Causa justa.

Uno de los puntos que más taladro al equipo de Waterhouse Center trata sobre lo que realmente estamos haciendo. La filosofía de nuestra existencia es combatir la pobreza en sus diferentes facetas. En estos años el caballo de Troya que hemos ocupado son los cursos de inglés. Y está bien. Necesitamos una herramienta para acceder al interés de la gente. En esta vida soy experto en muy pocas cosas en realidad, pero en esto del idioma, su psicología e implicaciones me puedo ufanar de un alto entendimiento del gran esquema de las cosas. Verás, el inglés no sirve de nada si mantenemos la misma mentalidad local de siempre. Es como ser genial programando en Python pero no querer abandonar el pequeño poblado de cinco mil personas donde vivimos: de muy poco nos sirve dominar las habilidades más solicitadas si no nos colocamos en posición de ventaja natural para explotarlas. ¿Qué tienen que ver los cursos de inglés de una empresa como Waterhouse con el combate a la pobreza? Antes de responder esto quisiera platicarte la importancia de escoger un problema visceral y atacarlo empresarialmente.

* * *

EL PROBLEMA VISCERAL

Como lo he compartido en varios artículos hasta el punto de hartarte, querida lectora, detesto la pobreza económica y mental. Cuatro décadas de experiencia dentro del problema, en la frontera del problema, afuera del problema, regresando al problema y escapando nuevamente de él me han regalado una perspectiva bastante práctica de sus características.

La pobreza mental es la más difícil de combatir. Esto es porque está encadenada a una serie de sentimientos y lealtades que se dan naturales hacia nuestro círculo inmediato. Si ganaste la lotería biológica y geográfica y naciste en una familia con vasta riqueza transgeneracional, genial. Tener propiedades, acciones y negocios es parte de tu realidad y tu núcleo afectivo seguramente te enseñará a lidiar cómodamente con este estilo de vida. El problema viene cuando no ganas la lotería que ya te mencioné y naces en condición de desventaja social. En estudio tras estudio queda demostrado que la movilidad socioeconómica hacia arriba de la escala es un asunto exótico.

En otras palabras: si nacemos pobres, lo normal es morir en las mismas circunstancias…

…a menos que inyectemos toneladas de determinación física, mental, intelectual y espiritual. Y como esto es más fácil de decir que de hacer, bueno, he ahí la razón por la cual nos resulta infinitamente más llevadero el asunto de la pobreza que intentar combatirla a muerte con todo nuestro ser.

La pobreza es mi enemigo número uno. Y la combato a muerte con todo mi ser.

Cuando intento determinar las razones específicas que me han ayudado a ganar varias batallas contra ella me topo una y otra vez con el asunto de la confianza.

Confío mucho en mis habilidades.

Y esto es bueno y es malo. Entre más ignoro un tema más confianza tengo en que puedo abordarlo. Cualquiera que haya lanzado un negocio y tenido éxito en él después de diez años sabe perfectamente esto: solemos llegar a estos resultados favorables no tanto gracias a los conocimientos que tenemos sino a nuestra bendita ignorancia inicial que básicamente nos da permiso para comenzar con el asunto.

¿Pero cómo instalar esto de la «confianza» en muchas personas? ¿Cómo hacerlo sistemáticamente?
¿Cómo «industrializar» el proceso? Y recordé el impacto que tuvo en mí aprender inglés en una buena escuela. Recordé la sensación de superioridad artificial al hablar este idioma cuando la mayoría de mis compañeros en la universidad no lo tenían en su caja de herramientas. Recordé que esto del inglés me había dado acceso a organizaciones internacionales, revista influyentes, personas importantes y libros trascendentales.

La pobreza es el problema. El inglés es la excusa. La confianza el objetivo. Waterhouse la herramienta.

De nuevo, en cámara lenta:

– La pobreza es el problema.

– El inglés es nuestra excusa.

– La confianza el verdadero objetivo.

– Waterhouse es la herramienta.

Quisiera decirte que soy un visionario, innovador y genio de los negocios. Me encantaría presumir algo así, pero la realidad es que todo esto que hoy te platico aquí no era nada claro en el principio.
Mi interés principal al fundar Waterhouse era hacer más dinero de lo que podía generar como trabajador. Fue con los años que comencé a entender la misión más elevada de la empresa y cómo encajaba esto con mi experiencia de vida. Más allá de eso, encontré ese enlace que siempre es sexy cuando lo que construyes sirve para que otros combatan pesadillas que tú ya superaste tiempo atrás.
Desde hace un par de años para acá veo a Waterhouse con ojos renovados. Es para mí un brazo derecho, un mecanismo poderoso para insertar en estudiantes, adultos, oficinistas y emprendedores la confianza que muchas veces no encuentran en su círculo para creérsela y aventurarse a hacer cosas con alto impacto.

Que si la pronunciación de tal palabra, que si tal regla gramatical, que si tal unidad del libro, que si la certificación no-sé-qué, todo eso no es parte de nuestro juego. Es importante y hay en el mercado quienes saben ofrecer mejores soluciones que nosotros para esos puntos.

Nuestra religión se basa en conseguir que nuestros colaboradores y clientes salgan comportándose con más confianza después de haber interactuado con nosotros. Que sepan expresarse mejor. Que sepan negociar un intercambio de ideas. Que sepan exponerse a desconocidos sin pena. Que sepan explorar nuevas tecnologías con curiosidad. Que sepan lidiar con extranjeros sin idolatrarlos. Que sepan inflar el pecho y creérsela para poder transmitir esa confianza a sus proyectos, a sus familias, a sus colegas y amigos.

* * *

EL GRAN NEGOCIO EN LA POBREZA

Esto de la pobreza es muy rentable para quien sabe lucrar con ella. Piensa en todas las tiendas departamentales que ofrecen créditos con pagos pequeños pero semanales y casi infinitos. La mayoría de la gente no piensa en términos porcentuales cuando ocurre un incremento de precios. Si la lata de Coca-Cola hoy cuesta once pesos con cincuenta centavos y ayer su precio era solamente de diez pesos, suelen minimizar el asunto argumentando que «uno cincuenta no es mucho» en lugar de entender que quince por ciento de aumento los ubica en posición de desventaja porque su salario jamás sube a ese ritmo. Ser pobre es caro. Velo en las comisiones de las escasas tarjetas de crédito disponibles para el sector económico más bajo.

Aparte de esta forma cínica de lucrar con la pobreza, creo que otra forma de ver el asunto es atendiendo ese mercado para quitarle el dolor a sus usuarios.

Sé de lo que hablo cuando hablo de pobreza económica.

Esa idea de que casi todo está fuera de tu alcance.

Ese estrés de no poder cubrir los gastos básicos.

Esa nota mental constante de ahorrar un peso aquí y otro allá para poder pagar el transporte de regreso a casa.

No sé, cuestiones en ese estilo.

Y es aquí donde veo a Waterhouse produciendo PADs. Personas de Alto Desempeño que con los años consigan salir de ese nivel socioeconómico limitado. Es un mercado inmenso el que existe allá afuera y que no lo sabe pero que nos necesita en su combate para subir de nivel.

Hoy son cursos de inglés lo que ofrecemos porque —como ya te lo expliqué— tal es la excusa que nos ha ayudado a posicionarnos para que el mundo nos entienda. Y lo hacemos muy bien. A nuestros clientes los incomodamos desde el principio para que hablen y hablen y hablen y hablen. No voy a presumir el gran nivel académico con el que egresan, pero sí la confianza que tienen para pararse frente a un griego, un japonés, un ruso, un canadiense y un árabe y lograr ser parte de una conversación medianamente fluida enfocada en el tema y no en el miedo a equivocarse.

Nuestros críticos se enfocan en lo académico como una métrica de que estamos haciendo las cosas mal. Y sí. Si nuestro juego fuera en la liga de las escuelitas de inglés donde todo se basa en quién pronuncia mejor, quién resuelve mejor los ejercicios, quién obtiene más certificaciones y quién comete menos errores en sus estructuras al redactar o hablar, bueno, definitivamente somos unos perdedores ahí.

Sin embargo, habiendo utilizado el inglés por todo el mundo y experimentado de primera mano interacciones y negociaciones con personas de todos los niveles en diversas circunstancias, te puedo decir que lo que menos les interesa es si puedes pronunciar perfectamente o si eres experto en los subjuntivos o si memorizaste quinientos verbos en pasado participio. He escuchado CEOs no nativos del inglés hablando en un inglés terrible en foros internacionales y sus empresas van para arriba por lo que están haciendo, no por su pronunciación. Se la creen en lugar de preocuparse tontamente por una buena nota académica.

Waterhouse está en el juego de atender a quienes quieren salir de la pobreza económica a través de eliminar la pobreza mental.

Hay mucha gente que quiere eso. Muchísima.

Y nosotros en Waterhouse los podemos abrazar. Te repito: hoy con el inglés, mañana con muchas otras propuestas más.

Un idealista podría preguntar qué va a pasar el día que no haya pobres. ¿Desaparecerá Waterhouse? Creo que siempre podremos ayudar a quien quiera pasar al siguiente nivel.

* * *

EL LLAMADO A LA TRIBU

¿Por qué te cuento todo esto?

Porque estoy buscando a quienes me van a ayudar a construir la siguiente etapa de Waterhouse. Necesito gente con visión para nuestra expansión nacional. Personas que hablen inglés muy bien y que puedan ponerse varios sombreros para ejecutar con precisión en diversas áreas. Gente que se la crea.
Socios, colaboradores y amigos me dicen que esto de contratar personas sin posiciones definidas es un error.

Tal vez.

Pero mis mejores resultados en términos de talento han venido de apuestas así: personas con gran actitud y confianza en la visión de lo que estamos proponiendo. Entran a la organización y luego ven y vemos en qué van a ayudar. ¿Es raro? Sí, bastante. Pero actitud y visión son cosas que no puedo instalar en alguien. Las habilidades específicas para ciertas posiciones sí.

Sé que hay otros como yo allá afuera. Me ha tocado ser alumno, maestro, coordinador académico, director y empresario en esto del inglés. Me ha tocado aprender de programación, marketing, diseño, recursos humanos, cuestiones legales, fiscales, administrativas y demás. He tenido que luchar por pasar de ser gerente nada más de mí mismo a ser gerente de equipos cada vez más grandes. Sé que hay muchas personas como yo allá afuera con ganas de contribuir a un problema visceral que nos quita oportunidades como país.

Hoy compré un libro que uno de mis mentores me recomendó hace un par de días. No lo he comenzado a leer formalmente pero en el resumen que encontré de él decía que para construir grandes empresas necesitamos entender que esto es un juego infinito, que no se trata de pensar en negocios que «ya tuvimos éxito» porque esto realmente no es así, el asunto nunca acaba. Evoluciona. Y una de las premisas que comparte el autor es que debemos tener una causa justa que nos motive a todos los involucrados para avanzar a pesar de las dificultades y el tiempo.

Eliminar la pobreza mental y económica me resulta una de las causas más justas en las que puedo meter mi tiempo, atención y dinero.

Y así lo he hecho y seguiré haciendo con Waterhouse.

But I need help.

If you’re up to the challenge, let me know: aaron@waterhouse.center.

¿Qué opinas? Únete a la conversación.