Adiós Latinoamérica.

«¿Quieres trabajar para mí?», me preguntó Antonio al finalizar una reunión en Acapulco. Este amigo portugués fue mi mentor y jefe en The Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE). Enseguida respondí que sí, pues sabía que era un tipo digno de imitar. Como en aquellos tiempos yo era el chico IEEE Latinoamérica pensé que me necesitaba en asuntos de la misma índole. Ya sabes, “Ve a Bogotá y haz esto” o “Hay una reunión en Río y quiero que vayas”.

«¿Necesitas ayuda con algo de América Latina?», pregunté. Mi amigo dejó de teclear en su computadora —cuando los nerds hacemos ese gesto, dejar de hacer lo que sea que estemos haciendo, para voltear a verte directamente es que has dicho una reverenda estupidez. «Deja de pensar en América Latina. Piensa a nivel global», fue su respuesta.

Dos meses después comencé a sentarme en reuniones con tipos de Japón, Rusia, España, Estados Unidos, Marte, la Atlántida y Kriptón.

La frase de Antonio me ha definido muchas veces. No por la originalidad. Todos conocemos el famoso «Think globally. Act locally». Fue la combinación del contexto, el timing y la entrega del mensaje lo que me impactó. Años después decidí aplicar eso mismo de pensar global con mi blog. Tuve que dejar de pensar en mi mamá, en mi hermana, en mi ex-novia y mis amigos. Ellas eran Latinoamérica y era hora de pasar a modo aquí-estoy-mundo. Era hora de escribir para gente en Ciudad de México, Houston, Buenos Aires, Barcelona, Sidney, París, Vancouver y Frankfurt. Gente que no conocía y que sabía que me iba a leer tarde o temprano. Era hora de escribir para emprendedores y empresarios en revistas interesantes; científicos en centros prestigiados; chavitos universitarios de instituciones de nivel superior; mamás en sus cuarentas; adolescentes que me preguntan cosas impublicables; amantes del drama que no saben que son amantes del drama; modelos; geeks con blogs; chefs reconocidos; artistas y deportistas de alto rendimiento.

Esto siempre es lo más difícil: el cambio de mentalidad, creerte capaz de las cosas.

Verás, cuando tienes el filtro del temor social activado, lo que escribes no es muy relevante. Y no lo es porque estás escribiendo pensando qué va a decir tu papá o qué va a opinar tu amigo o qué puede malentender tu ex-profesor de química o qué será lo que diga la chica que estás tratando de enamorar.

Cuando escribes en ese estado mental altamente limitado, estás ejecutando así, de forma limitada. Escribir de forma limitada no es de pros. Dejé de pensar en todas las personas de mi entorno y decidí enfocarme en alguien que conozco muy bien pero que ya no me puede juzgar.

Así comencé a escribir cosas que le diría a Aaron Benitez de veinte años.

Sé cómo pensaba ese chico. Sé todos los miedos que tenía, las tonterías que estaba haciendo, y su mentalidad altamente limitada.

Decidí platicar con él a través de mis líneas y decirle lo que he ido aprendiendo en el camino hasta el día de hoy.

El consejo práctico aquí es que determines un tipo de lector ideal para tu material y escribas sólo para él.

El consejo práctico aquí es que te dejes de preocupar por lo que sea que tu gente cercana vaya a pensar de lo que escribas. Es tu arte, no el suyo.

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