Ajustar el microscopio.

Muchas cosas que nos resultan excéntricas son así sólo porque no hemos ajustado bien la visión que tenemos de ellas. Analizar un escupitajo en un microscopio puede lucir como una nube insondable pero con el ajuste adecuado se convierte en un entretenido paseo microbacteriano. Te digo esto porque solía sentirme ligeramente apenado por comprar versiones impresas de libros que ya tenía en formato digital y que incluso ya había consumido como audiolibros. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene si ya lo leí, ya lo entendí, ya lo tengo en un formato? Despilfarrador, sería la forma más precisa de referirme a este gasto. Con el tiempo llegué a la conclusión de que aunque tengo amigos en mi círculo, tengo muchos más fuera de él. Esos amigos son autores que celebro. ¿Cómo celebrar la existencia de alguien? Cuando la personita está en tu círculo es relativamente sencillo: vamos a su cumpleaños, le escribimos una bonita nota, le invitamos una agradable cena, pasamos tiempo genial a su lado, creamos cosas juntos. El truco viene cuando estos individuos no están en tu círculo inmediato, cuando son los autores que celebras pero todavía no conoces. La forma de aplaudir su vida es consumiendo más de lo que producen. Ayer recibí la llamada de un nuevo gran amigo que conocí apenas hace unos meses. Coincidimos en el extranjero, platicamos y nuestras mentes y visiones conectaron irremediablemente. Hemos estado en constante comunicación desde entonces. La admiración que tenemos por el trabajo y los logros del otro nos han empujado a buscar formas de conectar. Cuando te enganchas en una relación así, lo que ocurre es que buscas la manera de abrir más puertos. Enseguida nos sentimos incompletos si no nos agregamos mutuamente a Facebook, Twitter, Linkedin, si no nos llamamos ni buscamos oportunidades para convivir en alguna ciudad del mundo. Pregúntate por qué no replicar esto con esos amigos-autores fuera de tu círculo. Síguelos en redes, habla de ellos y compra el audiolibro, el libro digital y el libro impreso de su trabajo más reciente. Visto así, como una inversión en la amistad, el asunto deja de ser una excentricidad o un despilfarro y se vuelve lo mínimo que uno debe hacer para honrar una relación que nos aporta tanto que, bueno, concebir la vida ahora sin ella sería doloroso. La amistad como un negocio que nos exige conocernos físicamente es mentalidad limitada. Expande la visión. Ajusta el microscopio. E invierte fuertemente en amigos de tu círculo y —sobre todo— en los que están fuera de él.

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