Adictos a ofenderse.

No reacciones como todos. Fácil de entender. Complicadísimo de ejecutar. Quienes lo dominan, conquistan aquello que los demás no podemos visualizar al estar distraídos con minucias. Las redes sociales están diseñadas para atacar nuestros instintos más primarios. Esto no es porque sus creadores sean malvados sino porque hasta el momento el único modelo económico que ha funcionado en estos ciberexperimentos es éste de luchar por nuestra atención a toda costa para monetizarla con anuncios. No te estoy diciendo algo que no sepas, simplemente intento recordarte que nada de lo que te «aparece» en esta red es al azar. La idea es poner frente a tus ojos aquello que haga latir tu corazón, elevar tu deseo sexual, ofenderte con niveles casi de rabia o hacerte reír inconteniblemente, lo que sea que se necesite para que cuando salgamos un rato de la app nos ataque la ansiedad propia de los adictos a ofenderse con el drama del momento. Si quieres oportunidades genuinas en tu vida, puedes comenzar modificando tu comportamiento en línea y verás que «mágicamente» van a «aparecerte» nuevas cosas. Eso que te hace enojar —con toda la justa razón personal que tengas para justificar tu sentimiento— estúdialo como psicólogo/antropólogo. Analiza quiénes más son los que se enganchan con el contenido que te irrita y determina si homogeneizarte con ellos te va a impulsar al siguiente nivel. Ten presente que el algoritmo te está siempre empujando hacia cierto tipo de comunidad de pensamiento que después se vuelve una burbuja de la cual es bastante difícil escapar. Esa burbuja hace que te ofendas siempre por lo mismo, reforzando tu visión única del mundo en lugar de retarla. Para salir de ahí —regreso al principio— no reacciones como todos.

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