La norma del futuro.

«No podemos hacer eso», dijo el ingeniero de Toyota cuando lo consultaron sobre la tecnología electrónica de Tesla. De acuerdo a algunas estimaciones de la industria, el hardware/software que utiliza la empresa de Elon Musk está a unos seis años de convertirse en el estándar automotriz. Resulta que los ingenieros de empresas como Volkswagen y demás no son tontos. Tampoco carecen de visión. El problema radica en que el ecosistema de refacciones que han creado a lo largo de décadas como parte imprescindible de su modelo de negocios los tiene atados a seguir iterando componentes y sub-sistemas que bien podrían ser sustituidos por algunos de los soberbios avances computarizados a nuestro alcance. Tesla no tiene una cadena de suministro de autopartes para sus clientes; no hace dinero con la venta de piezas y por lo tanto no tiene restricciones en empujar el diseño e ingeniería de sus vehículos hacia el extremo más optimizado. Sirva esta pequeña historia para darnos cuenta que todas las decisiones que tomamos a diario tienen solamente esas dos consecuencias: o son discretos pasos estratégicos que nos colocarán en posición de ventaja natural o son micro-sabotajes que entorpecerán nuestra libertad de movimiento. ¿Hay en tu vida algún equivalente de la obsoleta red de negocios de Toyota/Volkswagen que te impida ir más rápido? Ten el potencial de estar tan adelantado en tu mentalidad y ejecución que todos te consideren la norma de lo que debería ser el futuro.

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