El amor como una habilidad.

Conocí a Alain De Botton con «How Proust Can Change Your Life» y desde entonces soy gran fan. Ayer —a propósito de San Valentín— me topé con una muy buena idea de este autor: considerar que el amor no solamente es una emoción sino también una habilidad. Puedes apreciar el alto nivel de un filósofo moderno cuando con pocas palabras te pone a pensar. Y eso hice. Pensé en el miedo, en cómo también si ajustamos nuestra relación con él podemos llevar el asunto a una posición de ventaja. Digamos que las emociones son segunda naturaleza. Digamos que las habilidades no tanto. O no en el principio. Las habilidades tenemos que entrenarlas. Y «sentir» miedo a, no sé, exponernos públicamente, proponer proyectos al mercado, debatir un tema intensamente, es algo en lo que hemos entrenado de forma pasiva, permitiendo que el sentimiento se instale de forma primaria y descontrolada cada vez que nos topamos con situaciones así. Ahora, hacer del miedo una habilidad es cansado y desgastante porque requiere de nuestra práctica consciente para configurarlo. Primero es saber que está ahí. Segundo es decidir qué necesitamos que haga. «Siento miedo. ¿Qué necesito hacer con él? ¿Mantenerme pasivo? ¿Avanzar? ¿Reducirlo para poder dar unos pasos?». Tus respuestas son eso, tuyas. Esta técnica es aplicable en varias dimensiones. Hay habilidades que importan —regresamos al amor— pero que no practicamos mucho porque simplemente esperamos que emerjan de forma natural. ¿Pero y si pudiéramos activar el amor como una habilidad justo en el estilo en que rápida y automáticamente nos concentramos para ejecutar una maniobra automovilística complicada? De Botton explica que la generosidad y la tolerancia son más útiles en una relación que el romance, al que solemos dar un amplio espacio por costumbre y entrenamiento social. Dice que el amor es una forma de valentía para mirar los momentos más complejos en las vidas de otras personas y decidir interpretarlas con generosidad. Abrazando este nuevo marco de referencia, decido que voy a entrenar ciertas emociones de forma constante. Unas para impedir que se instalen en exceso. Otras para dar y conseguir más de lo que importa.

Dedicado con amor a Fer.

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