Escuelas Minecraft.

Solía preguntarme cómo había sido posible que Leibniz y Newton inventaran el cálculo al mismo tiempo sin conocer uno el trabajo del otro. Sucede que durante el desarrollo intelectual del mundo cierto tipo de ideas avanzadas comienzan a flotar en muchas mentes al mismo tiempo. Lo más adictivo del mundo son las ideas. Y también son los elementos que más fácilmente saltan entre un individuo y otro. Asimismo, la forma de procesar éstas y llevarlas a un puerto en común simplemente depende de una cuestión de probabilidad: entre más mentes privilegiadas se expongan a una uniformidad de ideas y problemas similares por resolver, es más factible que lleguen a respuestas parecidas. Pienso en todo esto porque ayer mi hijo de trece años me dijo que estaría genial crear un espacio en Minecraft donde sus compañeros y maestros pudieran acceder para tomar clases y que no fueran tan aburridas sólo mirando a la pantalla. Me encantó escuchar su conclusión y conectarlo con lo que he estado siguiendo al respecto en los últimos años. Le dije que esa era la tendencia que venía, que ya era algo imposible de parar. Se han hecho esfuerzos serios durante al menos dos décadas por crear mundos virtuales que vayan más allá del simple entretenimiento de videojuegos. Es una gran ventaja que hoy los burócratas que no son nada curiosos tecnológicamente hayan sido acorralados para tener que utilizar plataformas y apps de penúltima generación dentro de sectores lentos como lo suelen ser el de salud, educación y gobierno. Que quede algo claro: estas entidades NO se están poniendo a la vanguardia. Están apenas insertándose en lo estándar. Celebrarlo como un gran avance es como si en 2010 hubiésemos aplaudido a una empresa por abandonar sus máquinas de escribir eléctricas y comenzar a utilizar computadoras: llegan bastante tarde a la fiesta, ya estamos en otra frecuencia a punto de ponernos de pie e ir algo más, pero bueno, bienvenidos de todas formas. El punto es que pensar que vas a poder ofrecer una educación de calidad a veinte o treinta jóvenes que en teoría deberían estar concentrados fijamente en la pantalla y la sabiduría del instructor es inocencia, en el término más amable que puedo encontrar. Los slogans de las escuelas de la ciudad que ahora van a implementar el uso de Google Classroom y Zoom se verán como hace veinte años comenzó la moda de anunciar que tenían inglés entre sus materias: cuestiones que son lo mínimo que deberíamos esperar. El gran error que las escuelas tradicionales están ejecutando ahora que intentan insertarse en lo digital es querer hacer lo mismo que hacían presencialmente pero ahora con bits y bytes. ¿Por qué esa insistencia de dar clases a las siete de la mañana, por ejemplo? No hay manera de replicar la experiencia física de forma ganadora en lo virtual, así que mejor inventa una que sí sea ganadora nativamente en las computadoras. ¿Qué viene? Eso que dijo mi hijo, eso que los expertos ya vemos cercano: sesiones en espacios como Minecraft donde el profesor pone experimentos de física con pistones, explosivos, corrientes de agua, construcciones y demás. Interacciones filosóficas a través de voz y chat ahí mismo. Si quieres ser considerado frontera de la vanguardia en educación, comienza a entrenarte a ti y a tu equipo en estas cosas. Y si incluyes esto en tu campaña de marketing (“Sesiones en Minecraft”), los jóvenes te lo agradecerán y los papás que aplaudimos este tipo de ejecución te vamos a premiar. 

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