Cambios radicales de contexto.

Por favor, no pienses que mi micro-fama me ha convertido en alguien altamente egocéntrico: ya era así desde mucho antes de iniciar con todo este asunto de #hackearlavida y demás. Trabajo a diario en evitar que mi ego me descarrile y puedo confirmar que —efectivamente— no es algo fácil. Tener miles de usuarios poniendo atención a mis ideas a diario es una droga interesante, por decir lo menos. Lamentablemente con la micro-fama asumo que siempre voy a encontrar lectores cuando asisto a diferentes tipos de eventos. Recientemente la vida me ha empujado a aceptar invitaciones bastante incómodas, de esas donde llegas a una sede y no conoces absolutamente a nadie y absolutamente nadie te conoce tampoco. Imagina la escena de entrar a una sala con unas dos o tres decenas de personas del mundo de las finanzas, alta tecnología y así. Todos platican como si fueran mejores amigos desde el p kindergarten y lucen en su elemento pasándola genial. Los cuellos giran y todos los pares de ojos voltean a verte con curiosidad, cócteles sofisticados en mano. Dios me partiría en dos con un rayo de forma merecida si en ese instante no activase mi modo PAD para solucionar el asunto. ¿Estoy nervioso? Claro, pero tomo el sentimiento como una señal para moverme, no para petrificarme. Camino con decisión hasta donde hay más gente (esto los desarma en términos de tener que desactivar sus miradas), mientras voy explorando para encontrar quién sirve los vodkatonics (que es una especie de espada-ayuda psicológica) y barro el lugar para encontrar al otro Aaron Benitez modo forever-alone que seguramente anda perdido en algún rincón. Es estadísticamente imposible que todos se conozcan perfectamente y se sientan naturalmente en su hábitat. Debe haber otros tipos nerviosos, perdidos, sin contactos. Por fin encuentro a uno de esos y me acerco armado con mi copa, lo saludo con una amplia sonrisa y un fuerte apretón de manos de esos estilo pre-paranoia al Coronavirus. Comienzo con una línea honesta de «no conozco a nadie por acá» en términos más cómicos que dramáticos para señalizar vulnerabilidad y enseguida le pregunto en qué anda. A todos nos gusta platicar sobre lo que hacemos, los proyectos que traemos. Iniciar en este tenor nunca me ha fallado para hacer nuevos amigos. La tarea es realmente escuchar al tipo, conocerlo e intercambiar números. Cien por ciento de éxito cada vez que he seguido esta fórmula. Al día siguiente le envío un mensaje de voz para agradecerle la conversación y darle seguimiento a lo que sea en que nos hayamos puesto de acuerdo. Listo. Esto de conocer personas es justo como cuando comienzas a fumar y a beber: conforme lo ejecutas más seguido se vuelve infinitamente más sencillo. Es un evento y todos saben que la idea es abrirnos. El siguiente reto es acercarte a un grupo de dos o tres, hacerlo con una sonrisa y escuchar atentamente al que está llevando la conversación. Cuando se te queden todos viendo, sonríes más y les dices en tono de disculpa y broma si te permiten estar ahí en modo chismoso/metiche. Esto les explica que no, no conoces a nadie del grupo, que no eres una amenaza y que no llegaste a secuestrar la conversación. Esperas, esperas, esperas y en cuanto tengas una oportunidad aportas la nota más inteligente que puedas. Pero sé paciente. Y aprende a escuchar. Y obtén todos los nombres —«perdón, ¿tu nombre?»— y repites trescientas veces el de cada uno. Luego tocas el hombro de uno de ellos y les dices que ha sido un gusto y que te retiras en busca de otro cocktail. Ya tienes dos, tres, cuatro caras que reconoces y te reconocen y la vida se vuelve así más fácil. Puedes regresar a ellos si no logras conectar con otros o puedes seguir haciendo el mismo ejercicio toda la noche. Estos cambios radicales de contexto donde mi micro-fama sirve para un carajo me han dado grandes oportunidades de negocios, posibilidades de inversión y sobre todo una red cada vez más diversa. Ve a eventos raros. Ve solo. Que sean fuera de tu ciudad. Desarrolla un músculo de salir de cada uno de ellos con sólo uno o dos buenos nuevos contactos. No quieras ser el alma de la fiesta ni dejar tus tarjetas de presentación impresas a todos. Nadie las guarda. Y en realidad esto ya no se estila mucho. Si a alguien le interesaste o te interesó, la manera moderna de interacción es intercambiar códigos QR para agregar el contacto directamente. En uno de estos eventos incómodos conocí al co-fundador de un unicornio —empresa de tecnología valuada en más de mil millones de dólares. Logro platicar a gusto con personas así siguiendo las técnicas que te describo aquí. Me dan algunos consejos y sus teléfonos y/o correos electrónicos. Después de esas conversaciones abandono inmediatamente el lugar, pues tal es la nota de victoria con la que hay que irse a la cama. Sé elegante, sé un francotirador y completa tu misión de forma estratégica en cada incómoda situación social.

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