Consecuencial e irreversible.

Traza esto en tu mente: en la parte superior del eje vertical encontramos la etiqueta «Irreversible». Obviamente en la parte inferior lo opuesto («Reversible»). En el extremo derecho del eje horizontal «Consecuencial» y en el otro «Inconsecuencial». Tal vez algún estudio serio pueda un día mostrar cómo se conecta la calidad de vida de una persona con su enfoque obsesivo en determinado cuadrante. Por ejemplo, que probablemente aquellos que ocupan más su TAD (Tiempo, Atención, Dinero) en actividades que son consecuenciales e irreversibles logran resultados más espectaculares que quienes deciden ahogarse en lo que es inconsecuencial y reversible. Como directivos debemos delegar todo lo que no es consecuencial-irreversible y en esa unión debemos enfocarnos para ser realmente estratégicos y no meros ejecutores. La adicción a temas que no tienen realmente consecuencia o que incluso si salen mal se pueden revertir es una de las líneas divisorias más claras entre bajo y alto desempeño. Ten en tu buffet interno de comportamiento este eje cartesiano y utilízalo seguido para evaluar el rumbo en que vas navegando tanto tu vida profesional como personal.

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