Fuerte, enfocado y emocionado.

Llegué a los cuarenta años de vida.

Aquí cuarenta notas muy personales divididas en quince cosas que me han ayudado, quince que me han estorbado y diez que han sido pura suerte.

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Las quince habilidades, decisiones e ideas que más me han ayudado a crecer en la vida ›

[1] Leer como enfermo. Mi mente ha volado por todo el mundo, platicado con grandes personajes y se ha expuesto a las ideas más locas de la humanidad gracias a mi pasión por libros de todo tipo. 

[2] Comunicarme bien en inglés. Jamás pensé que esto fuera a ser un factor tan decisivo en mi vida. La confianza de poder hacerme entender en muchas situaciones de alto nivel es una que he hecho transferible a otras áreas de mi vida.

[3] Confiar en la gente. Hay mucha gente mala, envidiosa y en general nefasta allá afuera. Pero también hay mucha gente con gran potencial y buena vibra a la que no he hecho pagar por pecados de otros. Confiar bastante me ha dado dolores de cabeza pero son muchas más las cosas buenas que me ha traído al banquete.

[4] Favorecer el largo plazo. Antes de tener mi primer automóvil tuve mi primer negocio. Antes de tener mi primera casa tuve varios negocios. Creo que cuando las decisiones tienen todo el sentido del mundo en el corto plazo no conllevan en realidad mucho valor.

[5] Disciplinarme en cosas que importan. No soy el tipo más puntual del mundo. Si lo fuera, al morir nadie diría «qué puntual era Aaron». Y si lo dijeran, no importaría. Soy ambicioso y necio. Y me gustaría que mis hijos dijeran eso y lo copiaran. No puedes ser genial en todo, pero puedes tomar dos o tres áreas y asegurarte que si taladras suficiente en ellas el mundo se doblegue ante ti.

[6] Aprender por partes. Creo que he aprendido más de ingeniería electrónica en los últimos meses que todo lo que vi en la universidad al respecto. Creo que he aprendido más de negocios en los últimos años que todo lo que vi en la maestría. La vida es bastante limitada si pensamos que la escuela es el lugar donde uno aprende. Es un momento para ciertas cosas pero no es para nada el punto más álgido de una gran historia.

[7] Rechazar proyecciones psicológicas de otros. Solía tomar a pecho las opiniones pesimistas y en contra de mis ideas que personas de mi círculo me daban hasta que entendí que casi todo lo que uno expresa a los demás es en realidad un miedo que estamos poniendo allá afuera para que otros lo abracen en lugar de combatirlo nosotros mismos.

[8] Entusiasmarme con cosas raras. A mí no me apasiona la final de la Champions League. No es que sea algo malo, simplemente no estoy sintonizado con esa frecuencia. Me vuelve loco cuando la India está intentando alunizar, cuando un nuevo paper circula en el mundo de los nerds y genera un debate que tendrá reverberaciones en las siguientes décadas y así.

[9] Invertir fuerte en tecnología. Amo mi laptop, mi smartphone y mis suscripciones a servicios raros de startups nacientes que me hacen ultraproductivo en mi creación de contenido.

[10] Ser curioso genuino. He desarrollado la capacidad de platicar con personas de todo tipo y tocar temas que los hacen vibrar y profundizar por horas. Creo que todas las personas son interesantes, simplemente hay que saber hacer preguntas que nos lleven hasta ese punto.

[11] Exponer mi vulnerabilidad. He escrito sobre prácticamente todos los miedos que me atacan y las cosas que me fastidian. La pobreza económica en que crecí y la pobreza mental que tuve que combatir son temas que me han permitido conectar con miles de personas que ven reflejadas sus historias con la mía. Publicar de todo sin censura da miedo pero cuando conectas de esa forma con la mente de alguien, sabes que es genuino. 

[12] Adaptarme en tiempo real. Tengo amigos en todo el espectro político y religioso. Me considero un tipo moderado que todavía no entiende bien cuál es el sistema del mundo que le conviene defender a muerte. Admiro a las personas con convicciones casi maniacas que darían su vida por una ideología pero siento que mi camino no va por ahí. Mi duda natural ante lo que unos dictan como verdad me ha permitido acercarme y experimentar para abrazar o soltar por igual sin tanto problema.

[13] Abrir varios frentes de batalla al mismo tiempo. Esto me ha dado habilidades casi zen para soportar duras batallas psicológicas de decisiones difíciles casi todo el tiempo. Cuando te acostumbras a este estilo de vida pocas cosas te dan miedo. Es cansado, pero los «wins» son casi místicos. 

[14] Dejar las cosas realmente atrás. No soy nostálgico. No promuevo reuniones con gente que no he visto en veinte años. No necesito ver viejas fotos para recordar «años maravillosos». Tal vez es ser muy frío pero no veo grandes ventajas en estar aferrado a viejas relaciones, ideas, lugares o actividades que ya dieron lo que tenían que dar.

[15] Estudiar constantemente a las personas varios niveles arriba de mí. Solía criticarlas, envidiarlas, minimizarlas. Ahora anoto qué palabras usan, a dónde viajan, qué consumen, cómo se expresan, con quién conviven. Las he bautizado como PADs y analizarlas me ha impulsado a copiar descaradamente muchas cosas que me han acelerado.

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Las quince decisiones, actitudes o ideas que más me han estorbado para crecer en la vida ›

[16] Ser dramático. Pensar que el amor es un asunto con una persona y que cuando dejó de estar conmigo el mundo terminaba. Pensar que la culpa de mi situación era del gobierno, de mi familia, de alguien más hasta que decidí que yo podía moldear mi vida sin estar esperando a que fuerzas externas me ayudaran mágicamente.

[17] Ofenderme por cualquier cosa. Cuando nuestra sensibilidad vive al extremo, nuestra calidad de vida es lenta y triste. Leía sólo los periódicos que favorecían mi enojo contra el sistema y me reunía con personas que no retaban mi versión desenfocada. Ofendernos es rendirnos ante un reto emocional que si superamos, nos pone en otro nivel.

[18] Esperar la validación del mundo. No me sentía capaz de fundar una empresa de alta tecnología porque nunca obtuve el papel final de la universidad que me declara un ingeniero en toda regla. Luego entendí que lo que uno opina de sí mismo y lo que podemos lograr con nuestra vida puede ser fantástico si dejamos de depender de la aprobación de otros. 

[19] Pensar que mi aparente buen estado de salud y composición física a los quince o veinte años iba a durar para siempre sin esfuerzo. El ejercicio, la nutrición y la psicología son pilares para poder crear cosas grandes. Pero cuando tienes toda la maquinaria bien aceitada, pensar que se pueda descomponer luce como una pérdida de tiempo. No lo es.

[20] Aspirar a lo local. En un trabajo. En un negocio. En un salario. En una relación. Cuando mi mente estaba enfocada en competir por lo mismo que todos competían mis resultados eran patéticos porque la arena de juego estaba atascada. Cuando expandí el tablero encontré que podía destacar más rápido y con menos esfuerzo porque casi nadie considera aventar la piedra tan lejos ya que es «raro» y algo incómodo buscar hacer cosas fuera de lo común.

[21] Cuidar las sensibilidades de otros. Estar preocupado por si una pieza de contenido pueda ser malentendida por un ex-profesor, un colega, una amiga, una socia, un vecino, un familiar era algo que ralentizaba mi actuar. Preocuparnos por la manera en que otros van a interpretar el mundo es una excusa socialmente aceptada para esconder nuestro miedo a hacer lo que tenemos que hacer.

[22] Equiparar coincidencia geográfica con amistad. Pensaba que la gente con la que conviví varios años en la escuela o en el trabajo automáticamente tenían que ser mis amigos. Y no va por ahí. ¿Por qué forzar una relación cuando lo único que coincide es que compartimos un escritorio o un salón y no la mentalidad ni la visión? 

[23] Delegar sin supervisar. No entendía que la comunicación corporativa es un ejercicio tan complejo que sólo pocas organizaciones exitosas del mundo dominan. Creí que siendo lógico y explicando las cosas una sola vez la gente las entendería y actuarían con la visión sistémica necesaria para avanzar. Esto fue el equivalente de dejar a tus hijos adolescentes a cargo de la casa durante cuatro semanas y regresar esperando que todo siga intacto.

[24] Defender mis ideas sin agregar lo que gente emocional e intelectualmente inteligente intentaba decirme. Ser necio está bien pero también está mal. Lograr el fino y sabio balance entre aferrarte a tu visión y/o complementarla, reducirla o matarla por otros puntos de vista es un trabajo continuo para el cual no se puede uno preparar más que estando ya en el campo de batalla.

[25] Enfocarme en lo que me hacía lucir bien en lugar de lo que me hacía avanzar realmente hacia los objetivos. Por ejemplo, rentar oficinas costosas que no se podían justificar con los resultados de la empresa todavía. No se trata de operar en modo asceta todo el tiempo pero tampoco de operar como si los fondos fueran infinitos. 

[26] Confundir opiniones con consejos. Darme cuenta que mucha gente cercana no me puede realmente ilustrar en los temas de negocios que me voy involucrando porque jamás los han ejecutado con éxito realmente y por ello sólo tienen opiniones y aunque sean de buena fe, debo darle más peso a mis opiniones (porque yo sufriré los potenciales descalabros) y a los consejos de las rutas comprobadas de otros.

[27] Administrar sin sofisticación. Pensar que el dinero se maneja como cuando eres niño: tienes dos pesos y buscas enseguida cómo gastar dos pesos. No puedes crecer a nivel personal ni profesional si no eres estratégico y te llenas de expertos a tu alrededor para controlar el ejercicio de los recursos.

[28] Sobrevalorar las habilidades de alguien por la buena estima que le tenía. Las personas funcionan muy diferente cuando tienen una estructura armada a su alrededor para las actividades que su compañía les ha asignado a cuando tienen que inventar en tiempo real contigo una empresa e ir apagando fuegos a diario en áreas que jamás imaginaron. Si alguien es genial en su trabajo hoy eso no significa que la actitud y resultados sean transferibles a la aventura que estás emprendiendo.

[29] Favorecer el trabajo arduo en lugar de hacks para lograr el famoso ochenta-veinte del principio de Pareto. Pensar que más sudor, más horas y más dolor mi iban a llevar a la recompensa cuando en realidad ser más audaz, inteligente y experimentador era lo que me podía poner al frente.

[30] Enfocarme en métricas de vanidad en lugar de medir los resultados que realmente me importan. Los likes en mis artículos son irrelevantes. El número de contrataciones para conferencias, consultoría o nuevos clientes, inversionistas o colaboradores que generen es donde debe estar mi enfoque.

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Las diez situaciones que han sido pura suerte ›

[31] Crecer en los ochentas y noventas previo a la explosión del internet comercial. Esto me permitió apreciar al salto cuántico de un modo limitado a uno con alcances increíbles de información el cual mucha gente todavía insiste tontamente en usar de forma superficial.

[32] Ser alto. Esto me da ventajas psicológicas y sociales. 

[33] Papá comprando en mil novecientos ochenta y seis la primera computadora con la que interactué en mi vida. Esto me dio una gran ventaja competitiva durante muchos años con respecto a mis compañeros porque entendí conceptos como procesador de texto y hoja de cálculo mucho antes que los cursos de computación se pusieran de moda. La tecnología se volvió parte natural de mi existencia.

[34] Responder «inglés» cuando mamá me preguntó qué curso prefería tomar: «¿natación o inglés?». No soy buen nadador.

[35] Toparme con «The Four-Hour Work Week» de Tim Ferriss, aspirarlo como cocaína intelectual y sentir el llamado con ello a emprender.

[36] Comenzar a trabajar dando clases de inglés a la mitad de mis estudios universitarios para tener dinero con el cual invitar a mi novia del momento a salir. La experiencia de explicar de forma comprensible a personas de todo tipo y mantener su interés constante me ha sido de gran valía para muchas otras áreas más allá de lo académico.

[37] Estar en la sala de la casa cuando un vendedor de enciclopedias tocó la puerta de la casa, entusiasmarme y empujar a mis papás a comprar tres diferentes. Una universal, una de ciencia y otra con personajes de Walt Disney. Me tomó algunos años para leí todos los tomos e incluso hoy las recuerdo con cariño.

[38] Tener unos papás que me enseñaran con su ejemplo cómo superar adversidades con ecuanimidad y enfocados en el juego de largo plazo. Tener una hermana que me invitara a invertir en su idea de importar un contenedor de calcetines con dedos desde Noruega para distribuirlos en una de las tiendas departamentales más famosas del país en nuestros tempranos veintes y con ello perder un buen dinero pero ganar experiencia en llamadas de negociación, e-mails, tratos con la aduana y frustración con las ventas cliente por cliente.

[39] Tener hijos sanos que me hacen optimizar mi día para meter en él trabajo, ejercicio, convivencia y entretenimiento.

[40] Decidir un buen día crear una página de Facebook para publicar mis ideas en un momento donde nadie que no fuera un artista o político hacía eso y soportar la pena de no tener seguidores fuera de algunos locos de mi círculo cercano y con los años encontrarme lleno de interacción con geniales lectores que una revista o periódico jamás me podrían dar.

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What a ride!

Tengo una ligera idea de lo que viene. 

Pero estoy seguro que mucho de lo que sucederá me va a sorprender.

No esperaba exactamente esto que hoy vivo a los cuarenta cuando tenía treinta.

Tal vez se trata de seguir con la habilidad de sorprendernos y disfrutarlo.

Sigo fuerte, enfocado y emocionado por acá.

Photo by my crush. Thanks for everything, baby 😉

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