilar porque me gusta hacer cosas con gente que sabe exponenciarlas y que proponen algo relevante a la sociedad. Cuenta conmigo si vamos a lograr que la gente lea y después ejecute. Nada es más importante para mí.

Hace unos días, Mentor 360 rebasó el millón de descargas mensuales. Me da gusto que en medio de tanto ruido del mundo existan contramedidas premiadas por el mercado.

Si aún no has escuchado Mentor 360, te invito a que lo hagas. Y si ya lo has hecho, dime aquí en los comentarios qué episodios te han encantado y por qué. Descarrilemos las conversaciones típicas hacia unas que nos empujen a todos hacia un nivel superior. 

Fuerte abrazo, Luis. Más éxitos y gracias por coordinar un gran esfuerzo de contenido evergreen. 

Y a ustedes, queridas PADs, les pido me ayuden a hacer este podcast algo incluso más relevante. ¡Gracias!

Aquí mis colaboraciones a la fecha:

Metafísica Empresarial

4 Habilidades Esenciales

Filosofía para Personas Ocupadas

Taladrar para Crear

Negociación para Principiantes

Ridiculez

Vamos a Desbordarnos

Copia Descaradamente

Ecuanimidad

La Soledad de la Mente

Las Ventajas del Voluntariado

Sé audaz. Y selo ahora 

– A.

La petición en turno.

Tu negocio está acostumbrado a cierto tipo de operaciones. Tiene un cierto dominio de la mayoría de sus procesos y sabe qué esperar de cada uno de sus esfuerzos. Tu staff, marketing y todo alrededor de ello entiende claramente de qué se trata el día a día. En un momento cualquiera llega una llamada, un e-mail o una conversación donde el cliente solicita algo a lo que tu organización no está acostumbrada. ¿Cómo lidiar con esto? Es fácil aventar un determinante «NO» a aquello que no es tu núcleo, a aquello que no pondría pan inmediato en tu mesa. De hecho, es la recomendación estándar para que mantengas el enfoque. Sin embargo, te invito a que consideres que algunas peticiones exóticas de los clientes abren posibilidades interesantes. Esto sirve para medir el nivel de respuesta y adaptación de tu compañía a la bendita incertidumbre. ¿La petición en turno prepara a tu empresa para el futuro? ¿Los entrena a ser más dinámicos? ¿Sirve como exploración de una potencial nueva línea de negocios? ¿Ejecutarla bien los moldea en el tipo de compañía que les gustaría ser? No siempre podemos acomodar en nuestra oferta aquello que el mercado desea, pero siempre puedes evaluarlo con una luz diferente, sin espantarte, sin rechazarlo con una etiqueta donde proclames que el asunto es una mera distracción. Tal vez no. Tal vez es una gran inversión. Si crees que ya lo sabes todo sobre tu negocio, te estás engañando. No te engañes. Sigue apostando.

Cursos para tener éxito en los negocios.

Me encantan los gurús que dan «consejos» para tener éxito en los negocios y su único negocio es vender cursos para tener éxito en los negocios. Quienes los defienden y compran sus cursos lo hacen porque detestan enfrentarse a la alternativa dura de la realidad: this is f hard. No hay mejor escuela para hacer negocios bien que construir una empresa que haga las cosas bien. El mundo está lleno de «expertos» de sofá que van a opinar aquí en las redes sobre cada paso que das pero que no pueden subir de nivel en aquello con lo que ponen pan en su mesa. Recursos humanos, finanzas, administración, legal, contabilidad, operación, marketing, estrategia, ventas, visión, servicio al cliente y demás son universidades con postdoctorados ultraintensivos que NADIE entiende a profundidad hasta abordarlos de frente. Te digo esto porque necesitamos generar más empresarios de alto nivel. Si estás comenzando de cero como yo, requieres entender a profundidad la filosofía de lo que estás haciendo y hacer ruido inteligente para atraer conversaciones y personas que te van a impulsar. Muchos se confunden y creen que una maestría en negocios les da las habilidades necesarias para este mundo. Es como ver partidos de la Champions y pensar que ya eres futbolista profesional. El entrenamiento, sudor, disciplina que se requieren no se domina con comodidad. Sé intelectual. Sé movido. Ve a más eventos «elite» donde están las personas que están logrando cosas que a reuniones gratuitas en tu vecindario donde todos hablan con entusiasmo del emprendimiento pero se encuentran al mismo nivel. Para hacer dinero, hay que meter dinero. Lee como enfermo en inglés los libros de tipos que han construido imperios. No te entusiasmes con libros superficiales que te prometen la receta mágica en sus páginas para conseguirlo todo sólo con la mente y ya. Si crees esto, bueno, mereces los patéticos resultados que tendrás. Te quiero, querida persona a punto de emprender. Esto es una vocación igual a ser médico o contador: se requieren un conjunto de habilidades predeterminadas y entendimiento de por qué nos metemos al asunto más allá de la moda o términos vacuos estilo «independencia financiera». Aquellos que buscan hacer negocios para su «independencia financiera» construyen cosas frágiles. Aquellos que resuelven problemas duros y genuinos de la sociedad, construyen cosas trascendentales. Aquellos que se entusiasman fácilmente fracasan al primer reto. Sé ecuánime. Y también sé audaz. Y selo ahora.

Esto no es nada.

El nivel de las cosas que este día te estresaron te permite determinar con precisión el límite de lo que puedes administrar. ¿Te daría orgullo presumir lo que hoy te hizo sudar? Si no es el caso, elévate bastante y abraza la situación de forma diferente: destrúyela, ignórala o minimízala al máximo pero no te estanques. Te digo esto porque mucha gente proclama cosas como «quiero construir un imperio» pero el mal comentario de alguien en una red social o la noticia política de moda o el caos vial los avienta fácilmente a la lona de la frustración. Cuando las operaciones de mis negocios comienzan a ponerme los nervios de punta hago el esfuerzo por recordar que esto no es nada con respecto al gran plan que tengo. Si no puedo dominar con ecuanimidad las circunstancias y situaciones del tamaño actual en que se presentan ante mí, no merezco aquello infinitamente más grande que según yo está en mi futuro. Piénsalo así: si no puedes con esto, ¿qué te hace pensar que podrás con más? El entrenamiento que más nos sirve para construir algo trascendental llega a nosotros disfrazado. Muchas personas lo confunden con estrés. Y huyen de él. Se espantan. Tú y yo no. Tú y yo le quitamos la máscara y entendemos que es el impuesto que nos toca pagar a cambio de poder esculpir con libertad la realidad del día de mañana.

Escalar el comportamiento.

La puerta del elevador se abre. Una señorita que trabaja en la limpieza del hotel entra y saluda. Lo hace en un tono agradable y servicial al mismo tiempo. Pocos pisos después se despide con el volumen de voz seguro de quien se encuentra en dominio de la situación. Ese es un excelente servicio al cliente. Ahora bien, déjame explicarte algo: muchas personas se confunden y piensan que acaban de interactuar con una chica amable cuando en realidad el intercambio es con el hotel. A ella no la conocemos. No sabemos su nombre. No tenemos una relación de ningún tipo. A ella no le interesa a nivel personal nuestra comodidad. Este es uno de los temas en los que más insisto con mis colaboradores: «los clientes no están hablando contigo sino con la empresa, deja fuera de tus interacciones aquí esa timidez, miedos, lo que sea que te estorba para actuar como todo un pro». Sucede que nadie nos explica estas cosas de la vida corporativa. Cuando vas a Starbucks u Oxxo el contacto que haces es con Starbucks u Oxxo a través de un ser humano que ha decidido prestar su voz y habilidades a la empresa. Este aspecto claro de su cultura organizacional es uno que han dominado y que los ha hecho exitosos al poder escalar el comportamiento a los niveles actuales en que los admiramos. Del lado del emprendedor: mientras no logremos que nuestros colaboradores sean puntos de conexión genuinamente representativos de nuestras compañías no podremos jugar en las grandes ligas. Del lado del colaborador: entiende que en uniforme tú no eres tú, entiende que los clientes no están interactuando contigo sino intentando conectar con una empresa a través de ti. Be a great team player.

Domingo en Bellini.

«¿En dónde cenamos?», pregunté.

«Vamos al restaurante giratorio», dijo Diego.

Fer y yo reímos, pues queríamos algo cerca y rápido para irnos a morir a la cama luego de dos días intensos de trabajo en la #BMC2020.

Un Uber después llegamos a la Nápoles. Subimos los cuarenta y cinco pisos y nos sentamos en la mesa. Mi hijo volteó a ver el piano del lugar y con determinación se dirigió a él para regalarnos a todos los comensales un performance. El restaurante aplaudió todas sus canciones y nosotros no cabíamos de orgullo.

Uno de los mejores fines de semana de mi vida cerrado con broche de oro. Love and happiness.

Velocidad de escape.

A veces me comporto como The Godfather. Según yo. A veces soy Neo en The Matrix. No nos damos cuenta pero los productores de series y películas son en realidad destacados programadores de la sociedad. Piensa en la escena del niño y la niña en su primer beso en la película «My Girl». Nuestro cuerpo y emociones reaccionan de forma estandarizada ante lo que nos han apuntado que es algo tierno y romántico. Y estando en un café cosmopolita, un árabe, un europeo y tú van a conectar de forma similar al escuchar la canción principal del soundtrack. Mucha de la programación social disponible para nosotros allá afuera nos conviene y mucha no. En física hay algo llamado «velocidad de escape» que es cuando un objeto logra vencer la fuerza gravitacional de un cuerpo masivo. Si queremos una vida excepcional necesitamos sumar a diario decisiones que nos permitan alcanzar la velocidad de escape de la programación estándar de la sociedad. Esas decisiones son el equivalente de hacer ejercicio caminando/corriendo de espaldas, donde no te das cuenta de lo raro que se siente y la cantidad de miradas que puede atraer hasta que lo ejecutas. Utiliza tu otra mano para el smartphone. Di «NO» donde usualmente regalas un «SÍ» fácil. Reprográmate en lo banal primero y llévalo a decisiones superiores después.

Causa justa.

Uno de los puntos que más taladro al equipo de Waterhouse Center trata sobre lo que realmente estamos haciendo. La filosofía de nuestra existencia es combatir la pobreza en sus diferentes facetas. En estos años el caballo de Troya que hemos ocupado son los cursos de inglés. Y está bien. Necesitamos una herramienta para acceder al interés de la gente. En esta vida soy experto en muy pocas cosas en realidad, pero en esto del idioma, su psicología e implicaciones me puedo ufanar de un alto entendimiento del gran esquema de las cosas. Verás, el inglés no sirve de nada si mantenemos la misma mentalidad local de siempre. Es como ser genial programando en Python pero no querer abandonar el pequeño poblado de cinco mil personas donde vivimos: de muy poco nos sirve dominar las habilidades más solicitadas si no nos colocamos en posición de ventaja natural para explotarlas. ¿Qué tienen que ver los cursos de inglés de una empresa como Waterhouse con el combate a la pobreza? Antes de responder esto quisiera platicarte la importancia de escoger un problema visceral y atacarlo empresarialmente.

* * *

EL PROBLEMA VISCERAL

Como lo he compartido en varios artículos hasta el punto de hartarte, querida lectora, detesto la pobreza económica y mental. Cuatro décadas de experiencia dentro del problema, en la frontera del problema, afuera del problema, regresando al problema y escapando nuevamente de él me han regalado una perspectiva bastante práctica de sus características.

La pobreza mental es la más difícil de combatir. Esto es porque está encadenada a una serie de sentimientos y lealtades que se dan naturales hacia nuestro círculo inmediato. Si ganaste la lotería biológica y geográfica y naciste en una familia con vasta riqueza transgeneracional, genial. Tener propiedades, acciones y negocios es parte de tu realidad y tu núcleo afectivo seguramente te enseñará a lidiar cómodamente con este estilo de vida. El problema viene cuando no ganas la lotería que ya te mencioné y naces en condición de desventaja social. En estudio tras estudio queda demostrado que la movilidad socioeconómica hacia arriba de la escala es un asunto exótico.

En otras palabras: si nacemos pobres, lo normal es morir en las mismas circunstancias…

…a menos que inyectemos toneladas de determinación física, mental, intelectual y espiritual. Y como esto es más fácil de decir que de hacer, bueno, he ahí la razón por la cual nos resulta infinitamente más llevadero el asunto de la pobreza que intentar combatirla a muerte con todo nuestro ser.

La pobreza es mi enemigo número uno. Y la combato a muerte con todo mi ser.

Cuando intento determinar las razones específicas que me han ayudado a ganar varias batallas contra ella me topo una y otra vez con el asunto de la confianza.

Confío mucho en mis habilidades.

Y esto es bueno y es malo. Entre más ignoro un tema más confianza tengo en que puedo abordarlo. Cualquiera que haya lanzado un negocio y tenido éxito en él después de diez años sabe perfectamente esto: solemos llegar a estos resultados favorables no tanto gracias a los conocimientos que tenemos sino a nuestra bendita ignorancia inicial que básicamente nos da permiso para comenzar con el asunto.

¿Pero cómo instalar esto de la «confianza» en muchas personas? ¿Cómo hacerlo sistemáticamente?
¿Cómo «industrializar» el proceso? Y recordé el impacto que tuvo en mí aprender inglés en una buena escuela. Recordé la sensación de superioridad artificial al hablar este idioma cuando la mayoría de mis compañeros en la universidad no lo tenían en su caja de herramientas. Recordé que esto del inglés me había dado acceso a organizaciones internacionales, revista influyentes, personas importantes y libros trascendentales.

La pobreza es el problema. El inglés es la excusa. La confianza el objetivo. Waterhouse la herramienta.

De nuevo, en cámara lenta:

– La pobreza es el problema.

– El inglés es nuestra excusa.

– La confianza el verdadero objetivo.

– Waterhouse es la herramienta.

Quisiera decirte que soy un visionario, innovador y genio de los negocios. Me encantaría presumir algo así, pero la realidad es que todo esto que hoy te platico aquí no era nada claro en el principio.
Mi interés principal al fundar Waterhouse era hacer más dinero de lo que podía generar como trabajador. Fue con los años que comencé a entender la misión más elevada de la empresa y cómo encajaba esto con mi experiencia de vida. Más allá de eso, encontré ese enlace que siempre es sexy cuando lo que construyes sirve para que otros combatan pesadillas que tú ya superaste tiempo atrás.
Desde hace un par de años para acá veo a Waterhouse con ojos renovados. Es para mí un brazo derecho, un mecanismo poderoso para insertar en estudiantes, adultos, oficinistas y emprendedores la confianza que muchas veces no encuentran en su círculo para creérsela y aventurarse a hacer cosas con alto impacto.

Que si la pronunciación de tal palabra, que si tal regla gramatical, que si tal unidad del libro, que si la certificación no-sé-qué, todo eso no es parte de nuestro juego. Es importante y hay en el mercado quienes saben ofrecer mejores soluciones que nosotros para esos puntos.

Nuestra religión se basa en conseguir que nuestros colaboradores y clientes salgan comportándose con más confianza después de haber interactuado con nosotros. Que sepan expresarse mejor. Que sepan negociar un intercambio de ideas. Que sepan exponerse a desconocidos sin pena. Que sepan explorar nuevas tecnologías con curiosidad. Que sepan lidiar con extranjeros sin idolatrarlos. Que sepan inflar el pecho y creérsela para poder transmitir esa confianza a sus proyectos, a sus familias, a sus colegas y amigos.

* * *

EL GRAN NEGOCIO EN LA POBREZA

Esto de la pobreza es muy rentable para quien sabe lucrar con ella. Piensa en todas las tiendas departamentales que ofrecen créditos con pagos pequeños pero semanales y casi infinitos. La mayoría de la gente no piensa en términos porcentuales cuando ocurre un incremento de precios. Si la lata de Coca-Cola hoy cuesta once pesos con cincuenta centavos y ayer su precio era solamente de diez pesos, suelen minimizar el asunto argumentando que «uno cincuenta no es mucho» en lugar de entender que quince por ciento de aumento los ubica en posición de desventaja porque su salario jamás sube a ese ritmo. Ser pobre es caro. Velo en las comisiones de las escasas tarjetas de crédito disponibles para el sector económico más bajo.

Aparte de esta forma cínica de lucrar con la pobreza, creo que otra forma de ver el asunto es atendiendo ese mercado para quitarle el dolor a sus usuarios.

Sé de lo que hablo cuando hablo de pobreza económica.

Esa idea de que casi todo está fuera de tu alcance.

Ese estrés de no poder cubrir los gastos básicos.

Esa nota mental constante de ahorrar un peso aquí y otro allá para poder pagar el transporte de regreso a casa.

No sé, cuestiones en ese estilo.

Y es aquí donde veo a Waterhouse produciendo PADs. Personas de Alto Desempeño que con los años consigan salir de ese nivel socioeconómico limitado. Es un mercado inmenso el que existe allá afuera y que no lo sabe pero que nos necesita en su combate para subir de nivel.

Hoy son cursos de inglés lo que ofrecemos porque —como ya te lo expliqué— tal es la excusa que nos ha ayudado a posicionarnos para que el mundo nos entienda. Y lo hacemos muy bien. A nuestros clientes los incomodamos desde el principio para que hablen y hablen y hablen y hablen. No voy a presumir el gran nivel académico con el que egresan, pero sí la confianza que tienen para pararse frente a un griego, un japonés, un ruso, un canadiense y un árabe y lograr ser parte de una conversación medianamente fluida enfocada en el tema y no en el miedo a equivocarse.

Nuestros críticos se enfocan en lo académico como una métrica de que estamos haciendo las cosas mal. Y sí. Si nuestro juego fuera en la liga de las escuelitas de inglés donde todo se basa en quién pronuncia mejor, quién resuelve mejor los ejercicios, quién obtiene más certificaciones y quién comete menos errores en sus estructuras al redactar o hablar, bueno, definitivamente somos unos perdedores ahí.

Sin embargo, habiendo utilizado el inglés por todo el mundo y experimentado de primera mano interacciones y negociaciones con personas de todos los niveles en diversas circunstancias, te puedo decir que lo que menos les interesa es si puedes pronunciar perfectamente o si eres experto en los subjuntivos o si memorizaste quinientos verbos en pasado participio. He escuchado CEOs no nativos del inglés hablando en un inglés terrible en foros internacionales y sus empresas van para arriba por lo que están haciendo, no por su pronunciación. Se la creen en lugar de preocuparse tontamente por una buena nota académica.

Waterhouse está en el juego de atender a quienes quieren salir de la pobreza económica a través de eliminar la pobreza mental.

Hay mucha gente que quiere eso. Muchísima.

Y nosotros en Waterhouse los podemos abrazar. Te repito: hoy con el inglés, mañana con muchas otras propuestas más.

Un idealista podría preguntar qué va a pasar el día que no haya pobres. ¿Desaparecerá Waterhouse? Creo que siempre podremos ayudar a quien quiera pasar al siguiente nivel.

* * *

EL LLAMADO A LA TRIBU

¿Por qué te cuento todo esto?

Porque estoy buscando a quienes me van a ayudar a construir la siguiente etapa de Waterhouse. Necesito gente con visión para nuestra expansión nacional. Personas que hablen inglés muy bien y que puedan ponerse varios sombreros para ejecutar con precisión en diversas áreas. Gente que se la crea.
Socios, colaboradores y amigos me dicen que esto de contratar personas sin posiciones definidas es un error.

Tal vez.

Pero mis mejores resultados en términos de talento han venido de apuestas así: personas con gran actitud y confianza en la visión de lo que estamos proponiendo. Entran a la organización y luego ven y vemos en qué van a ayudar. ¿Es raro? Sí, bastante. Pero actitud y visión son cosas que no puedo instalar en alguien. Las habilidades específicas para ciertas posiciones sí.

Sé que hay otros como yo allá afuera. Me ha tocado ser alumno, maestro, coordinador académico, director y empresario en esto del inglés. Me ha tocado aprender de programación, marketing, diseño, recursos humanos, cuestiones legales, fiscales, administrativas y demás. He tenido que luchar por pasar de ser gerente nada más de mí mismo a ser gerente de equipos cada vez más grandes. Sé que hay muchas personas como yo allá afuera con ganas de contribuir a un problema visceral que nos quita oportunidades como país.

Hoy compré un libro que uno de mis mentores me recomendó hace un par de días. No lo he comenzado a leer formalmente pero en el resumen que encontré de él decía que para construir grandes empresas necesitamos entender que esto es un juego infinito, que no se trata de pensar en negocios que «ya tuvimos éxito» porque esto realmente no es así, el asunto nunca acaba. Evoluciona. Y una de las premisas que comparte el autor es que debemos tener una causa justa que nos motive a todos los involucrados para avanzar a pesar de las dificultades y el tiempo.

Eliminar la pobreza mental y económica me resulta una de las causas más justas en las que puedo meter mi tiempo, atención y dinero.

Y así lo he hecho y seguiré haciendo con Waterhouse.

But I need help.

If you’re up to the challenge, let me know: aaron@waterhouse.center.

Coraje artificial.

¿Cuánto coraje artificial consumes a diario? ¿Recuerdas las notas que hace quince semanas te tenían ofendido? ¿Y en qué va eso que te tenía indignado hace tres años? ¿Te dolería dejar de saber todo lo malo que está pasando en el mundo? ¿Qué es una adicción sino una fuerte resistencia a abandonar algo que nos hace daño? ¿Naciste pesimista? ¿En serio el mundo es hoy un lugar peor? No sé. Me asombra la gente digital virtuosa que tiene muy claras y definidas las sombras y luces de la humanidad. Me asombra que el coraje artificial que beben a diario no las empuje hacia las cosas que importan. Abandona el comportamiento de un virtuoso digital que hoy enarbola la gran causa de malestar del mundo para olvidarla mañana como fanático etéreo. No consumas coraje artificial. Crea una realidad fantástica.

La mayor cantidad de magia.

Competir con base (casi) exclusiva en el precio de nuestro producto o servicio es destruir sistemáticamente nuestro futuro empresarial. Esto del precio es sólo una dimensión de muchas posibles sobre las cuales podríamos pelear para anclar la preferencia del cliente. Esto del precio es una propuesta muy limitada. El otro día me topé con un letrero en un vehículo que rezaba algo así como «Easy Taxi, llama a (tal número)». Mi reacción fue un inmediato rechazo intelectual a la propuesta. Tener que llamar por teléfono o negociar vía WhatsApp para transportarnos es típico y aburrido. Tampoco es más sexy que ir por la calle tratando de encontrar una unidad desocupada que nos vea y le interese llevarnos a nuestro destino. Además —y aquí lo más importante— nadie se asombra con lo «fácil» hoy en día. «Fácil» es el estándar mínimo que esperamos en nuestras interacciones con los servicios y productos de nuestra modernidad. Lo que hoy nos atrapa es la magia. Queremos magia. Buscamos sacar el celular de nuestro bolsillo, oprimir un par de botones y que ipso facto se materialice en nuestra ubicación exacta un chófer amable del cual ya sabemos su nombre, experiencia, placas de auto y modelo de vehículo. Memoriza esto: los clientes esperan la menor cantidad de fricción y la mayor cantidad de magia en su experiencia con nuestros productos y servicios. De nuevo: los clientes esperan la menor cantidad de fricción y la mayor cantidad de magia. El precio ya no es suficiente. Lo fácil ya no es suficiente. Magia. Aprende a construirla y venderla.

Diplomado en Formación Social

Hoy después de seis meses finalicé el «Diplomado en Formación Social» al lado de nuevos amigos políticos y empresarios. Bastante interesante la exposición a conceptos centrados alrededor de la persona en la sociedad/empresa/Estado. Los instructores de gran nivel con un bagaje impresionante tanto teórico como práctico. Grandes debates con los compañeros y muchas reflexiones que he ido y seguiré compartiendo en mis notas. Recuerda que no tienes que estar siempre de acuerdo en todo para crecer pero sí exponerte descarada y continuamente a filosofías comprobadas para tomar lo mejor de ellas. 

Fragilidad y fricción.

Me ocurrió varias veces que perdí mi camino o confundí calles en distintas ciudades en Asia el año pasado. Dado que en todas esas ocasiones estaba paseando y no camino a una reunión importante —porque con eso no se juega, preparas como todo un pro tus tiempos y transporte(s) con precisión de lanzamiento espacial y listo— decidí inventarme un juego de resistencia personal que se trataba simplemente de no desenfundar mi smartphone para consultar mapa alguno. Una cosa es ser frágiles cuando sin querer no hemos estado expuestos a algún tipo de fricción —como experimentar un ambiente de guerra y espantarnos «fácilmente» la primera vez que escuchamos una bomba o un misil detonar— y otra es ser frágiles porque no nos entrenamos conscientemente para abrazar ciertas fricciones. La fricción. No la evites. Que sea algo que te entrene. Organiza una excursión familiar. Ponte al centro de un gran evento escolar. Lanza una fundación. Negocios. Cosas así que tengan cimas y valles extenuantes para el cuerpo y alma. Cuando rehuímos la fricción al primer asomo lo que hacemos es que no endurecemos nuestra capacidad de resistencia emocional. Lo de los mapas que te comento no es una cuestión que me haya dado una ganancia medible o inmediata. La idea es mantener firme el músculo de la necedad mental estilo «yo puedo solucionar esto, yo puedo regresar al punto determinado». Me gusta cuando se cruza ante mí un problema con combinación física e intelectual. Entiende que esto es de lo más poderoso para moldear tu personalidad. Minimiza la fragilidad. Piérdete y encuentra tu camino de regreso. Sé necio en estos mini-entrenamientos personales que no importan tanto para que esta actitud aflore naturalmente en ti el día que los intereses sean superiores.

Nivel excepcional.

Me gusta «coleccionar» amigos que convierto en mis mentores sin que ellos o yo asignemos tal título de forma abierta o directa. Ayer hablé con uno de ellos, un tipo genial que ha sido parte de la construcción de una powerhouse de tecnología. Lo admiro por su actitud y visión. Sabe de lo que habla siendo alguien que el año pasado vendió cien veces más de lo que yo pude poner en el mercado. Mi mentor pasó casi tres horas instruyéndome en un crash course sobre cómo escalar una empresa de alta tecnología sin morir en el intento. Casi todo se resume a enfocarse en lo que tú y yo ya sabemos que es lo más estratégico: personas, procedimientos y personalidad de la compañía. «Yo no conecto con eso (de las noticias, la política, que si la izquierda, que si la derecha), yo ando en otro mundo», me explicaba mientras yo asentía fuertemente porque pienso igual: no puedes crear cosas geniales si andas desenfocado y ofendido como todos con lo que hoy te dictan que debe ser un escándalo y olvidando el asunto mañana para ahora irritarte con el nuevo tema nacional/internacional del momento. El mundo importa y lo que ocurra en él nos concierne a todos, claro, pero es fácil indignarnos por cualquier cosa y muy difícil ponernos a hacer lo que tenemos que hacer a un nivel excepcional en nuestra trinchera. Gente como mi amigo y yo estamos en la arena de agregar valor a la sociedad con los servicios y productos que se nos ocurren. Entiende bien el juego en que verdaderamente estás. Y juégalo a un nivel excepcional.

Renaissance man.

La polimatía es insertarte profesional y profundamente en campos diversos y en ocasiones aparentemente inconexos. El multitasking es la habilidad de ejecutar varias actividades al mismo tiempo. Hay polímatas que hacen multitasking pero hay muchos más que no. El gran polímata por excelencia en la historia de la humanidad es Leonardo Da Vinci, quien se inmiscuyó en arquitectura, poesía, dibujo, coaching, estrategia militar, medicina y parece que en pintura también. Una definición romántica de esta personalidad es «Hombre del Renacimiento». Necesitamos muchos más de estos Renaissance Men que complementen la fiebre por la híper-especialización. Mucha gente piensa que lo opuesto a ser especialista es ser generalista (ya sabes, gente como yo que nos metemos a muchas cosas pero sólo a cierto nivel superficial). Un polímata es un experto (casi) especialista en varias áreas. No hay diplomas ni certificados para polímatas y quienes verdaderamente lo son nunca se presentan así. Son tipos «raros» y ser así es la única defensa genuina contra la incertidumbre de un futuro altamente dinámico.

Adictos a ofenderse.

No reacciones como todos. Fácil de entender. Complicadísimo de ejecutar. Quienes lo dominan, conquistan aquello que los demás no podemos visualizar al estar distraídos con minucias. Las redes sociales están diseñadas para atacar nuestros instintos más primarios. Esto no es porque sus creadores sean malvados sino porque hasta el momento el único modelo económico que ha funcionado en estos ciberexperimentos es éste de luchar por nuestra atención a toda costa para monetizarla con anuncios. No te estoy diciendo algo que no sepas, simplemente intento recordarte que nada de lo que te «aparece» en esta red es al azar. La idea es poner frente a tus ojos aquello que haga latir tu corazón, elevar tu deseo sexual, ofenderte con niveles casi de rabia o hacerte reír inconteniblemente, lo que sea que se necesite para que cuando salgamos un rato de la app nos ataque la ansiedad propia de los adictos a ofenderse con el drama del momento. Si quieres oportunidades genuinas en tu vida, puedes comenzar modificando tu comportamiento en línea y verás que «mágicamente» van a «aparecerte» nuevas cosas. Eso que te hace enojar —con toda la justa razón personal que tengas para justificar tu sentimiento— estúdialo como psicólogo/antropólogo. Analiza quiénes más son los que se enganchan con el contenido que te irrita y determina si homogeneizarte con ellos te va a impulsar al siguiente nivel. Ten presente que el algoritmo te está siempre empujando hacia cierto tipo de comunidad de pensamiento que después se vuelve una burbuja de la cual es bastante difícil escapar. Esa burbuja hace que te ofendas siempre por lo mismo, reforzando tu visión única del mundo en lugar de retarla. Para salir de ahí —regreso al principio— no reacciones como todos.

El siglo de la tolerancia al riesgo.

Uno de los conceptos más difundidos en el mundo de las inversiones es tener una canasta balanceada de acuerdo a tu personalidad. Si eres alguien bastante tolerante al riesgo, tal vez tener un porcentaje grande de tus apuestas en empresas potencialmente geniales pero actualmente pequeñas es válido para tu estilo de toma de decisiones. Si eres de los que necesitan mucha certidumbre para operar en este mundo, probablemente tu canasta se encuentra principalmente abarrotada de acciones en macro-fondos de inversión que ejecutan algoritmos ultra-complejos que no te interesan pero que te gustan en sus retornos (que no son nada del otro mundo pero sí constantes y claros). A lo que voy con esto es que pienses en esa canasta no como un asunto único de las inversiones financieras que tienes o quisieras hacer. Utiliza el concepto para entender cuán rápido podrías avanzar a nivel profesional/personal si por instantes ejecutas variaciones entre tu inclinación al riesgo y/o tu necesidad de certidumbre. Los extremos son malos en cualquier aspecto de la vida. No se trata de ser totalmente arriesgado y perder el pan que pones en la mesa para tu familia pero tampoco se trata de vivir jugando a lo seguro todo el tiempo porque, ¿qué crees?, nada es seguro todo el tiempo. Estos tiempos violentos premian a aquellos con un nivel de tolerancia más elevado que el promedio. Si quieres tener una mentalidad con ventaja competitiva no leas el periódico porque lo que ocurre es que tu percepción se uniformiza y por lo tanto se hace promedio y no genial. Mejor observa. Ve qué es lo que las grandes empresas y las personas en alto perfil están ejecutando. ¿Siguen construyendo sucursales? ¿Se están abriendo nuevas plazas comerciales en la ciudad? ¿Cuántas personas en tu círculo inmediato han perdido su empleo? ¿Cuántas han adquirido un nuevo vehículo/casa en el último año? ¿Te han dejado de invitar a fiestas y/o eventos suntuosos? Estos son indicadores genuinos de cómo van las cosas, no las notas de opinión diarias de personas con agendas propias. Haz que tu rango de decisiones sea más inclinado al riesgo a la vez que proteges tu flanco vital con decisiones orientadas a la certidumbre. Filtra el ruido del mundo y verás que mucho de lo que pensabas que era arriesgado no lo resulta tanto en realidad y que aquello que considerabas inamovible tampoco es totalmente así. Que tu canasta personal sea una dinámica.

Verás.

Este 2020 deseo que 

  • tomes decisiones más audaces,
  • consultes menos al mundo,
  • leas mucho más libros profundos,
  • hagas ejercicio incluso cuando no quieras hacerlo,
  • duermas bien,
  • sufras por menos tonterías,
  • converses de mejores temas,
  • viajes para expandir tu mente,
  • seas más nerd metiéndote a fondo en todo tipo de temas,
  • expongas más tus ideas en lugar de sólo consumir las de otros,
  • te pongas al frente de las cosas,
  • tomes aquello que llevas años esperando de forma pasiva,
  • inviertas sin tanto miedo para crear riqueza genuina,
  • domines el estrés de conversaciones difíciles,
  • vivas con mucho menos drama,
  • domines tu pena al ridículo para avanzar en cuestiones estratégicas, 
  • dejes de neuroentusiasmarte con cosas neurosuperficiales en la red social rica, red social pobre,
  • medites seguido,
  • participes decididamente en cursos caros y raros,
  • favorezcas el largo plazo en tus decisiones,
  • abandones las mismas reuniones con gente que no te reta para llegar al siguiente nivel,
  • te eleves en la visión de tus problemas,
  • que afrontes problemas bonitos estilo «no-sé-a-quién-contratar»,
  • desarrolles más dureza mental y disciplina emocional,
  • y que en general hagas lo que sabes que tienes que hacer.

Todo lo demás —los buenos deseos de salud, felicidad, dinero y etcétera— te comenzará a «fastidiar» en tu puerta conforme ejecutes los items accionables de arriba.

Verás.

Fuerte abrazo,

– A.

Fuerte, enfocado y emocionado.

Llegué a los cuarenta años de vida.

Aquí cuarenta notas muy personales divididas en quince cosas que me han ayudado, quince que me han estorbado y diez que han sido pura suerte.

* * *

Las quince habilidades, decisiones e ideas que más me han ayudado a crecer en la vida ›

[1] Leer como enfermo. Mi mente ha volado por todo el mundo, platicado con grandes personajes y se ha expuesto a las ideas más locas de la humanidad gracias a mi pasión por libros de todo tipo. 

[2] Comunicarme bien en inglés. Jamás pensé que esto fuera a ser un factor tan decisivo en mi vida. La confianza de poder hacerme entender en muchas situaciones de alto nivel es una que he hecho transferible a otras áreas de mi vida.

[3] Confiar en la gente. Hay mucha gente mala, envidiosa y en general nefasta allá afuera. Pero también hay mucha gente con gran potencial y buena vibra a la que no he hecho pagar por pecados de otros. Confiar bastante me ha dado dolores de cabeza pero son muchas más las cosas buenas que me ha traído al banquete.

[4] Favorecer el largo plazo. Antes de tener mi primer automóvil tuve mi primer negocio. Antes de tener mi primera casa tuve varios negocios. Creo que cuando las decisiones tienen todo el sentido del mundo en el corto plazo no conllevan en realidad mucho valor.

[5] Disciplinarme en cosas que importan. No soy el tipo más puntual del mundo. Si lo fuera, al morir nadie diría «qué puntual era Aaron». Y si lo dijeran, no importaría. Soy ambicioso y necio. Y me gustaría que mis hijos dijeran eso y lo copiaran. No puedes ser genial en todo, pero puedes tomar dos o tres áreas y asegurarte que si taladras suficiente en ellas el mundo se doblegue ante ti.

[6] Aprender por partes. Creo que he aprendido más de ingeniería electrónica en los últimos meses que todo lo que vi en la universidad al respecto. Creo que he aprendido más de negocios en los últimos años que todo lo que vi en la maestría. La vida es bastante limitada si pensamos que la escuela es el lugar donde uno aprende. Es un momento para ciertas cosas pero no es para nada el punto más álgido de una gran historia.

[7] Rechazar proyecciones psicológicas de otros. Solía tomar a pecho las opiniones pesimistas y en contra de mis ideas que personas de mi círculo me daban hasta que entendí que casi todo lo que uno expresa a los demás es en realidad un miedo que estamos poniendo allá afuera para que otros lo abracen en lugar de combatirlo nosotros mismos.

[8] Entusiasmarme con cosas raras. A mí no me apasiona la final de la Champions League. No es que sea algo malo, simplemente no estoy sintonizado con esa frecuencia. Me vuelve loco cuando la India está intentando alunizar, cuando un nuevo paper circula en el mundo de los nerds y genera un debate que tendrá reverberaciones en las siguientes décadas y así.

[9] Invertir fuerte en tecnología. Amo mi laptop, mi smartphone y mis suscripciones a servicios raros de startups nacientes que me hacen ultraproductivo en mi creación de contenido.

[10] Ser curioso genuino. He desarrollado la capacidad de platicar con personas de todo tipo y tocar temas que los hacen vibrar y profundizar por horas. Creo que todas las personas son interesantes, simplemente hay que saber hacer preguntas que nos lleven hasta ese punto.

[11] Exponer mi vulnerabilidad. He escrito sobre prácticamente todos los miedos que me atacan y las cosas que me fastidian. La pobreza económica en que crecí y la pobreza mental que tuve que combatir son temas que me han permitido conectar con miles de personas que ven reflejadas sus historias con la mía. Publicar de todo sin censura da miedo pero cuando conectas de esa forma con la mente de alguien, sabes que es genuino. 

[12] Adaptarme en tiempo real. Tengo amigos en todo el espectro político y religioso. Me considero un tipo moderado que todavía no entiende bien cuál es el sistema del mundo que le conviene defender a muerte. Admiro a las personas con convicciones casi maniacas que darían su vida por una ideología pero siento que mi camino no va por ahí. Mi duda natural ante lo que unos dictan como verdad me ha permitido acercarme y experimentar para abrazar o soltar por igual sin tanto problema.

[13] Abrir varios frentes de batalla al mismo tiempo. Esto me ha dado habilidades casi zen para soportar duras batallas psicológicas de decisiones difíciles casi todo el tiempo. Cuando te acostumbras a este estilo de vida pocas cosas te dan miedo. Es cansado, pero los «wins» son casi místicos. 

[14] Dejar las cosas realmente atrás. No soy nostálgico. No promuevo reuniones con gente que no he visto en veinte años. No necesito ver viejas fotos para recordar «años maravillosos». Tal vez es ser muy frío pero no veo grandes ventajas en estar aferrado a viejas relaciones, ideas, lugares o actividades que ya dieron lo que tenían que dar.

[15] Estudiar constantemente a las personas varios niveles arriba de mí. Solía criticarlas, envidiarlas, minimizarlas. Ahora anoto qué palabras usan, a dónde viajan, qué consumen, cómo se expresan, con quién conviven. Las he bautizado como PADs y analizarlas me ha impulsado a copiar descaradamente muchas cosas que me han acelerado.

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Las quince decisiones, actitudes o ideas que más me han estorbado para crecer en la vida ›

[16] Ser dramático. Pensar que el amor es un asunto con una persona y que cuando dejó de estar conmigo el mundo terminaba. Pensar que la culpa de mi situación era del gobierno, de mi familia, de alguien más hasta que decidí que yo podía moldear mi vida sin estar esperando a que fuerzas externas me ayudaran mágicamente.

[17] Ofenderme por cualquier cosa. Cuando nuestra sensibilidad vive al extremo, nuestra calidad de vida es lenta y triste. Leía sólo los periódicos que favorecían mi enojo contra el sistema y me reunía con personas que no retaban mi versión desenfocada. Ofendernos es rendirnos ante un reto emocional que si superamos, nos pone en otro nivel.

[18] Esperar la validación del mundo. No me sentía capaz de fundar una empresa de alta tecnología porque nunca obtuve el papel final de la universidad que me declara un ingeniero en toda regla. Luego entendí que lo que uno opina de sí mismo y lo que podemos lograr con nuestra vida puede ser fantástico si dejamos de depender de la aprobación de otros. 

[19] Pensar que mi aparente buen estado de salud y composición física a los quince o veinte años iba a durar para siempre sin esfuerzo. El ejercicio, la nutrición y la psicología son pilares para poder crear cosas grandes. Pero cuando tienes toda la maquinaria bien aceitada, pensar que se pueda descomponer luce como una pérdida de tiempo. No lo es.

[20] Aspirar a lo local. En un trabajo. En un negocio. En un salario. En una relación. Cuando mi mente estaba enfocada en competir por lo mismo que todos competían mis resultados eran patéticos porque la arena de juego estaba atascada. Cuando expandí el tablero encontré que podía destacar más rápido y con menos esfuerzo porque casi nadie considera aventar la piedra tan lejos ya que es «raro» y algo incómodo buscar hacer cosas fuera de lo común.

[21] Cuidar las sensibilidades de otros. Estar preocupado por si una pieza de contenido pueda ser malentendida por un ex-profesor, un colega, una amiga, una socia, un vecino, un familiar era algo que ralentizaba mi actuar. Preocuparnos por la manera en que otros van a interpretar el mundo es una excusa socialmente aceptada para esconder nuestro miedo a hacer lo que tenemos que hacer.

[22] Equiparar coincidencia geográfica con amistad. Pensaba que la gente con la que conviví varios años en la escuela o en el trabajo automáticamente tenían que ser mis amigos. Y no va por ahí. ¿Por qué forzar una relación cuando lo único que coincide es que compartimos un escritorio o un salón y no la mentalidad ni la visión? 

[23] Delegar sin supervisar. No entendía que la comunicación corporativa es un ejercicio tan complejo que sólo pocas organizaciones exitosas del mundo dominan. Creí que siendo lógico y explicando las cosas una sola vez la gente las entendería y actuarían con la visión sistémica necesaria para avanzar. Esto fue el equivalente de dejar a tus hijos adolescentes a cargo de la casa durante cuatro semanas y regresar esperando que todo siga intacto.

[24] Defender mis ideas sin agregar lo que gente emocional e intelectualmente inteligente intentaba decirme. Ser necio está bien pero también está mal. Lograr el fino y sabio balance entre aferrarte a tu visión y/o complementarla, reducirla o matarla por otros puntos de vista es un trabajo continuo para el cual no se puede uno preparar más que estando ya en el campo de batalla.

[25] Enfocarme en lo que me hacía lucir bien en lugar de lo que me hacía avanzar realmente hacia los objetivos. Por ejemplo, rentar oficinas costosas que no se podían justificar con los resultados de la empresa todavía. No se trata de operar en modo asceta todo el tiempo pero tampoco de operar como si los fondos fueran infinitos. 

[26] Confundir opiniones con consejos. Darme cuenta que mucha gente cercana no me puede realmente ilustrar en los temas de negocios que me voy involucrando porque jamás los han ejecutado con éxito realmente y por ello sólo tienen opiniones y aunque sean de buena fe, debo darle más peso a mis opiniones (porque yo sufriré los potenciales descalabros) y a los consejos de las rutas comprobadas de otros.

[27] Administrar sin sofisticación. Pensar que el dinero se maneja como cuando eres niño: tienes dos pesos y buscas enseguida cómo gastar dos pesos. No puedes crecer a nivel personal ni profesional si no eres estratégico y te llenas de expertos a tu alrededor para controlar el ejercicio de los recursos.

[28] Sobrevalorar las habilidades de alguien por la buena estima que le tenía. Las personas funcionan muy diferente cuando tienen una estructura armada a su alrededor para las actividades que su compañía les ha asignado a cuando tienen que inventar en tiempo real contigo una empresa e ir apagando fuegos a diario en áreas que jamás imaginaron. Si alguien es genial en su trabajo hoy eso no significa que la actitud y resultados sean transferibles a la aventura que estás emprendiendo.

[29] Favorecer el trabajo arduo en lugar de hacks para lograr el famoso ochenta-veinte del principio de Pareto. Pensar que más sudor, más horas y más dolor mi iban a llevar a la recompensa cuando en realidad ser más audaz, inteligente y experimentador era lo que me podía poner al frente.

[30] Enfocarme en métricas de vanidad en lugar de medir los resultados que realmente me importan. Los likes en mis artículos son irrelevantes. El número de contrataciones para conferencias, consultoría o nuevos clientes, inversionistas o colaboradores que generen es donde debe estar mi enfoque.

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Las diez situaciones que han sido pura suerte ›

[31] Crecer en los ochentas y noventas previo a la explosión del internet comercial. Esto me permitió apreciar al salto cuántico de un modo limitado a uno con alcances increíbles de información el cual mucha gente todavía insiste tontamente en usar de forma superficial.

[32] Ser alto. Esto me da ventajas psicológicas y sociales. 

[33] Papá comprando en mil novecientos ochenta y seis la primera computadora con la que interactué en mi vida. Esto me dio una gran ventaja competitiva durante muchos años con respecto a mis compañeros porque entendí conceptos como procesador de texto y hoja de cálculo mucho antes que los cursos de computación se pusieran de moda. La tecnología se volvió parte natural de mi existencia.

[34] Responder «inglés» cuando mamá me preguntó qué curso prefería tomar: «¿natación o inglés?». No soy buen nadador.

[35] Toparme con «The Four-Hour Work Week» de Tim Ferriss, aspirarlo como cocaína intelectual y sentir el llamado con ello a emprender.

[36] Comenzar a trabajar dando clases de inglés a la mitad de mis estudios universitarios para tener dinero con el cual invitar a mi novia del momento a salir. La experiencia de explicar de forma comprensible a personas de todo tipo y mantener su interés constante me ha sido de gran valía para muchas otras áreas más allá de lo académico.

[37] Estar en la sala de la casa cuando un vendedor de enciclopedias tocó la puerta de la casa, entusiasmarme y empujar a mis papás a comprar tres diferentes. Una universal, una de ciencia y otra con personajes de Walt Disney. Me tomó algunos años para leí todos los tomos e incluso hoy las recuerdo con cariño.

[38] Tener unos papás que me enseñaran con su ejemplo cómo superar adversidades con ecuanimidad y enfocados en el juego de largo plazo. Tener una hermana que me invitara a invertir en su idea de importar un contenedor de calcetines con dedos desde Noruega para distribuirlos en una de las tiendas departamentales más famosas del país en nuestros tempranos veintes y con ello perder un buen dinero pero ganar experiencia en llamadas de negociación, e-mails, tratos con la aduana y frustración con las ventas cliente por cliente.

[39] Tener hijos sanos que me hacen optimizar mi día para meter en él trabajo, ejercicio, convivencia y entretenimiento.

[40] Decidir un buen día crear una página de Facebook para publicar mis ideas en un momento donde nadie que no fuera un artista o político hacía eso y soportar la pena de no tener seguidores fuera de algunos locos de mi círculo cercano y con los años encontrarme lleno de interacción con geniales lectores que una revista o periódico jamás me podrían dar.

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What a ride!

Tengo una ligera idea de lo que viene. 

Pero estoy seguro que mucho de lo que sucederá me va a sorprender.

No esperaba exactamente esto que hoy vivo a los cuarenta cuando tenía treinta.

Tal vez se trata de seguir con la habilidad de sorprendernos y disfrutarlo.

Sigo fuerte, enfocado y emocionado por acá.

Photo by my crush. Thanks for everything, baby 😉

Ser raro.

Aprender cosas no directamente relacionadas con tu trabajo es parte vital de un trabajo bien hecho porque todas esas notas aparentemente inconexas tienen el enorme potencial de informar decisiones creativas más adelante. La innovación en tu ejecución no va a venir de un enfoque enfermizo en tu área sino de la absorción de temas dispares. Lee cosas «raras». Ve a eventos «raros». Platica de cosas «raras». Sé «raro». «Raro» significa que no estás familiarizado con algo, eso es todo. No es que esté mal o no sea importante. Ser raro te recompensa con creces en el largo plazo.

Leverage.

«Apalancamiento» es la traducción de «leverage». Cuando tienes leverage, tienes las cosas a favor en una negociación. ¿Cómo tener leverage con el mercado? Necesitas hacerte casi insustituible o de plano insustituible. Piensa que lo más poderoso que Elon Musk o Bill Gates tienen es su marca personal. Si mañana desaparecen de la faz de la Tierra, no podemos simplemente poner a otros tipos en su lugar para continuar con su trabajo. Esto conlleva también muchas presiones dado que hay un nivel de escrutinio público y responsabilidades asignadas superiores, pero son cosas que de cualquier forma tendríamos que desarrollar si queremos carreras profesionales exitosas al margen de una marca personal. Crear y expandir una marca personal duele porque recibir la atención de cabezas extrañas que giran a vernos es incómodo en el principio. Vaya que lo sé. Crear riqueza a través de la marca personal es algo que involucra un conjunto de habilidades que una vez dominadas te van a mantener a salvo por mucho tiempo: fabricar contenido, exponer tus notas mentales, crear equipos de trabajo, explicar y traducir conceptos de las áreas que vas dominando y demás. Recuerda que es complicado en nuestra infancia entender las ventajas de seleccionar una única profesión para enfocarnos en ella pues nos encantan muchas cosas. Con esto quiero decirte que no veas tan ridículo el potencial asunto de convertirte en un elemento con leverage al cual el mercado va a premiar por su autenticidad. No hay otra voz ni visión en el universo como la tuya porque tú eres tú. Y créeme, la forma en que abordas el mundo es una que le puede encantar a mucha gente.