Cuando tu universidad no es Harvard.

De nada sirve leer libros con ideas geniales y regresar a la vida normal pensando que sí, está bien todo eso, pero aquí eso no se puede por esto y por aquello. Es como ver muchas comedias románticas y pensar que no, no hay absolutamente nadie en este mundo con quien puedas reír y pasarla fantástico en todos lados nada más porque sí.

Suelo platicar con muchos jóvenes que estudian en la universidad de la que egresé. Siempre les digo que ese lugar es maravilloso cuando nos permitimos aprender muchas de las cosas técnicas de sus diversos programas. Les advierto también que tienen mucho, mucho en contra al estar ahí. Y una de esas cosas es que se casan con la idea de que ahora tienen una «educación universitaria» y que eso es bueno, cuando en realidad no estamos calibrando bien el asunto. Me explico. Una educación «superior» siempre va a ser mejor a no exponernos a temas complejos, claro. Pero no todas las instituciones son iguales.

¿Cuántos de los profesores en nuestras universidades están produciendo podcasts, escribiendo artículos en su blog en inglés, viajando constantemente a eventos de alto nivel, lanzando compañías y aprendiendo sobre temas de alta tecnología independientemente de su área? Muy pocos. Mi alma mater no es Harvard, por mucho que la adoro. Y entender esto me ha dado la oportunidad de ir llenando todos esos espacios que no recibí en mi formación.

La mayoría de nuestros maestros son personas que buscan certidumbre y estabilidad en un empleo de tiempo completo. Son usualmente buenas personas, enfocadas en un entorno académico de estudio, enfoque y aislamiento social natural. Cuando consideramos sagrado todo lo que nos dicen o vemos su comportamiento como el pináculo del éxito profesional, bueno, nos quedamos con muchas zonas por desarrollar en nuestra personalidad y ejecución.

Estas son algunas cosas que nos sabotean y que aprendimos en nuestra universidad que no es Harvard:

[1] Pensar muy localmente. La meta es obtener un gran trabajo en la fábrica local más famosa porque «ahí pagan bien». No hay nada de aventar la mente para irnos a California a trabajar a Tesla o conseguir una práctica profesional en Spotify en Suecia. Esta mentalidad la aplicamos después cuando queremos abrir un negocio porque sólo pensamos en hacerlo en nuestra ciudad en lugar de diseñarlo libre de paredes geográficas.

[2] Ejecutar lento y en orden. Si te entrenas a que tienes seis meses para aprobar una materia y que todo ya está claro en cómo lo vas a lograr (con un gran proyecto, aprobando tres de los cinco exámenes, sobornando al profesor) pues te tomas los seis meses de forma tranquila y te entrenas en ser así, en lugar de desarrollar un sentido de urgencia que en el mundo profesional corporativo de alto nivel y en el mundo del emprendimiento tecnológico global son la norma.

[3] Hacer equipo con tus amigos. Jamás investigas cuáles compañeros de otras carreras o semestres que no conoces podrían ser geniales para tu proyecto. Sólo recurres mentalmente a solucionar cualquier cosa con los siete que conoces y que están disponibles para «armar el equipo». Esto lo llevamos más adelante donde no somos curiosos profesionalmente y por lo tanto no hacemos networking con otros departamentos de la empresa y mucho menos nos inscribimos a cursos raros de temas exóticos para nosotros donde podríamos generar serendipia que nos haga tener una red poderosa.

[4] Presionarnos con muy poco en nuestro plato. Llevamos cinco materias de las cuales dos tienen maestros estrictos y copiamos la narrativa de nuestros compañeros de que «es un semestre difícil» y no podemos hacer nada más. No hay manera de que insertes gimnasio, novia, idiomas, equipo deportivo, libros, organización de eventos y voluntariado en alguna organización porque es un «semestre muy difícil». De alguna forma mágica logras tener tiempo para ver miles de pendejadas en YouTube y Netflix y salir al antro a emborracharte y lucir tonto pensando que te ves galán y que vas a ligar. Y luego dices tonterías como que al egresar quieres emprender con una startup con una gran idea que tienes pero jamás te has entrenado en el verdadero ritmo de una startup que es así, con decenas y decenas y decenas de pelotas en el aire a diario que requieren tu atención.

[5] Esperar hasta egresar para ver cómo vamos a ganar dinero. Porque de alguna manera el orden ficticio que nos han implantado que es el correcto dice que primero «debes prepararte» y ya luego «salir al mundo». Todas esas son historias. Si tienes diecisiete años y ya sabes usar Tor para que tu papá no vea el acceso a tus sitios porno en el tráfico de la red Wi-Fi de tu hogar, ¿por qué demonios no estás vendiendo cursos, creando sitios, ayudando en apps, contribuyendo con código en GitHub, haciendo un portafolio en Bēhance, colocando tus skills al mejor postor en fiverr, vendiendo tickets en el cine local? Deja de creer esas tonterías de «es que lo más importante es el estudio y no queremos que te distraigas» que te dicen tus papis y abuelitos. No. Lo más importante es que te canses, estés incómodo y aprendas mucho en la edad en que tienes la energía física para hacerlo. 

Te quiero, querido universitario. Y desearía que alguien me hubiese ayudado a tu edad a expandir mi visión de la vida con palabras claras. A veces fantaseo en la cantidad de decisiones diferentes y ganadoras que habría tomado si en aquellos instantes hubiese entendido mucho de lo que ahora puedo ver.

Tú no fantasees.

No culpes a tu universidad porque no te está dando esto o aquello. Te da lo que puede y tiene. No culpes a tus maestros por no ser de cierta manera. Hacen una parte del trabajo. Es tu vida y para que sea genial debes tomar toda la responsabilidad de lo bueno y malo que hay en ella.

Ejecuta como todo un pro.

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