Micro-juego.

No importa cuántas veces haya pedido a mis niños de dos y cuatro años que no entraran a mi oficina en casa “porque estoy trabajando”: siguieron haciéndolo. Esto fue lo más frustrante al inicio de la experiencia pandémica. Poco a poco he aprendido a beneficiarme de su micro atención a las cosas. Entran, sonríen y solicitan lo que sea que quieren que haga con ellos. Esto va desde hacerlos volar como abejas o aviones hasta bailar un vals o fingir que somos mejores amigas con nuestras muñecas Barbie. La de cuatro tiene todas las ideas: es una chiquita inteligente. El de dos le sigue la pista, sólo es un hermoso bebé. Micro-juego con ellos: jugamos a lo que sea que quieran pero solamente en pedazos de cinco minutos. Pensé que mi trabajo sufriría por las interrupciones, pero las pausas me energizan. Los tres somos los más felices. Luego regresan a lo que sea que están haciendo con mamá. Esto ocurre cada treinta o sesenta minutos y entre unas cinco y ocho veces al día. Micro-jugar me hace sentir como un buen padre. Es buena negociación: todos más o menos obtenemos lo que necesitamos. Por supuesto, no se puede vivir una dieta de micro-juegos todo el tiempo. Hacemos espacio para formas más largas de juego varias veces a la semana. Tampoco su aparición en mi oficina es siempre conveniente: necesito espacios de tiempo más largos para mi investigación y redacción. Sucede que a este confinamiento le quedan todavía varias semanas, así que tenemos que abrazar maneras originales de moldear nuestras interacciones. Los horarios y rutinas bien definidos del mundo pre COVID-19 han muerto. Es hora de pensar diferente. Y por cierto, usualmente leo muchos consejos para padres y escuela en casa, pero aunque la mayoría son buenos, usualmente no se mezclan realmente bien con el hecho de que estamos criando a los dos pequeños niños de los que ya les hablé más un adolescente. De cualquier forma, es bastante divertido cuando no es estresante. 

It doesn’t matter how many times I asked my four and two year-olds not to get into my home office “because I’m working”: they kept at it. This was the most frustrating thing at the beginning of this pandemic experience. Little by little I have learned to take advantage of their micro-span of attention. They get in, smile, and request whatever it is they want me to do with them. This ranges from making them fly like bees or airplanes to waltz dancing or pretending we are BFFs with our Barbie dolls. The four year-old has all the ideas: she’s a smart little girl. The two year-all follows her cue since he’s just a cute little baby. I do micro-playing: I play whatever they want but only in five minute chunks. I thought my work would suffer from the interruptions, but these pauses get me all energized. The three of us are the happiest. Then they get back to whatever it is they’re doing with mom. This happens every thirty or sixty minutes and between five and eight times a day. Micro-playing makes me feel like a good parent. It’s also good negotiation: we all kind of get what we need. Of course, we cannot live on a micro-playing diet 24/7. We make room for longer forms of playing many times a week. Also, their showing up in my office isn’t always convenient: I do need longer chunks of my own to do my research and writing. The thing is, this confinement is still many weeks on, so we have to embrace original ways to shape our interactions. The very defined schedules and routines from the pre COVIDー19 world are gone. It’s time to think anew. And by the way, I usually read a ton of advice on parenting and homeschooling, but although most of it is nice, it doesn’t really mix well with the fact that we’re raising the two little children I talked to you about plus one teen. Anyways, it’s really fun when’s not stressful.

Print Friendly, PDF & Email

¿Qué opinas? Únete a la conversación.