Espejos invertidos.

Uno de los principales problemas al molestarnos por la filosofía de vida de alguien es que solemos reaccionar primitivamente. Existe una vertiente que raramente consideramos cuando bloqueamos ipso facto el contenido de alguien que publica un comentario que resulta ofensivo para nuestro sentido del mundo. Es el reforzamiento de nuestra burbuja de desempeño, un espacio psicosocial en el cual nos sumergimos voluntariamente a diario para ser moldeados. Es nuestra realidad. Reaccionar intempestivamente cuando nuestro universo es violentado con notas, ideas y/o acciones fuera de nuestra muy personal ventana de Overton limita nuestra mentalidad. Es tan sólo lógico que si prohibimos las entradas de otros puntos de vista dolorosos, nuestra mentalidad se vuelve rehén del tamaño del área de juego donde ya de por sí se encuentra. En términos prácticos, mi consejo es que sigas de manera disciplinada a dos o tres personas cuyas opiniones logren constantemente enervarte sin problema alguno. No hagas esto con fines masoquistas sino de entrenamiento para tu ecuanimidad y ensanchamiento de tu criterio. ¿Por qué te molestan? ¿Cómo logran tocar esa fibra de tu niño interior tan profundamente? ¿De qué manera podrías abordar lo que dicen sin brincar enojado tan fácil y rápidamente? Yo soy una persona fastidiosa para muchos. Lo sé y lo acepto. Sería ingenuo creer que todos mis familiares, amigos, colaboradores y demás abrazan esto de #hackearlavida y mi «linda» personalidad sin criticarme. Si te sirve de consuelo, con los años he agregado a mi dieta diaria de consumo en redes sociales a varios personajes que me provocan este mismo efecto de desagrado con su lenguaje, visión y propuestas. Pero los veo como esos nodos a los que conecto para evaluar la fortaleza —o debilidad, ¿por qué no?— de mi pensamiento. Siendo justos en la perspectiva, lo que he creo firmemente es que no son enemigos sino espejos invertidos.

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