La religión de la certidumbre.

“Moonshot” es un término que viene de la carrera espacial de los sesentas. Se traduce como un objetivo o destino audaz. Un “loonshot” es una idea que no solamente es grande sino que resulta una locura siquiera intentarla. ¿Sabes dónde está el dinero? En los pensamientos que un día tienen como respuesta lógica para tratar de implementarlos “es imposible” y pocas horas después “va a ser muy complicado”. En ese paso de la muerte es donde están las oportunidades de negocios con excelente potencial de retorno.

No cualquiera puede empujar un loonshot. Se requiere gente con carisma y la fortaleza institucional necesaria para mover legiones y conseguir recursos. ¿Sabes por qué la mayoría de las personas que sueñan con ser líderes de negocio estilo película de Hollywood jamás podrán serlo? Porque a nivel personal y en cosas que Dios sabe que en realidad no importan no están dispuestos a tomar riesgos. No abandonan una empresa, una carrera, una idea, una casa, una relación, una sociedad por mil razones que tal vez son válidas. ¿Cómo van a poder afrontar la crítica despiadada de la prensa global cuando su idea inevitablemente se tope con los miles de obstáculos y fracasos necesarios durante su evolución?

He estado pensando mucho en ciudades, en cómo realmente no las necesitamos ya. Estamos ciclados. La tecnología existe para construir casas con impresoras gigantes de 3D, obtener energía de forma eficiente y purificar agua si tener que invertir millones en infraestructura. Se necesita una voluntad, filosofía e intelectualidad nivel Bezos para construir proyectos así.

He estado pensando en la universidad tradicional y cómo literal de la noche a la mañana tenemos la fantástica oportunidad de retirar el halo de misticismo y reverencia con el que la tenemos arropada para demostrar que no, no aporta mucho de eso que toda la vida hemos creído que sí. Moonshot o loonshot, whatever, duelen desde la consideración en lo intelectual y emocionalmente cuando valen realmente la pena. Abrázalos o no, pero entiende que el verdadero riesgo es la religión de la certidumbre.

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