El tipo que siempre dejamos atrás.

Me senté a ver el mar mientras mi hija jugaba a unos metros con su niñera. Era una día nublado y a diferencia de los días típicos de mi ciudad, uno podía disfrutarla sin sudar. Eso hice exactamente. Una chica con escoba en mano me sacó de mis pensamientos cuando se acercó a preguntarme cuál era mi relación con la persona que estaba cuidando a mi niña en ese momento. Sonreí y no respondí la pregunta (esto me tomó años entender: obtén el control de las conversaciones no cediendo fácil y gratuitamente a dar información sin entender la verdadera razón de lo que te quieren preguntar). Le pedí que me contara a qué se debía su pregunta. «Es que estoy buscando trabajo», me dijo aliviada de poder encontrar una entrada en nuestra charla para expresar correctamente sus intenciones. Saber qué era para mí la mujer que cargaba a Julie era irrelevante, pero era la forma en que ella quería entender primero si yo necesitaba ayuda. Me explicó que quería un mejor trabajo que el actual en el servicio de limpieza pública. Volví a sonreír y le pregunté su nombre. Me lo dio completo lo cual me sorprendió. De cada cien universitarios/profesionistas que conozco personalmente al mes, sólo uno o dos saben presentarse de forma clara con nombre y apellido. Todos te dicen «Pepe», «Tita», en lugar de «José Rodríguez» o «Martha Ríos». Eso me gustó. Le dije a la chica que para hablar de potencial trabajo me enviara por favor un WhatsApp, que ahí era donde yo discutía esas cosas (estoy en el boulevard disfrutando la tarde, recuerda, controla las conversaciones). Apuntó mi número y se comprometió a enviarme un mensaje.

El mensaje llegó poco tiempo después. Muy bien redactado. Con acentos, comas, mayúsculas y minúsculas. Increíble. De cada cien universitarios/profesionistas que conozco personalmente al mes, sólo uno o dos escriben como se supondría que su nivel debería haberlo exigido ya. Hasta aquí la historia sobre el potencial trabajo de la chica.

Ahora quiero hablar contigo sobre las limitaciones mentales que no nos damos cuenta que tenemos. Si yo le hubiese pedido a esta chica que me enviase un mensaje de e-mail para aplicar a un puesto de trabajo conmigo probablemente se habría desanimado, pensando que «eso del e-mail» sólo es para quienes tienen «un título» o «para los que fueron a la universidad». Lo que ella no ve en su poder de acercamiento es que redactó su mensaje de una manera sobria que la hacía destacar en WhatsApp. En WhatsApp. ¿Quién destaca en WhatsApp? Nadie. Pero todo es cuestión del enfoque. No es lo mismo decir a alguien

«envíame un e-mail»

que

«ahí me dices en WhatsApp»

o

«nos texteamos».

De alguna manera, sentarnos en una computadora de escritorio, abrir Outlook, Gmail, whatever y tener una pantalla blanca para redactar en el teclado con todos los dedos como Dios manda genera una barrera psicológica.

Sacar el smartphone de nuestro bolsillo, usar los dos pulgares y enviar una nota rápida mientras esperamos en la fila de cobro del supermercado es fácil.

Pero ambas cosas son lo mismo visto desde la perspectiva del resultado final: un mensaje que comunique algo a alguien. Punto.

La chica que me pidió trabajo domina sin problemas el envío de un buen mensaje de correo electrónico. Pero no se visualiza así porque no se ha tomado el tiempo de pensar en dónde lo que ya hace puede ser también aplicado. Y esto es por dos razones: la primera es que cuando hacemos algo bien, raramente nos damos cuenta de ello porque para nosotros es natural, así ha sido siempre. La segunda es que como nadie a nuestro alrededor le da valor a eso que hacemos bien, pensamos que el resto del mundo tampoco le dará importancia. Y ese es el error: amplificar el mundo con base en la microrealidad ultralimitada que nos rodea.

No pienses en el mundo como una amplificación de la micro realidad limitante que te rodea. La gente depresiva hace eso: todo está mal en todos lados. La gente desconfiada hace eso: todos son malos en todos lados. La gente frustrada hace eso: nadie te ayuda en ningún lado. El mundo no es así. Lo que ocurre es que tu lámparita emocional sólo alumbra los mismos rincones de siempre.

El mundo a mi alrededor no aplaudía ensayos largos de negocios, tecnología, libros y otras ideas en Facebook. Pero el mundo por conquistar los recibió de brazos abiertos. Este es mi ejemplo personal.

No pienses que das clases bonitas de química en la preparatoria que te contrató. Piensa que sabes explicar de manera emocionante a la audiencia más difícil del mundo: los jóvenes. Si puedes explicar bonito, puedes vender bonito.

¿Otros ejemplos? Escribir bonito es enseñar bonito. Jugar fútbol bien significa tener agilidad física. ¿Por qué no tenerla mental? Ajedrez en el tablero. Tienes una gran reputación. ¿Por qué no aplicas ese pensamiento estratégico de forma genuina a la vida? Sacrifica cosas. Ten paciencia. Posiciónate para la batalla de largo plazo, no para hacer jaque mate en tres movimientos como niño entusiasmado de nueve años que está aprendiendo del asunto.

Piensa qué analogías hay en tu vida donde alguien te pide que le envíes un e-mail y crees que eso no es lo tuyo y sin embargo escribes mensajes de WhatsApp de alta calidad. Sólo es cuestión de equiparar «textear» con «redactar» en tu diccionario personal y ya tienes una nueva y genial habilidad para explotar.

A los universitarios con los que platico todo el tiempo se los digo hasta el cansancio: organicen eventos. Esto es porque este es el mejor entrenamiento para hacer negocios. Hacer un evento es frustración garantizada, falta de recursos, obtención de talento, fechas retrasadas, molestias de clientes, atención al diseño, empuje de la publicidad, reinvención de la idea original, adaptación a giros inesperados de la vida, etcétera. ¿Te suena familiar? Claro. Es lo mismo que a nivel empresarial. Pero si organizas un evento grande y crees que lo único que estás haciendo es organizar un evento grande, estás enfocándolo mal.

Si quieres comenzar un negocio pero crees que no vas a poder y eres una persona fitness que lleva quince años de pesas, varios Ironman en su cuenta, come sano, se siente bien, hace yoga y promueve este estilo de vida, ¿te digo algo? Ya tienes lo más importante: disciplina, amor al aprendizaje y resistencia al dolor. Todo eso es lo que necesitas para los negocios. Disciplina para mantener la mente en la meta de largo plazo. Ese abdomen no lo lograste en dos días. Amor al aprendizaje porque dominar todos los aparatos del gimnasio que dominas, las dietas que puedes recomendar, las posturas del cuerpo para tus rutinas y demás requirió meses de estudio y concentración. Y resistencia al dolor físico es algo que puedes transferir a tu mente para soportar los obstáculos inherentes al mundo de hacer cosas.

El asunto se trata simplemente de un twist consciente a lo que ya haces.

De nuevo: ¿qué cosas geniales haces que no te has percatado que son geniales porque las personas en tu círculo limitado no las aplauden? Utilízalas en otras áreas y verás cómo serán muy bien recibidas.

Redacta buenos e-mails.

Organizar eventos.

Inicia negocios.

O tal vez no te interesa enviar e-mails bien, ni organizar eventos grandes ni lanzar nuevos negocios.

Tú quieres subir de puesto, ganar más dinero, tener mejores prestaciones, ser más reconocido en tu industria.

¿Sabes cuáles son los profesionistas más sexy para las compañías modernas? Los que tienen un amplio rango de poder horizontal. Que «nacieron» en el departamento de logística pero ahora resuelven problemas del área comercial; que estudiaron ingeniería y aplican su proceso de pensamiento a resolución de retos educativos; que tienen experiencia de veinte años en finanzas pero se han esforzado en generar habilidad de management superior para ser útiles en muchos más aspectos. ¿Qué cosas haces en en el área en que estás que podrían ser muy valiosas a otros departamentos de la compañía?

Séamos útiles al tipo que siempre ignoramos. Séamos útiles al tipo que siempre dejamos atrás.

Nos hemos acostumbrado a ser útiles para nuestros papás, nuestras escuelas, las empresas que nos contratan, nuestro país y nuestro Dios.

Olvida eso y primero sé útil a ti mismo. Aprende a servirte a ti navegando de forma horizontal, con twists, explotando habilidades que llamas de una forma pero que tienen sinónimos que te pueden dar más.

No es hedonismo. No es egocentrismo. Si estás bien, puedes en serio ayudar al mundo.

Sé útil a ti.

-A.

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