Capa lógica desafiada.

Por ahí de 2002 un interesante fenómeno social comenzó a emerger en África. Cuando lo lógico y natural a nivel político resultaba buscar el desarrollo de la región con más comunicaciones tradicionales (líneas telefónicas fijas), la población abrazó mejor la idea de poseer dispositivos de telefonía celular. Esta tendencia se ha multiplicado sin parar en toda la región y hoy nueve de cada diez habitantes en los países de punta del área cuentan ya con un dispositivo para llamadas y acceso a internet. Conectado con esto, por ahí del 2005 la gente en China inició una aventura que hoy los ha catapultado a la vanguardia digital: el acceder a la web y sus servicios a través de dispositivos móviles como primera experiencia en internet. Cuando tú y yo tuvimos varias décadas de interacciones tímidas y no tanto con la computación personal (ya sabes, discos duros, monitores, teclados, diskettes, impresoras de matriz, etcétera), las personas en el gigante asiático estaban saliendo de un tremendo bache económico que no ponía estos aparatos como algo natural en sus hogares. Los chinos no tuvieron la necesidad de llevar la experiencia de un sistema operativo de escritorio a la pantalla de su smartphone. Tú y yo aprendimos a pensar en términos de carpetas, arrastrar archivos, renombrarlos, buscarlos con ciertos comandos y demás. La señora en Pekín que compra en la tienda de conveniencia usando su wallet en WeChat, que pide un taxi con WeChat, que paga sus impuestos con WeChat y que todo lo demás también lo hace con prácticamente una sola app, bueno, esta personita no sabría sobrevivir en una PC con Windows 95. No importa. Cientos de millones como ella saltaron este paso aparentemente lógico de «primero las PCs y luego los smartphones». Te platico todo esto hoy porque así como hay dos sociedades en estos ejemplos que abiertamente desafían la ruta que aparentemente es obvia, a nivel personal también es posible encontrarte con agradables sorpresas si te saltas algunas capas de desarrollo. Pienso en lo que me habrían dicho en mi universidad si hace cinco años hubiese regresado a preguntarles qué opinaban sobre mi idea de co-fundar una empresa de alta tecnología para desarrollar hardware y software en el mundo del Industrial Internet of Things trabajando codo a codo con Microsoft y teniendo clientes globales como Bosch, Bimbo y otros. La sugerencia más lógica que habría recibido iría en la vena de regresar a los laboratorios a hacer bien todas mis prácticas de electrónica y a obtener mi grado con una tesis profesional como Dios manda. En resumen: Africa desafió la idea de líneas telefónicas tradicionales, China desafió la idea de la computación personal y yo la idea de ser un genio académico para fundar empresas. Al igual que China y África, al desafiar la siguiente capa lógica en mi desarrollo encontré una agradable sorpresa que me colocó en posición de ventaja. Hay desafíos que valen la pena. El truco está en dominar los nervios para aventarnos.

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