Cryptoshit.

El costo de enviar un meme a alguien al otro lado del mundo es prácticamente cero. Puedes compartir en cualquier momento cientos de pedazos de estas tonterías a conocidos y desconocidos. Como algo meramente anecdótico ha quedado la espera de horas/días de un emperador Azteca para enterarse de cosas importantes como —digamos— la llegada de los españoles. O la noción romántica de escribir una larga carta de amor en papel a un amante que vive en otra ciudad. El telégrafo nos regaló la posibilidad de la comunicación «instantánea» en un formato que hoy hemos sustituido por algo más crítico para nuestro estilo de vida: la comunicación en verdadero tiempo real. Piensas. Redactas. Oprimes un botón. Se envía el mensaje. Lo reciben. Redactan algo para ti. Te lo envían. Lo recibes. Sonríes. Todo en un segundo o menos. Sin sudar. Sin hacer un gran alboroto al respecto. Esa es nuestra normalidad. Ahora pensemos en el dinero. Estás en Argentina. Tu abuelo en Rusia quiere enviarte cash. Sus opciones son [a] una tortuosa transferencia bancaria vía código SWIFT; [b] usar algo costoso como Paypal o [c] eso que muchos van a saltar y promulgar como lo mejor de lo mejor: la cryptoshit. Por favor, no pongas a tu querido abuelo —setenta años, ex-cocinero en buques petroleros— en una posición de «noob» donde le pides que abra una «wallet» y que te envíe su «llave pública». Todas las opciones de arriba involucran quitarle combinaciones de tiempo y/o atención y/o dinero. Y el señor sólo quiere transferirte recursos para la nueva consola de videojuegos que necesitas en tu vida para ser feliz. Es curioso —por decir lo menos— que los tecnonerds del mundo resolvieron primero el «problema» de cómo enviar estupidez sin fricción antes que enviar recursos con costo cero. Bonito detalle. ¿Sabes? Cuando emerja la genuina posibilidad de transferir riqueza económica de la forma en que enviamos mensajes instantáneos, un resultado obvio será que el número de nuestras transacciones se irán al cielo. Antes de preocuparnos por el hecho del híper-consumo que esto va a generar, abraza el increíble ritmo de soluciones híper-rápidas que esto va a permitir. ¿Quieres ayudar a esta persona con cáncer de la que te acabas de enterar por un video de YouTube que tus amigos compartieron en su grupo privado de WhatsApp? Envía un dólar en tiempo real, sin fricción, respondiendo directamente al video. Redactas de forma natural o grabas una nota de audio con tu instrucción: «dona un dólar» en tono magnánimo. Y Siri o algún agente ya menos deficiente, se encarga mágicamente. Listo. Y no lo veremos como el futuro. Será nuestra nueva normalidad. Entusiásmate por cosas así, no por la cryptoshit.

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