Cada cien, ciento cincuenta años.

En 1918 durante la Gripe Española (por la cual murieron cincuenta millones de personas en todo el mundo) el teléfono se presentó primero como una gran solución para que las personas en cuarentena no estuvieran aisladas. Sin embargo, la tecnología era de tal limitación que se requería una gran cantidad de operadoras para conectar las llamadas y bueno, las chicas que usualmente tomaban estos trabajos cayeron enfermas también. AT&T tuvo que enviar cartas a sus clientes pidiéndoles por favor que sólo utilizaran el servicio si era absolutamente necesario. Y la gente tenía que justificar su llamada al interactuar con una operadora para recibir autorización y conexión. El equivalente hoy es que Netflix y YouTube están bajando la calidad de su video para que internet no colapse. Hubo bodas telefónicas entonces y hoy hay bodas vía Zoom. La gente usaba tapabocas y bueno, muchos otros paralelismos interesantes. Ray Dalio dice que estas cosas nos toman por sorpresa porque nuestro corto rango de vida nos hace pensar que son únicas cuando en realidad son situaciones que vienen en ciclos cada cien, ciento cincuenta años más o menos. La buena noticia es que después de la terrible pandemia del siglo pasado la década de los veintes fue fantástica en términos de crecimiento. Get ready.

Telegramas desde Coronavirusland /3

Diego ahora construye piñatas con cajas viejas de Mercado Libre y Amazon. Alan especialmente las adora y disfruta pegándoles con cualquier palo que encuentra. Julieta ya pronuncia bien «coronavirus» en español e inglés y sabe que debido a ello no pueden ir a la escuela ni visitar a los abuelitos o a los primos. Fer ahora ahora estudia con MasterChef edición Colombia y nosotros ganamos a la hora de la comida con emplatados muy coquetos. Yo en reuniones virtuales con voluntarios para mi próximo proyecto en línea. Hoy sábado cumplimos tres semanas encerrados y es el primer día en todo este tiempo que los niños nos han permitido levantarnos tarde de la cama. Nintendo versión clásica nos ayuda a pasar el rato al igual que copiar ideas de madera en Pinterest. Atiendo a mis clientes de consultoría y coordino mil y un cosas con colaboradores y socios. En estos días amanezco para interactuar con un diseñador pakistaní y unos desarrolladores afganos que contraté. Los admiro porque responden «sí» todo el tiempo a mis solicitudes como si fuera lo más natural del mundo para ellos lidiar con clientes insoportables como yo que tenemos problemas de control y nos obsesionamos con minucias. Fer nos hizo pedicura a todos y de paso nos pintó las uñas de color rosa, gracias. Mucho calor. Sentimos que rompimos el código de la Matrix cuando descubrimos por fin el nuevo horario del camión de la basura. Tomo lecciones diarias de cualquier cosa en MasterClass y sigo bastante activo en redes sociales. Analizo si continuar o no con el borrador de un largo artículo semi-paranoico que no termino de redactar entre trastes, lloriqueos y una vida curiosamente sin movimiento pero bastante intensa a diario.

Chief Nosy Officer (CNO)

CNO: Chief Nosy Officer, the guy in charge of reading shit from all over the world, making phone calls and travel to ask about peculiar little things happening in remote cities on the other side of the planet and prepare a dramatic brief for the team back home to somehow get ready for unlikely scenarios. Not a futurist. This guy is not paid to plan for the long term or advise on policy. The job is to be indiscreet and paranoid.

Tres notas random.

Tres notas random ›

[1] El lavatrastes líquido Axion es el mejor. Hace años viendo «House of Cards» noté que el personaje principal tenía una actividad obsesiva totalmente desconectada de su profesión en la que se metía a fondo cuando necesitaba pensar sobre cualquier problema serio que tuviese frente a sí. Él boleaba zapatos o construía réplicas de famosas batallas a escala. A mí me gusta lavar trastes. Y estas últimas tres semanas lo he hecho usando varios productos. Confía en mi juicio experto.

[2] He gastado miles de dólares a través de los años en http://www.fiverr.com y http://www.upwork.com. Pero veo pocos latinos ahí (y la mayoría son venezolanos). La plataforma está dominada por pakistaníes e hindúes. Si puedes traducir documentos desde y hacia francés, chino, inglés, alemán, español, etcétera, si puedes hacer diseño gráfico, desarrollo web, configurar WordPress, mockups, renders, cálculos en Excel, redactar profesionalmente y estás sufriendo porque «no hay chamba», «nadie me quiere contratar», bueno, lo estás enfocando mal: no te estás poniendo en el marketplace ganador. Actualízate. Y hazlo rápido.

[3] No hay manera que muchos de nosotros podamos escapar del hecho de tener que estar frente a la computadora. No combatas este punto si lo que estás haciendo te permite poner pan en la mesa. Pero evita con todas tus fuerzas estar sentado mucho tiempo. Inventa un escritorio de pie agregando a tu superficie actual una silla baja, un banco, una caja, una pila de libros o algo en ese estilo. Si necesitas motivación, entiende que te estás entrenando en comportamiento #nivelPAD de Silicon Valley.

Espejos invertidos.

Uno de los principales problemas al molestarnos por la filosofía de vida de alguien es que solemos reaccionar primitivamente. Existe una vertiente que raramente consideramos cuando bloqueamos ipso facto el contenido de alguien que publica un comentario que resulta ofensivo para nuestro sentido del mundo. Es el reforzamiento de nuestra burbuja de desempeño, un espacio psicosocial en el cual nos sumergimos voluntariamente a diario para ser moldeados. Es nuestra realidad. Reaccionar intempestivamente cuando nuestro universo es violentado con notas, ideas y/o acciones fuera de nuestra muy personal ventana de Overton limita nuestra mentalidad. Es tan sólo lógico que si prohibimos las entradas de otros puntos de vista dolorosos, nuestra mentalidad se vuelve rehén del tamaño del área de juego donde ya de por sí se encuentra. En términos prácticos, mi consejo es que sigas de manera disciplinada a dos o tres personas cuyas opiniones logren constantemente enervarte sin problema alguno. No hagas esto con fines masoquistas sino de entrenamiento para tu ecuanimidad y ensanchamiento de tu criterio. ¿Por qué te molestan? ¿Cómo logran tocar esa fibra de tu niño interior tan profundamente? ¿De qué manera podrías abordar lo que dicen sin brincar enojado tan fácil y rápidamente? Yo soy una persona fastidiosa para muchos. Lo sé y lo acepto. Sería ingenuo creer que todos mis familiares, amigos, colaboradores y demás abrazan esto de #hackearlavida y mi «linda» personalidad sin criticarme. Si te sirve de consuelo, con los años he agregado a mi dieta diaria de consumo en redes sociales a varios personajes que me provocan este mismo efecto de desagrado con su lenguaje, visión y propuestas. Pero los veo como esos nodos a los que conecto para evaluar la fortaleza —o debilidad, ¿por qué no?— de mi pensamiento. Siendo justos en la perspectiva, lo que he creo firmemente es que no son enemigos sino espejos invertidos.

De autoempleo a verdadera empresa.

«Aaron, ¿qué debería estar sucediendo en mi negocio para que deje de ser un autoempleo y convertirlo en una verdadera empresa?» 

El fundador o los fundadores deben estar enfocados en tres cosas: conseguir capital, conseguir talento y conseguir atención. Esto es desesperante cuando estamos acostumbrados a vivir enfocados en la venta del día, la sonrisa al cliente para que nos compre, el post en Facebook para obtener prospectos y así. No puedes contratar a alguien que vaya a tener más interés que tú en conseguir capital, talento y atención para tu compañía pero sí puedes conseguir gente que atienda a los clientes, que te ayude con FB, que cobre, que coordine a los proveedores y etcétera. Nadie lo va a hacer tan bien como tú al principio y jamás serán perfectos como quisieras, pero con que ejecuten al ochenta por ciento de la forma en que lo requieres, eso es genial. Comienza por no ser quien abre y cierra el local. Comienza por no ser quien cuenta el dinero del día. «Es que me van a robar», «es que van a llegar tarde». Claro. La recompensa viene cuando a cada uno de los «es que» que te atacan con la ansiedad le encuentras soluciones como instalar cámaras, tener reportes automatizados, sistemas de cobro seguros y demás. Cuando empieces a dominar asuntos de este estilo que quitan tiempo y realmente no son estratégicos, estarás en la ruta de adquirir mentalidad empresarial. El siguiente paso es no ir un día al trabajo y medir el resultado. Luego no vayas tres. Después desaparece una semana. Ve al azar. Pasa más tiempo en eventos y reuniones que en cuidar cada corte de caja. ¿Da miedo? Claro. Hay que dejar que ciertas cosas malas pasen para lograr otras geniales. Así funciona esto.

Telegramas desde Coronavirusland/02.

Mamá e hijo mayor ya son carpinteros. Construyeron el equivalente a un edificio de departamentos de lujo para los hamsters y un terrario que parece auditorio para que la iguana dé conferencias magnas sobre qué lado masca y así. Le he dado clases de inglés al joven usando episodios de «The Fresh Prince» y le ha encantado el asunto. Ejercicio a diario. Puedo correr diez o cinco kilómetros sin mayor problema en esta etapa de mi vida pero media hora de la clase de zumba que intenté tomar me mató. Maybe next time. Consultoría simultánea a setenta clientes. Es fantástico esto de conectar a tanta gente. Mis lectores me escriben para preguntar cómo capitalizar en esta crisis pero la realidad es que muchos no están listos simplemente porque para aprovechar esta etapa necesitas haber construido algo antes (llámalo marca personal, negocio digital, un túnel de ventas, etcétera). Eso les digo y los animo a que construyan ahora cosas para la siguiente. Los niños aprendiendo a jugar más con los cientos de juguetes que tienen y menos p televisión. Mis socios tomando decisiones rápidas y estratégicas en nuestras empresas. Las crisis no generan carácter, lo revelan. Me encanta lo que ésta está revelando. Construimos mascarillas caseras con hojas del rollo de papel de cocina y ligas. Las usamos cuando algún técnico entra a casa (las cosas todavía se descomponen o necesitan mantenimiento). Lavamos todo a la perfección. Llevamos años comprando la despensa en línea pero es apenas que entendemos la bendición que esto es aunque ahora tardan literalmente una semana en surtirnos. Lavo trastes con mi laptop en YouTube y canciones en modo karaoke. Canto. La cantidad de platos y vasos que se juntan en pocas horas es increíble, parece que alimentamos a un pelotón. Si ajusto la visión, tal vez las cinco personas que somos ya calificamos como un pequeño ejército. Me gusta estar haciendo esto de pie por treinta-cuarenta minutos en la cocina dos o tres veces al día. Uso el tiempo para pensar y planear. Decidí lanzar mi universidad. Escribí al respecto y amigos y lectores me están contactando para levantar la mano. Hago ejercicio con mis tres hijos. Esposa y yo mantenemos la disciplina de la rutina donde dormimos a los tres cochinitos temprano. Eso sí, no nos perdonan la desmañanada diaria. He triplicado la producción de mi contenido diario. Creo que quien no esté acelerando su trabajo digital en estos días está perdiendo la oportunidad dentro de la pandemia. Esto apenas comienza, pero creo que ya estamos listos.

See the f big picture.

Te quedas en casa para que los hospitales no colapsen. Tu perspectiva individual de «me cuido para no contagiarme» y «estoy bien y todos con los que convivo están bien» te impide ver el panorama general: es probable que seas un portador sin síntomas y estés transportando el virus sin saberlo.

Eso de que sales a pasear y te pones un cubrebocas no sirve. Esto dio excelentes resultados en países disciplinados como Taiwán. Tal vez no lo sabes, pero para que el asunto funcione, TODOS tienen que traerlo puesto. Y éste no es el caso en México. La mascarilla sólo ayuda a que tú no contagies a otros, no evita que otros te contagien a ti.

Entiende que cuando andas en la calle, las suelas de tus zapatos y las llantas de tu auto se contaminan perfectamente del virus que alguien en un escupitajo dejó en el asfalto o en la banqueta. Luego llegas a ese centro comercial, restaurante, oficina o casa y lo esparces por todos lados.

Una persona con diabetes, un viejito, alguien así no se lava bien las manos durante al menos treinta segundos, se toca la cara y la boca sin pensarlo (como siempre lo hacemos) y, ta-da, muere.

Antes de morir, esa persona ocupa una cama de hospital por varios días, ventiladores para respiración y la atención de médicos y enfermeras. Multiplica esto por miles y miles y miles de pacientes graves y nuestro sistema colapsa en todos los sentidos catastróficos que gustes proyectar.

Ahora esa embarazada, esa persona que tenía una operación crítica de otro tipo, ese enfermo que estaba en cama por otra condición, ninguno de ellos reciben atención o recursos porque todo se redirige hacia la crisis en la que TONTAMENTE COOPERASTE porque no querías estar aburrido en casa. Porque Netflix ya te había hartado. Porque, güey, eso no es vida.

Ayer leí que si no estás encerrado con hijos menores de cinco años, no tienes derecho a quejarte. Muy cierto. Cero quejas. Y si los tienes, cero dramas.

Todo esto está ocurriendo a un ritmo exponencial. Tenemos que adaptar la forma en que procesamos las cosas a un modo más rápido para no quedarnos tontamente atrás. Algo es exponencial cuando hace que todos los gobiernos del mundo parezcan adolescentes inmaduros jurando algo un día y vociferando en tono aún más fuerte lo contrario menos de veinticuatro horas después.

Ve esta situación por lo que realmente es: la primera guerra para muchos de nosotros. Y hay muchas personas que quisieran ayudar pero no pueden encerrarse en su hogar por millones de razones válidas diferentes. Lo único que al resto de nosotros nos están pidiendo es quedarnos en casa. No mames. Es un precio ridículo soportar tu aburrimiento a cambio de poder combatir genuinamente este asunto.

Cuando debates a morir con tu círculo porque tú crees que tal equipo de fútbol es mejor que otro no te sientes mal por ser necio. Ni siquiera te das cuenta de lo ridículo que estás siendo. Bien. Ahora sé necio en algo que importa insistiendo en que todos a tu alrededor tomen esto en serio y actúen como pros. ¿Por qué debería darte pena insistir en algo que sí es trascendental?

El mundo ya está de rodillas. Ayúdalo a levantarse quedándote en casa. See the f big picture. Always.

Ligero pero poderoso.

Llevo años con intentos de lanzar una universidad. TAB University fue una de esas aproximaciones en su momento. Waterhouse Center me ha enseñado enormidades en términos de administración educativa. La nueva versión de mi idea es algo ligero pero poderoso. No se trata de entregar al final un diploma sino de taladrar efectivamente skills como la ecuanimidad, redacción profesional y creativa, diseño, mentalidad internacional, negociación, técnicas avanzada de lectura, inglés empresarial, marketing personal, emprendimiento B2C y B2B, nociones fuertes de tecnología, futuros, reclutamiento, actuación exponencial y management. En mi mente, los clientes pueden acceder desde una hasta tres materias al mes con contenido pre-establecido, sesiones en vivo conmigo y amigos expertos invitados. Hay un fuerte networking entre los participantes que son universitarios visionarios, profesionistas ambiciosos y emprendedores determinados. Tenemos foros para hablar de diversos temas de actualidad, libros, tenemos reuniones casuales y challenges para exponer lo que hemos discutido. Mucho del contenido en español pero sin hacer dramas porque algunas cosas estén en inglés. Una vez al año nos reunimos presencialmente al amparo de la BMC para cenar, convivir y tomarnos las selfies de rigor. Establecemos capítulos representativos en diversas ciudades. No tengo definido el nombre de esto, pero lo que sí sé es que cada vez el asunto me «fastidia» más y más en la regadera, en las pausas del Work-From-Home, al hacer ejercicio, en la cama. Trabajo con miles de personas a la semana en diferentes modalidades. Tal vez es hora de institucionalizar toda esta instrucción que hago. Pienso en mis críticos acérrimos que hablarían de las razones por las cuales otro esfuerzo de este tipo en línea ya no es necesario cuando existen tal, tal y tal que ya hacen esto pero pienso que no, que lo que hacen es limitado a profesiones/especializaciones técnicas y que eso está bien pero que lo que yo estoy proponiendo es algo complementario y necesario: ¿quién nos entrena fuertemente a ser ecuánimes? ¿a abrir el panorama? Mi idea no es ser una universidad llena de profesores teóricos sino de veteranos que se han partido el alma en la trinchera de hacer cosas y que regresan a hablarnos con la propiedad que las cicatrices regalan. Y empujar todo esto en modo casual, ganador, no premiando asistencias ni entrega de tareas sino aplaudiendo una ejecución efectiva y la actitud de alto desempeño. Caray, que hagamos las cosas con sofisticación y visión, de forma moderna, no en la modalidad de la vieja guardia que ya dió de sí. Necesito voluntarios para coordinar las iniciativas, paying customers, ejecutores veteranos y así. Ah, y un buen nombre para todo este asunto. Estoy en hola@aaronbenitez.com.

Emprendedor a empresario: claves.

«Aaron: en tu viaje como emprendedor y empresario, ¿cuáles fueron las claves para llevar tus empresas de un nivel promedio a un nivel pro?»

Hola, REDACTED. Honestamente creo que mucha gente ya tiene las herramientas intelectuales (esas «claves» que mencionas) para pasar de emprendedor a empresario. Han leído «Padre Rico, Padre Pobre» y otros libros en esa vena que explican de forma muy sencilla la mentalidad y el tipo de ejecución que se requiere para lograr cosas. Claves concretas:

– Dejar de poner atención a la gente que amo. Amar no debe ser equivalente de seguir sus instrucciones. Yo amo a mi mamá pero si por ella fuera, yo seguiría a mis cuarenta viviendo en su casa y me seguiría lavando la ropa. Mucha gente que nos ama no nos puede ayudar más allá de los aplausos a construir algo de nivel socioeconómico superior porque todavía no lo han descifrado ellos mismos. Nadie en mi círculo inmediato podía en su momento darme pasos concretos para ser empresario pues nadie lo era.

– Internalizar (razonar + ejecutar) a fondo lo que voy leyendo. Te decía al inicio de todo esto que mucha gente lee cosas que los podrían ayudar, se entusiasman, comparten las ideas con otros PERO no ejecutan lo que leen porque lo ven como algo bueno pero «para más adelante» o «eso no se puede en México» o «yo no podría porque no fui a Stanford como el autor» u otras excusas tontas así. – Hacer equipo. Desde la universidad me entrené en ejecutar proyectos grandes, ponerme al frente y delegar. El entrenamiento académico-social que casi todos tenemos es que «nuestro trabajo es importante» y con ello asumimos que lo tenemos que ejecutar nosotros. Siempre pregunto a mis clientes de consultoría o a participantes en mis workshops si les gustaría tener el nivel de Carlos Slim, responden que sí y luego les digo que no se están entrenando en ello si no pueden delegar el acceso a las cuentas de sus negocios. Les pido que imaginen lo ridículo que sería ver a Slim cargando sus tokens bancarios porque «no le vayan a robar». Nos entusiasmamos con hacks de negocios pero hacemos lo diametralmente opuesto. Yo evito eso.

– Ser muy directo. Cuando algo me molesta, cuando quiero algo, cuando necesito espacio/tiempo, lo digo, lo establezco. De forma amable, clara, pero firme. Mucha gente no sabe pedir cosas. Les da pena todo el tiempo. Sienten que van a «molestar», «interrumpir», etcétera. Esto lo aplico con familiares, colaboradores, socios, amigos, etcétera. En estos días me han llegado varias invitaciones de amigos para participar con ellos en mil y un ideas virtuales por el coronavirus y con cariño los rechazo porque quiero estar enfocado y aprovechar estas semanas con mis tres empresas (VERSE Technology, Waterhouse Center y TABC, The Aaron Benitez Company).

– Tener fuentes intelectuales de alto nivel. Yo no sigo el blog de un chico entusiasta de Bolivia que quiera decirme cómo crear negocios ni tampoco aplaudo al influencer con un video ultramotivacional que me dice cómo debo vivir mi vida. Yo leo la Harvard Business Review, compro libros de tipos que ya han construido lo que yo quiero hacer también, escucho sus podcasts, compro sus p cursos caros, voy a los eventos caros donde los invitan y demás.

En resumen: ejecuta en alto nivel, esto significa que ejecutes con fricción constante y críticas que cada vez se van a ir quedando más atrás. Todo mundo parece ser experto en negocios hasta que analizas y ves que no han hecho realmente mucho o casi nada al respecto. Sé un pro sólo poniendo atención a los pros.

La audiencia no importa.

«Hola, Aaron. Si estuvieras empezando a construir tu marca personal y no contaras con la audiencia que tienes actualmente…¿qué estarías haciendo en este momento de crisis para impulsar tu emprendimiento o negocio?»

Lo mismo que estoy haciendo y que fue lo que empecé a hacer para ganar audiencia: no enfocarme en ganar audiencia sino en ser poderoso y genuino con mis notas allá afuera. No me interesa ganar audiencia. Por eso no tengo un millón de followers. Conozco «influencers» con esa cantidad de seguidores que tienen que ponerse a vender sus productos en stands en ferias del emprendedor. Eso no es lo que yo quiero. No considero pro tener una multitud digital que no me ponga en una posición de ventaja en el mundo real. Me interesan PADs, personas que sean de bajo mantenimiento, que conecten fácil con mi filosofía y se entusiasmen con las cosas nerdosas con las que yo me entusiasmo. Me encanta leer sobre muchos temas y compartir pensamientos al respecto. Me tomo el tiempo a diario para redactar, grabar y publicar contenido. Lo veo como mi trabajo. Y creo que ese es el error de todos los profesionistas que conozco: no ven esto como un trabajo sino como algo «tangencial» o un «hobby» o una «buena idea». Si no abordas algo de forma profesional, no te puede dar los resultados de un profesional. ¿Qué haría? Te lo decía ya: lo mismo que llevo años haciendo, poniendo mi análisis de libros, ideas, personas, empresas, situaciones con mis palabras allá afuera, hacerlo constantemente y a partir de ahí ir filtrando a diario también a mi audiencia con mis mensajes. Aquí no hay fútbol ni política barata ni memes chistosos. No porque eso sea malo pero no soy yo y no voy a recurrir a lo fácil para tener mil o diez mil seguidores más. El enfoque nunca debe ser la audiencia sino el contenido. Enfócate totalmente en eso. Hazlo genuino, poderoso y constante.

This is f serious.

Hoy me preguntaron cuáles son «esas fuentes de alto nivel» que siempre estoy presumiendo que utilizo para informarme sobre el Coronavirus. Voy a compartir aquí una lista. Los encuentras en Twitter. Aprende a usar Twitter. Créeme, tiene mucha riqueza. Nada más que si lo usamos para seguir los pleitos tontos de la gente tonta de siempre, bueno, luce como un gran espacio de basura (y no lo es).

Estas fuentes son personas que llevo años siguiendo y que respeto bastante. Son inversionistas, emprendedores, estrategas y en general personas de negocios que tienen o han tenido cientos o miles de millones de dólares bajo su responsabilidad, que han lanzado empresas globales con cientos o miles de colaboradores, que viajan constantemente por todo el mundo, que son polímatas, filósofos que tienen un pensamiento orientado a lo matemático y a lo social al mismo tiempo.

Cuando a mediados de Enero de este año comencé a notar que la conversación de todos ellos estaba virando hacia una cuestión peculiar que estaba ocurriendo en China, fue que mi alarma interna se disparó. No son personas que les guste exagerar o que hagan un escándalo por tonterías. Son ecuánimes y están entrenados a analizar los datos antes de sacar conclusiones. Gente ordinaria como tú y como yo no somos muy buenos comprendiendo las implicaciones de un fenómeno exponencial y no basamos nuestra fe en lo que una hoja de Excel pueda claramente demostrar. Sin embargo, ellos por su entrenamiento y experiencia saben que algo fuertísimo viene (en negocios y biología) cuando los números comienzan a actuar bajo ciertos patrones ya muy conocidos. Es una tendencia que han observado muchas veces en las startups que han creado o en las que han invertido en las últimas décadas.

Los gobiernos son lentos por definición. Si los gobiernos fueran rápidos, habrían creado cosas como Google y Facebook por sí mismos. Y no es así. Se requieren personalidades intelectuales como las que te estoy describiendo en estos párrafos para sumar 2+2 mucho antes que los demás, tomar decisiones y soportar las críticas típicas por «exagerados» y demás. Ésta es la razón principal por la cual NO he basado mi comportamiento personal/familiar/empresarial en lo que un gobierno u organización dicten o recomienden. Entiende que ellas sólo ESTÁN REACCIONANDO, no anticipándose. Anticípate.

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Muchas veces no es lo que publican directamente sino que el valor lo encuentro en los tweets a los que dan like o lo que retweetean.

Pero, pero, pero el padre de todo el análisis genial en Twitter al respecto de esta pandemia es www.twitter.com/balajis

Recuerda: el problema no es que vayas a morir por COVID-19, es la cantidad de gente a la que infectamos sin saber al ser portadores y la saturación del sistema de salud al que vamos a llevar a la quiebra elevando con ello el número de muertes por el simple hecho de no querer quedarnos aburridos en casa, no lavarnos las manos de forma obsesiva, no entender que se transmite principalmente por las superficies y pensar que porque andamos con gel antibacterial + una mascarilla en la calle ya no pasa nada. Elévate en tu comportamiento. Sé una verdadera Persona de Alto Desempeño.

This is f serious.

Y no te lo estoy diciendo yo.

Telegramas desde Coronavirusland /01

Mañana sábado cumplimos una semana en cuarentena. El reporte con tres niños (dos, cuatro, trece años), mamá y papá: ya pusimos una canasta de basquetbol. La alberquita es perfecta para que se cansen y tomen una siesta después (bendito Dios). El mayor está aprendiendo a programar videojuegos con cursos que compró en línea y sigue practicando su piano. Arregla también las habitaciones por la mañana. Yo lavo trastes a diario. Mamá ha hecho pasteles con los niños y jardinería también. La iguana es la mascota favorita. La gatita de la casa ha intentado fugarse el par de veces que hemos abierto la puerta a la calle. Yo ejecuté algo radical que luego les contaré. He hecho ejercicio todos los días con mi hijo mayor mientras los otros dos se nos avientan considerando que al hacer flexiones los estamos invitando a una especie de juego nuevo. Hemos encontrado videos de baile para todos. Dormimos temprano. Nos levantamos igual. Tiene que haber una rutina o esto no va a funcionar. Mamá ha cocinado todos los días excepto ayer que nos regalamos cada quien nuestra comida favorita vía Uber Eats. He hecho cuatro transmisiones en vivo a mi audiencia, asistido a media docena de reuniones en Zoom/Hangouts, lanzado una consultoría grupal con más de sesenta clientes y filosofado con amigos en diversas ciudades. No he usado zapatos en seis días y me encanta. Hay mucho calor pero hay más actitud.

Costas que no esperábamos.

Eso que estás haciendo en estos días para pasar a modo remoto, a modo trabajo-en-casa, a modo «sigo con mis operaciones en línea y resuelvo como tenga que resolver aunque no tenga todo perfectamente resuelto en mi mente», eso se llama Producto Mínimo Viable y se abrevia MVP por sus siglas en inglés (Minimum Viable Product). El concepto MVP fue popularizado por Eric Ries en su monumental libro «The Lean Startup» publicado en 2011. Te confieso que durante años he tomado esta obra como referencia en pláticas con founders para ver su nivel de sofisticación Silicon-Valleyniana: no haber bebido a fondo la metodología de Eric es el equivalente a llamarte católico ultra-ortodoxo y no conocer bien la Biblia. Dicho todo esto, el concepto MVP es uno de esos románticos que se leen más fácil de lo que se pueden ejecutar. El asunto representa un parto del lento pensamiento académico tradicional donde todo debe llevar un orden prístino para alcanzar un resultado lógico. Con un MVP no hay mucho orden. La intención es abordarlo como un micro-experimento continuo, iterando a cada instante para ver hacia dónde nos lleva. Esto no es malo. Amazon, Netflix, Microsoft y otras en esa vena son empresas que se convirtieron en lo que son gracias a abrazar religiosamente el MVP y toda la filosofía alrededor. Probablemente la agitación mental más ruidosa que vamos a vivir en estos días a nivel social radica en ser rápidos-rápidos-rápidos para tomar decisiones, adaptarnos a las circunstancias, cambiar el rumbo sin mucho drama y terminar en costas que no esperábamos pero que nos convienen.

Creator stack.

«Stack» es una palabra que comenzó a popularizarse en términos del mundo de la programación hace ya algunos años. Se trata de un agregado con capas compuestas de diferentes herramientas, marcos de referencia, sistemas operativos, APIs y demás. La siguiente ocasión en que me topé con esto de «stack» en modo nerd fue con el concepto de «sleep stack» en una conversación con gente Silicon-Valleyniana. Resulta que en ese mundo preguntar cuál es tu sleep stack es algo tan socialmente esperado como hablar del clima en reuniones casuales. Las respuestas hablan del tipo colchón de alta tecnología, humificador, suplementos alimenticios, apps y demás que has adquirido para dormir como bebé. Bien. Todo eso es interesante y está bien pero hoy voy a hablar del «creator stack», eso que necesitas para recorrer todo el proceso de tu contenido de A a Z. Concretamente voy a compartir contigo mi creator stack: [1] necesito apuntar todo lo interesante que a diario se cruza en mi camino en Notes de mi iPhone. [2] Estas cosas interesantes salen en Twitter, en chats, en pláticas en vivo, en portales, en newsletters a las que estoy suscrito, libros que estoy leyendo o de repente en cosas que «de la nada» recuerdo o golpean mi cabeza. [3] Tomo capturas de pantalla, escribo palabras clave ahí o desarrollo un draft brusco que abandono inmediatamente porque el mundo sigue. [4] Cuando encuentro diez minutos «libres», me siento a revisar mi carpeta de «Ideas para artículos» y escojo alguno de los cientos de borradores. [5] Abro mi MacBook Pro —es una delicia escribir en estas porquerías— y [6] tecleo sin piedad en mi cuenta de wordpress.com. [7] Lo publico en hackearlavida.blog y leo una diez veces la pieza. [8] La edito varias veces y una vez convencido, [9] la comparto en mis redes sociales. Es un proceso sencillo, fácilmente repetible a cada instante (a veces publico dos o tres micro-ensayos en un día) y funciona porque así como tú, hay otros miles que aquí están consumiendo estas líneas. La última parte es la [10] administración de las oportunidades y monetización que puedes hacer dada una masa crítica de usuarios que quieren llevar la relación contigo a otro nivel. Listo. Creo que esto te puede servir. Ahora ve y ten un creator stack definido para moldear tu realidad.

Estocada decisiva.

El sistema educativo tradicional con el que hemos convivido toda la vida ha recibido una estocada decisiva en estos días. Eso está muy bien. Es sólo así que técnicas más nuevas y más optimizadas pueden tener una oportunidad genuina para emerger en el gran escenario del mundo. La enorme ventaja es que todas las ideas innovadoras que los gobiernos, padres y directivos propongan y pongan en marcha hoy van a tener la sombrilla perfecta para ser bien recibidas y ampliamente experimentadas. Respira profundo y absorbe esto a conciencia: escenarios educativos «locos» van a ser bien recibidos y ampliamente experimentados de la noche a la mañana. Un virus travieso y altamente equipado que brincó de un animalito vivo a un humano en un remoto mercado chino está logrando lo que decenas de instituciones, cientos de libros y miles de expertos no han podido jamás: coordinar el lanzamiento de una nueva etapa educativa mundial. ¿Quién va a poder criticar hoy al maestro que solicite a los padres de sus alumnos que utilicen canales de Slack para abordar temas, por ejemplo? Hay quienes llevan décadas evangelizándonos con notas sobre cómo todos podemos aprender de maneras diferentes, sobre cómo esto de los horrorosos horarios escolares es eso, una crueldad, sobre cómo resolver ejercicios en un libro no es garantía de nada y en general sobre cómo podríamos reimaginar las cosas que importan en nuestra existencia. Si entendemos que el entretenimiento es en realidad entrenamiento disfrazado (porque la mente procesa todo igual, como algo que tiene que aprender) es posible que estemos tocando el punto donde comencemos a utilizar masivamente smartphones y computadoras de forma más clara para llegar a objetivos profesionales concretos. Justo como hoy nuestros abuelos ya nos envían audio y video en WhatsApp sin mayor problema y hace diez, veinte años el asunto era un reto personal imposible de superar, así lucirá la educación el día de mañana y lo «normal» será una fantástica mezcla de procesos y herramientas que apenas unas semanas atrás habrían lucido exóticas.

Cada paso que estás dando.

Un CV no tiene como finalidad verdadera conseguirte un trabajo sino simplemente avanzar tu caso hacia una entrevista. Un pitch no tiene como finalidad verdadera conseguirte una inversión sino avanzar tu caso hacia una conversación productiva. Un libro no tiene como finalidad verdadera cambiar tu vida sino avanzar tu caso hacia una mentalidad expandida. Cuando no tienes claro cuál es el objetivo real de cada paso en el que te involucras, terminas frustrado y tratando de optimizar cosas irrelevantes. Tu CV jamás te va a dar un empleo, pero tú sigues buscando las imágenes, palabras e iconos perfectos para «destacar» en lugar de enfocarte en una narrativa genuina y poderosa con el entrevistador que es lo que sí te ha saboteado en tus intentos previos. Si un cliente te pide una reunión y esta es larga y llena de quejas sobre tu servicio, debes ajustar tu lente y entender que esto es bueno y necesario: está sacando su enojo en el lugar correcto y con la persona correcta. La meta aquí no es discutir con él ni querer ganar el argumento ni buscar «explicarle» lo que «no está entendiendo» de tu propuesta de valor, whatever. Esta sesión de molestia es una parte del proceso de re-enamoramiento en la cual te está informando que le rompiste el corazón, que tienes que trabajar fuerte en esto y que aún tienes una oportunidad (porque aquí está frente a ti, reclamando pero está). Este microensayo no te convertirá en cliente VIP de mi consultoría empresarial, su función es ser un ladrillo en la construcción de una relación que tú y yo por el momento tenemos de forma pasiva y virtual. Yo entiendo esto. Ahora ve allá afuera y entiende bien la finalidad verdadera de cada paso que estás dando.

Sobre la no-ficción.

La forma en que abordamos una actividad determina el resultado que nos va a dar. Al correr —mi actividad más intensa— lo hago con la mentalidad de que es realmente un entrenamiento mental más que físico. ¿Acaso esto es lo que me va a derrotar?, me pregunto en los momentos de cansancio extremo en mi recorrido. Ahora bien, lo que hoy me interesa remarcar contigo aquí va por el lado de la lectura de libros de no-ficción. Cuando ponemos en la misma canasta el hecho de entretenernos con «El Código Da Vinci» y adquirir una perspectiva soberbia con «Sapiens» perdemos en grande. No veas esto de leer con la lente de pobreza donde es un castigo o un hobby. Leer obras de no-ficción de alto nivel es un trabajo y entre más profesional seas al respecto obtendrás más resultados impresionantes y acumulativos. Si tratas algo tan estratégico como leer no-ficción en términos casuales y ocasionales nunca te vas a entender con aquellos que están ejecutando lo trascendental en este mundo. Si ya estás o planeas estar al frente de un negocio y no estás leyendo obras importantes de no-ficción todo el tiempo no estás haciendo bien tu trabajo. No te engañes. Resolver «bien» la operación del día a día te convierte en mero manager prescindible cuando deberías entender que la idea es que hagas eso y aparte aportes visión estratégica superior. Si tu campo de comprensión del mundo está determinado por dos libros estilo «Padre Rico, Padre Pobre» más lo que te encuentras en algún video en YouTube o memes de inspiración en Instagram más conversaciones con los mismos amigos de siempre, no estás siendo un profesional integral ni contigo ni con la compañía detrás de ti. Arriba se lee no-ficción de forma constante. Y se aborda el asunto como un trabajo profesional, no como un hobby ocasional.

Emprendedor turista.

No emprendas hasta que te hayan promovido en varias ocasiones de forma consistente en tu empleo actual. No emprendas hasta que hayas tenido gente a tu cargo con excelentes resultados. No emprendas hasta que tu reacción natural ante nuevas estrategias de los dueños sea curiosidad genuina y ejecución implacable en lugar de frustración crónica y sabotaje pasivo. No emprendas hasta que no te nombren como uno de los tipos más geniales de la organización en alguna reunión. No emprendas hasta que puedas tener conversaciones difíciles con amigos y familiares sin sudar. No emprendas si al conocer a personas con habilidades geniales lo primero que emerge en ti es envidiarlos en lugar de estudiarlos. No emprendas si no sabes activar a voluntad un modo social agradable para interactuar. No emprendas si crees que lo más importante de tu negocio es defender tu idea a muerte contra todo y todos —incluido el mercado. Entiende que hay días para emprender y hay días para no emprender. Entiende que no hay manera en que puedas ser un emprendedor genial si no eres un team player genial. Entiende que todo lo que no te guste hacer como colaborador en la empresa de alguien más vas a tener que hacerlo cien veces más seguido en tu negocio. Entiende que cuando emprendes por primera vez con la idea de dejar atrás a un «mal jefe» o una «mala empresa» lo que estás haciendo en realidad es patrocinándote un costoso curso ultra-intensivo de negocios en la vida real. Los emprendedores turistas ven fotos de empresarios aquí y allá y se emocionan. Tú tranquilo. Sé un emprendedor pro siendo primero un gran colaborador que construye algo magnífico en la cancha en la que le toca jugar hoy. El día de mañana cuando ese espacio te quede realmente chico, el mundo te lo hará saber sin pena. Verás.

Todo lo que (no) podemos cambiar.

La sensación de que hay demasiadas cosas que componer en el mundo es una que fácilmente nos lleva a la frustración. En una conversación reciente con amigos empresarios los escuché comenzar a hablar de las malvadas megaempresas de alta tecnología que desarrollan los dispositivos que vuelven tontos a los niños, los gobiernos que no regulan nada bien ni a tiempo, la sociedad que pierde aceleradamente sus valores y etcétera. No estoy en contra de estos puntos, pero algo en lo que intento entrenar a diario es dejar de aventar culpas a diestra y siniestra. Comencé mi perorata diciendo que somos seres altamente sensibles que nos encanta activar nuestro radar para encontrar ofensas en cualquier rincón posible y que la tecnología empoderada por internet nos permite justamente esto: localizar en tiempo real esos puntos neurálgicos que activan nuestro enojo artificial. Enojo artificial: aquello que has decidido que está mal porque así te lo han taladrado sin piedad y que sientes que debes combatir con cuerpo, corazón y alma pero que probablemente hace doscientos años era normal y que probablemente dentro de cien volverá a serlo —piensa en temas como el alcohol, las drogas, la poligamia (en ambos sentidos) y etcétera. Lo que te enoja te controla. Luego de ubicar todos los puntos incorrectos del mundo, tratamos de conseguir algún mapa que nos guíe para componer a la sociedad pero nos damos cuenta de lo minúsculo que resulta nuestro potencial impacto individual. Y entonces nos paralizamos y hacemos nada (positivo). A mis compañeros de la reunión les comenté que teníamos que poner en perspectiva nuestra posición: que somos personas con empresas, con colaboradores, socios, familias y amigos que constantemente voltean a ver nuestro comportamiento. Estas personitas moldean su comportamiento ante el mundo en mucho considerando lo que gente como nosotros hacemos (o no). Tenemos que darnos cuenta de la ligereza con la que propagamos un bajo desempeño gracias a las benditas redes sociales. Nos encanta ir viendo cómo nuestros feeds nos alimentan con temas que activan el núcleo de cada una de nuestras mitocondrias. ¿Cuáles suelen ser típicamente nuestros siguientes pasos en automático? Comentar con coraje no para encontrar un punto medio sino para atacar, compartir para difundir nuestra rabia y al final engancharnos sin control como cualquiera lo haría. Y justo eso es lo que nos convierte en cualquiera. ¿Por qué estar alimentando aquello que nos ofende? ¿Es realmente esa la manera en que el asunto va a dejar de existir o disminuir su presencia en el mundo? Imaginen —les dije— que hablamos de ideas, de libros, de personas en términos positivos, de lugares, de actos, de organizaciones y eventos que podemos crear en conjunto. Si propagamos armonía de forma constante, esto va a permear porque tal es la virtud de ser parte de una red: todo se mueve. El problema es sentirnos dueños del ángulo correcto para impartir justicia y creer que avanzamos en la vida cuando lo único que hacemos es reaccionar a cada impulso como lo haría un tipo desenfocado. No podemos cambiar todo ni podemos hacer cambios muy rápidos, pero sí podemos influir con fuerza en nuestra red. Opciones: podemos insistir, insistir e insistir en términos elevados, propositivos y genuinos en lo que sí queremos ver o continuar propagando lo que está «mal» dándole nuestra atención sin división. Hay muchas cosas que en lo personal me ofenden, muchas que detesto con todo mi corazón, otras de actualidad sobre las que quisiera reaccionar y compartir mi opinión con pasión, pero sé que contenerme es disciplina y que esto es lo que me permitirá alterar el resultado para conseguir lo que quiero. No soy idealista. Quienes me conocen saben que no soy un hippie amor y paz. Soy fan de la arista buena del capitalismo, soy empresario con cientos de problemas cada semana en todos los sabores y colores que gustes, soy un tipo preocupado por el futuro de sus tres hijos. No hablo desde el púlpito del que no vive en el mundo real ni tiene problemas. He construido en diez años una comunidad que tiene resultados que me superan y me enorgullecen ejecutando las notas que comparto aquí contigo hoy. Y te puedo decir que la satisfacción sí llega. En el largo plazo, claro está. Amiga, amigo: no reacciones, no te desesperes. Que lo que compartas en tu red social sea tan genial que en cualquier momento dado puedas sentir orgullo al presumirlo públicamente, que tus tataranietos vean la altura de miras en la que trabajaste duro para ubicarte. Con esto, que es bastante, puedes comenzar en serio a cambiar el mundo. Puedes inyectar TAD (Tiempo, Atención, Dinero) a lo que quieres destruir o a lo que quieres construir. Es tu decisión. Sé una PAD —Persona de Alto Desempeño— seleccionando la opción «construir» como tu modo de comportamiento predeterminado.

Cambios radicales de contexto.

Por favor, no pienses que mi micro-fama me ha convertido en alguien altamente egocéntrico: ya era así desde mucho antes de iniciar con todo este asunto de #hackearlavida y demás. Trabajo a diario en evitar que mi ego me descarrile y puedo confirmar que —efectivamente— no es algo fácil. Tener miles de usuarios poniendo atención a mis ideas a diario es una droga interesante, por decir lo menos. Lamentablemente con la micro-fama asumo que siempre voy a encontrar lectores cuando asisto a diferentes tipos de eventos. Recientemente la vida me ha empujado a aceptar invitaciones bastante incómodas, de esas donde llegas a una sede y no conoces absolutamente a nadie y absolutamente nadie te conoce tampoco. Imagina la escena de entrar a una sala con unas dos o tres decenas de personas del mundo de las finanzas, alta tecnología y así. Todos platican como si fueran mejores amigos desde el p kindergarten y lucen en su elemento pasándola genial. Los cuellos giran y todos los pares de ojos voltean a verte con curiosidad, cócteles sofisticados en mano. Dios me partiría en dos con un rayo de forma merecida si en ese instante no activase mi modo PAD para solucionar el asunto. ¿Estoy nervioso? Claro, pero tomo el sentimiento como una señal para moverme, no para petrificarme. Camino con decisión hasta donde hay más gente (esto los desarma en términos de tener que desactivar sus miradas), mientras voy explorando para encontrar quién sirve los vodkatonics (que es una especie de espada-ayuda psicológica) y barro el lugar para encontrar al otro Aaron Benitez modo forever-alone que seguramente anda perdido en algún rincón. Es estadísticamente imposible que todos se conozcan perfectamente y se sientan naturalmente en su hábitat. Debe haber otros tipos nerviosos, perdidos, sin contactos. Por fin encuentro a uno de esos y me acerco armado con mi copa, lo saludo con una amplia sonrisa y un fuerte apretón de manos de esos estilo pre-paranoia al Coronavirus. Comienzo con una línea honesta de «no conozco a nadie por acá» en términos más cómicos que dramáticos para señalizar vulnerabilidad y enseguida le pregunto en qué anda. A todos nos gusta platicar sobre lo que hacemos, los proyectos que traemos. Iniciar en este tenor nunca me ha fallado para hacer nuevos amigos. La tarea es realmente escuchar al tipo, conocerlo e intercambiar números. Cien por ciento de éxito cada vez que he seguido esta fórmula. Al día siguiente le envío un mensaje de voz para agradecerle la conversación y darle seguimiento a lo que sea en que nos hayamos puesto de acuerdo. Listo. Esto de conocer personas es justo como cuando comienzas a fumar y a beber: conforme lo ejecutas más seguido se vuelve infinitamente más sencillo. Es un evento y todos saben que la idea es abrirnos. El siguiente reto es acercarte a un grupo de dos o tres, hacerlo con una sonrisa y escuchar atentamente al que está llevando la conversación. Cuando se te queden todos viendo, sonríes más y les dices en tono de disculpa y broma si te permiten estar ahí en modo chismoso/metiche. Esto les explica que no, no conoces a nadie del grupo, que no eres una amenaza y que no llegaste a secuestrar la conversación. Esperas, esperas, esperas y en cuanto tengas una oportunidad aportas la nota más inteligente que puedas. Pero sé paciente. Y aprende a escuchar. Y obtén todos los nombres —«perdón, ¿tu nombre?»— y repites trescientas veces el de cada uno. Luego tocas el hombro de uno de ellos y les dices que ha sido un gusto y que te retiras en busca de otro cocktail. Ya tienes dos, tres, cuatro caras que reconoces y te reconocen y la vida se vuelve así más fácil. Puedes regresar a ellos si no logras conectar con otros o puedes seguir haciendo el mismo ejercicio toda la noche. Estos cambios radicales de contexto donde mi micro-fama sirve para un carajo me han dado grandes oportunidades de negocios, posibilidades de inversión y sobre todo una red cada vez más diversa. Ve a eventos raros. Ve solo. Que sean fuera de tu ciudad. Desarrolla un músculo de salir de cada uno de ellos con sólo uno o dos buenos nuevos contactos. No quieras ser el alma de la fiesta ni dejar tus tarjetas de presentación impresas a todos. Nadie las guarda. Y en realidad esto ya no se estila mucho. Si a alguien le interesaste o te interesó, la manera moderna de interacción es intercambiar códigos QR para agregar el contacto directamente. En uno de estos eventos incómodos conocí al co-fundador de un unicornio —empresa de tecnología valuada en más de mil millones de dólares. Logro platicar a gusto con personas así siguiendo las técnicas que te describo aquí. Me dan algunos consejos y sus teléfonos y/o correos electrónicos. Después de esas conversaciones abandono inmediatamente el lugar, pues tal es la nota de victoria con la que hay que irse a la cama. Sé elegante, sé un francotirador y completa tu misión de forma estratégica en cada incómoda situación social.

Universidad oculta.

Cuando estudias un posgrado con una beca, recibes dinero mensualmente a cambio de poner tu tiempo y atención de forma total en tu proyecto de investigación el cual puede (o no) dar resultados a la institución. Si te preguntan a qué te dedicas, la respuesta suele ser «estudio un posgrado en (tal especialidad)» y listo, todo el mundo queda contento porque tu actividad es clara. Cuando estás en una oficina con un salario mes a mes donde tus servicios son necesarios para que la empresa pueda cumplir su misión, sueles pensar que estás «trabajando». Si alguien te pregunta a qué te dedicas, tu respuesta es «trabajo en (tal compañía)». Lo que quiero compartir contigo hoy tiene que ver con la lente que aplicamos a las cosas que hacemos. Alguien dictaminó que un posgrado es «estudiar» y que hacer cosas en una oficina es «trabajar» y por alguna extraña razón decidimos como sociedad no retar esto y pensar que las dos son actividades diferentes. Yo creo que no. Si comienzas a ver ese posgrado como un trabajo en el cual tienes un ingreso, responsabilidades y jefes, bueno, pues es eso, un trabajo. Si comienzas a ver tu trabajo como un lugar donde tienes experiencias, gente de la que puedes aprender y procesos cada vez más complejos que podrías dominar un día con más práctica, bueno, entenderás que en realidad sigues estudiando, que esto de ser parte de una organización es prácticamente una universidad oculta. Uno de mis mantras personales es que cada persona que ingresa a una de mis empresas tiene que salir/egresar siendo al menos diez veces más genial, más capaz, más proactiva, más inteligente. Esto lo mido en términos de la facilidad con la que pueden saltar a otra empresa más grande, ganar un mucho mejor salario o lanzar su emprendimiento. Esto no se logra sin fricción. Si abordamos nuestro empleo como un lugar a donde vamos a aprender de todo un poco para construir las siguientes etapas estratégicas de nuestra vida, el asunto se vuelve altamente interesante. El error es querer que la empresa nos pague todo: los cursos, los eventos, los coaches. Las empresas son lugares fantásticos que te pueden dar mucho pero que no te pueden dar todo. Piensa en tu familia que te ha dado ropa, techo, comida y educación. Cuando somos inmaduros le exigimos que también nos dé nuestra felicidad y no, eso nos corresponde a nosotros. Piensa en la universidad que nos da ideas, una red, un espacio seguro para experimentar, accesos especiales y aparte queremos que nos convierta en grandes emprendedores. No, eso nos toca a nosotros. Si tú quieres que el lugar donde laboras mágicamente haga de ti una Persona de Alto Desempeño, estás enfocando pobremente el asunto. Debes de aprender, moverte, tener fricción, proponer, equivocarte, reiniciar, moverte diferente y así hasta que tu escena allí se haya agotado y sea tiempo de irte a otra universidad oculta o fundar la tuya. Entiende y haz que tus (futuros) alumnos-colaboradores entiendan el juego.

Ajustar el microscopio.

Muchas cosas que nos resultan excéntricas son así sólo porque no hemos ajustado bien la visión que tenemos de ellas. Analizar un escupitajo en un microscopio puede lucir como una nube insondable pero con el ajuste adecuado se convierte en un entretenido paseo microbacteriano. Te digo esto porque solía sentirme ligeramente apenado por comprar versiones impresas de libros que ya tenía en formato digital y que incluso ya había consumido como audiolibros. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene si ya lo leí, ya lo entendí, ya lo tengo en un formato? Despilfarrador, sería la forma más precisa de referirme a este gasto. Con el tiempo llegué a la conclusión de que aunque tengo amigos en mi círculo, tengo muchos más fuera de él. Esos amigos son autores que celebro. ¿Cómo celebrar la existencia de alguien? Cuando la personita está en tu círculo es relativamente sencillo: vamos a su cumpleaños, le escribimos una bonita nota, le invitamos una agradable cena, pasamos tiempo genial a su lado, creamos cosas juntos. El truco viene cuando estos individuos no están en tu círculo inmediato, cuando son los autores que celebras pero todavía no conoces. La forma de aplaudir su vida es consumiendo más de lo que producen. Ayer recibí la llamada de un nuevo gran amigo que conocí apenas hace unos meses. Coincidimos en el extranjero, platicamos y nuestras mentes y visiones conectaron irremediablemente. Hemos estado en constante comunicación desde entonces. La admiración que tenemos por el trabajo y los logros del otro nos han empujado a buscar formas de conectar. Cuando te enganchas en una relación así, lo que ocurre es que buscas la manera de abrir más puertos. Enseguida nos sentimos incompletos si no nos agregamos mutuamente a Facebook, Twitter, Linkedin, si no nos llamamos ni buscamos oportunidades para convivir en alguna ciudad del mundo. Pregúntate por qué no replicar esto con esos amigos-autores fuera de tu círculo. Síguelos en redes, habla de ellos y compra el audiolibro, el libro digital y el libro impreso de su trabajo más reciente. Visto así, como una inversión en la amistad, el asunto deja de ser una excentricidad o un despilfarro y se vuelve lo mínimo que uno debe hacer para honrar una relación que nos aporta tanto que, bueno, concebir la vida ahora sin ella sería doloroso. La amistad como un negocio que nos exige conocernos físicamente es mentalidad limitada. Expande la visión. Ajusta el microscopio. E invierte fuertemente en amigos de tu círculo y —sobre todo— en los que están fuera de él.

Filas anti-vida.

La calidad de nuestra vida está determinada por la cantidad de filas que nuestra realidad actual nos impone. Trata siempre de zafarte de estas llaves de judo. No aceptes paciente ni amablemente este impuesto. Lucha contra él. Esto te convertirá en alguien que busca la optimización. Pregunta cómo evitar la espera para la próxima ocasión, cómo hacerlo desde el smartphone y/o cómo designar a alguien que lo haga por ti. No dejes que institución tras institución te acostumbren a ser complaciente con un nivel que no te conviene. ¿Sabes que noté hoy en una de esas filas que no volveré a hacer nunca más? Que realmente buscamos acompañamiento psicológico para nuestras frustraciones. En el lapso de diez minutos que estuve ahí, escuché a tres personas en los módulos junto a mí quejarse porque habían entendido algo mal y ahora debían regresar al día siguiente con un dispositivo o papel faltante para cumplir con su trámite, que si el sistema había cobrado y no era justo, que si esto y que si aquello. Tú sé de esas personas que no necesitan acompañamiento psicológico de este tipo. No expreses tus frustraciones con un ejecutivo al que realmente no le interesa tu vida. Pregúntate siempre si «esto» es lo que te va a quebrar, si «esto» es lo que realmente va a representar algo difícil en tu vida. Que tus problemas difíciles sean dignos de un libro épico estilo «Lord of the Rings». Cuando empieces a atacar las filas innecesarias —que son casi todas— entrenarás constantemente en optimizar tu existencia. Y luego comenzarás a notar otras cosas, más allá de estar de pie esperando a que otros determinen el momento que les plazca para ponerte atención. Y atacarás esas barreras también. Irás así creando sistemas alrededor de tu vida que te permitirán, no sé, pintar, correr, leer, viajar, cantar, producir una película, lo que sea aquello a lo que llegaste a este hermoso mundo nuestro. Vive sin p filas. Ni físicas ni mentales. Entiende que las filas son el nombre amable que la sociedad le ha puesto a las barreras para que no hagas más cosas. No aceptes gratuitamente barreras.

Una bandera llamada certidumbre.

En su conjunto, las personas celebran la certidumbre por encima de casi cualquier cosa. Nos encanta creer que entendemos aquello que se acerca desde el horizonte, que comprendemos las motivaciones de alguien o que tenemos claro cómo funciona el mundo. Hay un fuerte orden biológico por el cual esto es así: la certidumbre nos permite repetir los patrones exitosos de comportamiento que nuestros constantes ejercicios de prueba y error nos regalan. Certidumbre es cuando esa fruta pequeña de color rojo que huele deliciosa siempre, siempre, siempre es segura al comer mientras que la que luce y huele sospechosa, bueno, ofrece resultados inciertos. La certidumbre es el piso sobre el cual se pueden construir organizaciones y sociedades hasta cierto punto. Para llevarlas al siguiente nivel se requieren individuos con capacidad de jugar en planos mentales caóticos. Con la certidumbre como bandera no creas un Google ni un Facebook. Con certidumbre no participas en la verdadera arena de la innovación. Este último punto es el culpable de mi desdén por todos esos programas académicos que quieren enseñar emprendimiento avanzado desde un currículum que te dice claramente a dónde vas a llegar. No funciona así. Si una clase universitaria te enseña a crear un plan de negocios con todas las variables claras y un resultado altamente predecible, ni es un plan, ni es negocio, ni has aprendido realmente nada. Regresando al tema, la incertidumbre vuelve loca a la gente cuando se las muestras fuerte y constantemente. Esto lo consigues cambiando de opinión. Cambiar de opinión es algo que no celebramos. No nos gusta la chica que ingresa a ingeniería ambiental para luego abandonar el asunto y dedicarse a grabar videos profesionales de ASMR en YouTube. Desenfocada. No sabe lo que quiere. Está confundida. En realidad todas esas frases dicen algo más profundo: no entiendo por qué ha actuado de la manera que lo ha hecho y me molesta, ataca mi sentido de orden en el universo, no puedo predecir qué va a hacer, su comportamiento no me regala certidumbre. Las personas parece que entre menos agudizados estemos sobre nuestras habilidades, más certidumbre necesitamos. En otras palabras: si cualquier cosa nos ofende y desbalancea, solemos votar por cuestiones que nos mantengan lo más estables posibles porque todo lo demás en realidad nos aterra. Cambiar de opinión no es algo positivo/negativo por sí mismo, pero sí es un requisito para pasos exponenciales, para resultados radicales, para ganar un juego altamente competido. Que no te dé miedo cambiar de opinión. Ten una mentalidad ligera y flexible que te permita dar vueltas, pausar, moverte y acelerar ahí donde todos los demás dudan, se aterran o analizan hasta el punto de la parálisis. Cambia de opinión a cada rato. Vas a volver locos a muchos, ¿y luego? No lo estás haciendo para fastidiar a alguien sino para conseguir resultados sorprendentes. Quema la certidumbre como tu bandera predeterminada.

La empresa de Steve Jobs hoy.

Hace diez años comencé de forma descarada este esfuerzo por crear una marca personal genuina y poderosa. Ha sido un viaje bastante interesante que me ha dado aciertos y también llevado a cometer muchos errores monumentales. Uno de los puntos más curiosos es que dado lo amplío de mi propuesta con el tema de #hackearlavida y PADs (Personas de Alto Desempeño), comunidades muy diversas me han invitado a platicar con ellos. Así de repente me he encontrado dando conferencias, workshops y consultorías a fotógrafos internacionales, pilotos militares y comerciales, abogados, médicos, ingenieros e inversionistas. De todos he aprendido, claro, pero lo que más impacto ha tenido en muchas de mis decisiones es analizar a los inversionistas.

Te platico un poco sobre ellos: los buenos inversionistas son personas muy cultas, muy filosóficas, muy ecuánimes y muy enfocadas en jugar y ganar en el largo plazo. Menciono esto porque la crianza que muchos tenemos en la clase media baja suele ir por el lado opuesto, donde lo «correcto» es ser el experto en un área, el que ejecuta todas las actividades, el que toma decisiones con base en el resultado económico inmediato, el que busca que la gente a su alrededor entienda muy bien cada una sus acciones. Como podrás imaginar, esto es fuertemente limitante, por decir lo menos.

Otro punto que me sorprendió descubrir hace algunos años es que participar en muchos instrumentos financieros geniales no es asunto exclusivo para millonarios. Generalmente pensamos que sólo debemos invertir cuando «todo esté bien» en nuestra economía personal. «Cuando tenga dinero», solemos pensar. Y el dinero va llegando y nos inventamos creativamente formas de gastarlo y nunca nos elevamos al nivel de inversionista sofisticado. ¿Inversionista sofisticado? Aquel que invierte en lo absurdo hoy con miras a capitalizar dentro de varios años.

Nadie te va a llamar visionario ni innovador cuando tomes una decisión realmente visionaria e innovadora. Te van a criticar y/o mal entender. Ser verdaramente visionario e innovador no luce así en el principio sino diez, quince, veinte años después.

Soy un tipo con muchos defectos. Dios lo sabe. Mi círculo cercano también. Pero entre las cosas que tengo a favor resaltan mi capacidad para ser necio en aspectos estratégicos. Por momentos me ha ido mal en los negocios y en otras ocasiones bien. No me espanto cuando hay problemas: levanto la cabeza y pienso qué podemos hacer, genero opciones, determino un camino, me muevo rápido y si no funciona, evalúo de nuevo. Si funciona —como casi siempre ocurre con la audacia— genial, adelante. He entrenado a mi ser a moverme rápido y con confianza. Todo esto es para decirte que uno busca a su tribu. Y las personas que hemos hecho sinergia para construir VERSE Technology tenemos estas mismas características: apostamos fuerte en lo que creemos, lo construimos, empujamos las cosas con fuerza para lograr que sucedan, no nos espantamos y tomamos un breve respiro cuando algo no va como debería para reorientar los esfuerzos y comenzar de nuevo.

Nadie puede hacerse rico sólo con un salario a cambio de tiempo y habilidades. Al menos no el tipo de riqueza que a mí me importa: transgeneracional, esa que le sirve a la siguiente generación e incluso a la que va después de esa. La única forma comprobada con la cual las personas alcanzan la riqueza es invirtiendo, es teniendo un pedazo de una organización que crezca, crezca y crezca. Esto no lo digo yo: lo dicen todos los libros baratos y sofisticados de desarrollo personal. Trabajar duro es romántico pero lo que hace la diferencia es ser inteligente y estratégico en decisiones de dinero.

El 2019, la magia de lo que estamos construyendo con VERSE Technology comenzó a explotar. De repente los prospectos que se tomaban meses para respondernos —si es que acaso lo hacían— comenzaron a tomar decisiones en pocas semanas y días. El teléfono explotó con solicitudes de cotizaciones y las invitaciones a participar en eventos de alta tecnología por todo el mundo no se hicieron esperar. El mercado por fin llegó a ese punto donde los conceptos «Industrial IoT» e «Internet of Things» habían dejado de ser algo exótico para convertirse en esa solución que las fábricas y ciudades habían estado esperando.

Nos llama Microsoft y nos dice que por favor firmemos con ellos para ser partners de hardware. Nos llama Bosch y nos dice que necesita nuestra tecnología. Nos llama Ingram Micro y nos dice que quiere distribuir nuestros productos en todo el mundo. Cerramos ventas fuertes, nos ponemos a certificar dispositivos para Norteamérica, Europa, Asia y la luna, comenzamos a reinventar nuestra empresa para abandonar la mentalidad de startup que sufre para sobrevivir y que tiene que rogar por cada recurso y convertirnos en una compañía internacional que tiene que contratar a ritmo ultra-acelerado y resolver problemas cada vez más complejos.

Se acercan inversionistas institucionales que ahora ven cómo la famosa curva J aparece claramente en nuestros histórico y proyección. Los ignoramos un rato porque no queremos diluir demasiado la empresa y en su lugar favorecemos a los inversionistas ángeles que entienden lo que hacemos y se entusiasman con nosotros. Comienzo a decirle a amigos cercanos que ya, now, ahora es el momento donde tienen que subirse a este bote, que esta nave se va y no va a esperar a nadie.

Invertir en bienes raíces luce como una de esas cosas lógicas y adecuadas que todo el mundo te va a aplaudir siempre porque, pues sí, es algo lógico y adecuado. Está bien. Invertir en una compañía que hace tecnología todavía muy obscura para la población general es algo que siempre levanta cejas. Mamá no lo va a entender. Esposa tendrá sus reservas. Tus amigos que creen que saben mucho de tecnología-negocios-finanzas pero que trabajan en el cubículo a un lado del tuyo te dirán que mejor criptoesto y criptoaquello. Te vas a confundir pensando si tienen razón porque no has entendido que lo que la gente dice y lo que la gente hace son usualmente cosas diferentes: ninguno de ello es rico gracias a la criptoshit.

Imagina que Steve Jobs no hubiese nacido cuando nació. Que apenas estuviera en esa edad donde va a fundar una empresa. Lee bien esto. Pon atención. Te va a encantar. Si has visto las veinte películas de Jobs y/o leído alguna de sus múltiples biografías sabrás que hizo lo que hizo porque su mejor amigo, Steve Wozniak, le explicó que eso de las computadores personales era el futuro, era lo que tenían que hacer.

Stay with me. This gets better.

Hace tres meses entrevistaron a Wozniak y le preguntaron qué compañía fundaría hoy en esta década. Su respuesta la encuentras por ahí del minuto 5:08.

Dice algo así como «creo que construiría una empresa de dispositivos modulares para el Internet of Things, cosas que no existen todavía»…

Puta madre. Cuando mis socios y yo escuchamos esto sentimos como una especie de guiño celestial. No estamos errados. Steve Jobs —por aproximación con Steve Wozniak— hoy estaría construyendo VERSE Technology, haciendo lo que estamos haciendo, dispositivos que no existen, modulares para escalarlos dentro de esta ola increíble del Internet of Things que va a barrer con todo, justo como al internet bonito que tú y yo usamos a diario transformó el mundo hace unas décadas.

Tips para invertir: no inviertas únicamente en las hermosas hojas de Excel de una empresa. Invierte en quiénes son los que están construyendo esto. ¿Sabías que la mejor edad para ser fundador de una empresa de tecnología exitosa es a partir de los cuarenta años? En esa edad rodamos la mayoría de los socios en VERSE Technology.

Estoy intentando seducirte para que inviertas en VERSE Technology, claro está. La ventana de oportunidad para hacerlo se va haciendo cada vez más pequeña. Mucha gente no entiende realmente de negocios y se pregunta cosas como «¿por qué necesitan más dinero si dice que todo va bien con las ventas?» La respuesta es porque el desarrollo de la tecnología consume siempre muchos recursos. Y esos recursos se componen de ingresos por ventas + capital. Y las compañías necesitan combinar ambas para poder hacer más, crecer, ganar más cuota de mercado y sobrevivir a las amenazas de la competencia y los hermosos vaivenes económicos. Piensa lo siguiente: si las compañías funcionaran solamente con base en lo que venden, no se pelearían por estar en la Bolsa de Valores, pues ahí el asunto se trata de obtener todo el tiempo más capital importante a través de inversionistas institucionales.

Si vives hasta los setenta y cinco años durmiendo ocho horas al día y trabajando ocho horas al día, vas a pasar veinticinco años durmiendo, veinticinco trabajando y veinticinco disfrutando la vida. El objetivo es que seas dueño (completo o parcial) de un instrumento que gane dinero mientras duermes para que puedes disfrutar mejor la vida. Eso es bienes raíces, negocios, acciones y demás. Solamente tienes que tener razón una vez en tu vida en un tema grande para alcanzar la gloria: escoge una startup con gran potencial y metete a trabajar a ella a cambio de acciones que en unos años te hagan multimillonario y/o invierte en una startup que se va a ir al cielo dentro de poco y/o obsesiónate con un sector que vaya a explotar.

Todos, todos, todos los números, estudios y tendencias indican que el Internet of Things y en especial el área industrial del IoT van a arrasar en esta década. No me creas. Este es un ensayo tendencioso. Búscalo en Google. Búscalo en inglés. Lee análisis serios. Ve entrevistas con tipos que han construido grandes imperios. Lee mi artículo Punto de Inflexión y entusiásmate conmigo.

¿Qué requieres para comprar acciones de VERSE Technology? Entender que estás apostando a nuestro lado, que estás buscando crear algo trascendental a largo plazo, que no tendrá resultados canjeables por dinero mañana mismo y que habrá combinación de tormentas y momentos excelsos. Esto es así. No existe una empresa gigante a la que todo le haya salido siempre bien. No te espantes. Nosotros no nos espantamos y estamos construyendo un equipo cada vez más genial. Así son las cosas exponenciales.

La oportunidad para acceder como propietario de acciones en VERSE Technology comienza desde MXN$250,000. Y puedes escribirme a aaron@verse-technology.com con tu número de WhatsApp para solicitarme el pitch deck con los detalles.

Si prefieres invertir conmigo en algo que no es exponencial sino fijo, te invito a mi Fondo de Inversión donde puedes acceder desde MXN$5,000 con tasas desde 9% hasta 17% anual con retiro desde uno a cinco años. Escríbeme a hola@aaronbenitez.com con tu número de WhatsApp para más detalles.

Donde otros dentro de pocos años van a lamentar no haberse subido a esta oportunidad, tú ten en tu vida la ventaja del que mueve primero las piezas apostando cuando el mundo todavía no voltea con toda su atención hacia acá. Conseguir inversionistas es relativamente fácil. Lo que yo busco es gente que crea y vea lo que estoy viendo. Y que agregue TAD (Tiempo, Atención, Dinero) a eso que dice que le interesa: conquistar el futuro con determinación, inteligencia y ecuanimidad.

Gravedad mágica.

Me preguntan cómo escribo tanto, de dónde saco las ideas. Esas notas que podrías redactar y compartirnos están desperdiciadas en los comentarios que haces en mil y un publicaciones que encuentras en cualquier red social que cruza por tu vida. Tus ensayos están en esos temas que discutes acaloradamente en el bar con el mismo grupo de amigos durante años. Lo interesante que podrías decirnos en tu podcast está en la experiencia que tienes al invertir tu TAD (Tiempo, Atención y Dinero) en viajes, artículos, libros, cenas y demás pero que sólo comentas con unos cuantos a tu alrededor. Todos tenemos muchas cosas que decir sobre varios temas pero exponernos da miedo. Tal vez tu ortografía es pésima y tu redacción terrible. No sé por qué piensas que esto de escribir tendría que ser algo fácil. Es como conducir y cocinar: una habilidad cualquiera que requiere práctica y tiempo. Esto ya lo sabes. Lo que no has pensado es que a diferencia de conducir y cocinar, redactar y publicar constantemente te da una ventaja personal y profesional competitiva sin igual gracias a esa gravedad mágica que la palabra impresa carga. Trust me: aquí estás poniendo atención a mi transmitiendo de caracteres a tu cerebro mientras espero pacientemente mi vuelo. Esto es una conversación y con ella moldeo mi realidad. Ahora desarrolla conversaciones donde tú puedas moldear tu realidad. Es increíble que mucho de lo que publico son cuestiones que cuando las digo de frente en una reunión nadie las toma en serio pero cuando las leen mi blog, la gente regresa conmigo y me dicen que tal pieza resonó bastante en ellos por esto y por aquello. Créeme: me ha ocurrido quinientos millones de veces. Hablar es fácil y por eso su impacto se diluye rápidamente. Redacta. Usa una laptop, no quieras hacerlo en tu celular. No pidas opiniones, lánzalo así. Que todos lo puedan ver. Lidia con la pena porque si no puedes con esto, muchas otras cosas más importantes ni siquiera te van a dar la oportunidad que podrían. La pena es la timidez del miedo. Abraza el hecho de que vas a crear algo feo y lento al inicio. Tal es el precio a pagar para superar la etapa básica. Quienes ya dominamos algo no es por haber nacido con «talento» sino por la simple y terca razón que no abandonamos la noción de que esto es para nosotros. ¿Cómo saber si esto es para ti? Lees este micro-ensayo y tu corazón salta. Ese entusiasmo, bueno, ten más de él.

Lealtad en tiempos high-tech.

La semana pasada me metí un par de días a eventos llenos de expertos financieros. Tomé muchas notas. Fintech (una especie de acrónimo cool en inglés para hablar de tecnología financiera) está arrasando con el interés de los fondos de inversión. Nadie se quiere quedar fuera de lo que parece ser una de las nuevas fiestas del futuro. Eso de mover dinero más rápido en todos los sentidos es una oferta demasiado sexy para resistirse. Personalmente el asunto no me entusiasma mucho porque prefiero dedicarme a construir cosas tangibles pero admito y admiro el valor de esta industria. El representante de un banco subió al escenario y comenzó a hablar de su nueva app y que si era lo mejor del mundo y que si aquello y el otro. Me gustó su pitch además que hace unos años tuve varias reuniones con su CEO, un tipo bastante culto con quien platiqué sobre libros, filosofía y otras cosas de la vida. Me interesaba saber qué estaban haciendo en estos días así que puse atención (lo cual es raro, honestamente). A mí no me gusta que me presuman logros, me gusta verlos en acción. Pienso en la personita que proclama ser muy responsable y orientada al detalle pero su CV está lleno de faltas de ortografías, mal diseñado y entregado fuera de tiempo. Mientras el conferencista hablaba sobre la fantástica experiencia de usuario que él y su equipo habían desarrollado, decidí descargar la app y seguir los pasos para en pocos minutos abrir una cuenta de banco formal usando mi credencial y transfiriendo unos cincuenta dólares para probar todo el proceso. La app me invitó a abrir una subcuenta de ahorro y a obtener crédito inmediatamente. Todo fluido, sin hipo, sin chistar. Genial. Me encantó. Al finalizar platiqué con el speaker y le dije que había conseguido al menos un nuevo usuario. Usé la palabra «usuario» y no «cliente» porque hace tiempo entendí que «cliente» nos hace pasivos. En nuestra mente es alguien que ya metimos al sistema y listo, ya compró. «Usuario» —por el contrario— nos pone en un estado de alarma de alta intensidad: tenemos que trabajar diariamente en no perderlo, en no decepcionarlo. Usualmente un cliente —en nuestra mente— es alguien lento en sus decisiones. Un usuario es lo opuesto y salta de una app a otra sin dolor, de un banco a otro sin chistar, de una escuela a otra sin remordimientos. La lección es que afines tu visión y te dediques a atender usuarios, no clientes. Seas un restaurante, un gimnasio o una tienda de ropa elimina esa vieja idea de «conquistar al cliente» y sustitúyela por «hacer fácil la travesía del usuario» desde el dolor que tiene hasta el punto donde le ofreces tu magia. Haz fácil la entrada y haz difícil la salida. Esto último se logra como Facebook y Google: agregando valor desmedido (AVD) todo el tiempo y y sosteniendo tu ofrecimiento lo suficiente para que más personas dependan de ti. Esto no es rápido ni sencillo pero sí necesario si quieres jugar en la arena de la mentalidad moderna para hacer negocios.

Diapositivas soberbias.

Sufro un pequeño ataque al miocardio cuando diapositivas llenas de texto y sin estilo cruzan por mi vida. No hagas cosas así. Entiende que nadie las lee y te hacen lucir de todas formas menos como un pro. Usa un concepto de, no sé, máximo cinco palabras y explica lo que sabes al respecto. O utiliza una imagen que active la conversación que te interesa. Regla: si colocas la foto de un árbol no escribas «árbol». O usas la imagen o la palabra, no ambas. Consulta manuales y libros de TED Talks para impregnar en tu ser las mejores prácticas para una exposición. Aprende la importancia de las tipografías, sus pesos, distribución entre caracteres, etcétera. Combinación de colores, iconos de vectores para reforzar tus puntos y más. Compra plantillas profesionales para ser eso, profesional. Y cuando ya andes ocupado con todo esto haz una pausa estratégica para recordar que las diapositivas sí importan pero no importan. Ningún conjunto soberbio de diapositivas puede sobrevivir a una explicación plana y aburrida. No dediques más del cinco por ciento de tu planeación a lo fantástico que luce tu presentación sino a cómo la vas a entregar a esa audiencia que merece lo mejor de ti.

Ritmo vertiginoso.

Sentido de urgencia: eso que te falta cuando notas que estamos a mediados de Febrero y no has avanzado en la mayoría de las cosas que te prometiste con mucha solemnidad para este año. El sentido de urgencia no se conquista con autoregaños estilo «ya no seas flojo, Aaron, ponte a hacer lo que tienes que hacer» ni con pensamiento mágico-optimista estilo «todo se va a alinear pronto». Es con ejecución diaria intensa conquistando pequeños territorios del gran mapa que es tu estrategia profesional y personal. Ejecución diaria intensa. Haz las llamadas que tienes que hacer. Ten las conversaciones difíciles que tienes que tener. Insiste con quien tienes que insistir. Lanza lo que tienes que lanzar. Aprende lo que tienes que aprender. Contrata y despide a quien tienes que contratar y despedir. Niégate a lo que te tienes que negar. Acepta lo que tienes que aceptar. Enfócate en lo que te tienes que enfocar. Abandona lo que tienes que abandonar. Cuando fluyes con esto del sentido de urgencia la gente a tu alrededor va a decir que «andas muy acelerado». No te asustes. Lo que intentan decirte es que ellos no podrían hacer todo eso que tú haces con el ritmo que vertiginoso con el que te mueves. No se trata de vivir la vida con estrés todo el tiempo, claro, pero entiende que con tu actitud hay cosas que a veces estás cuidando y que no debería ser así. Si no quieres incomodidad ni incertidumbre ni frustración en este momento de tu existencia es porque entonces ya tienes lo que deseas. Pero si éste no es el caso, eso de la incomodidad, la incertidumbre y la frustración son las cosas a soportar para pagar el precio de llegar al nivel que te interesa. Son las diez de la mañana de un martes, ¿en qué has avanzado en estas primera horas a un ritmo vertiginoso?

La norma del futuro.

«No podemos hacer eso», dijo el ingeniero de Toyota cuando lo consultaron sobre la tecnología electrónica de Tesla. De acuerdo a algunas estimaciones de la industria, el hardware/software que utiliza la empresa de Elon Musk está a unos seis años de convertirse en el estándar automotriz. Resulta que los ingenieros de empresas como Volkswagen y demás no son tontos. Tampoco carecen de visión. El problema radica en que el ecosistema de refacciones que han creado a lo largo de décadas como parte imprescindible de su modelo de negocios los tiene atados a seguir iterando componentes y sub-sistemas que bien podrían ser sustituidos por algunos de los soberbios avances computarizados a nuestro alcance. Tesla no tiene una cadena de suministro de autopartes para sus clientes; no hace dinero con la venta de piezas y por lo tanto no tiene restricciones en empujar el diseño e ingeniería de sus vehículos hacia el extremo más optimizado. Sirva esta pequeña historia para darnos cuenta que todas las decisiones que tomamos a diario tienen solamente esas dos consecuencias: o son discretos pasos estratégicos que nos colocarán en posición de ventaja natural o son micro-sabotajes que entorpecerán nuestra libertad de movimiento. ¿Hay en tu vida algún equivalente de la obsoleta red de negocios de Toyota/Volkswagen que te impida ir más rápido? Ten el potencial de estar tan adelantado en tu mentalidad y ejecución que todos te consideren la norma de lo que debería ser el futuro.

Todos podríamos llegar ahí.

Hay cosas que nos entusiasman cuando nos topamos con ciertos blogs, podcasts y libros ligeros de negocios. Pensamos en hacer las cosas diez veces más grandes, en crear un océano azul con nuestras ideas innovadoras y disruptivas, en hacer cierres de ventas fantásticos con pitches increíbles de un minuto que prácticamente funcionan en cualquier elevador del mundo donde te encuentres a un inversionista aburrido dispuesto a sacar su chequera ante tu inteligencia de neuroemprendedor enfocado en la abundancia y mente millonaria. Dios. En realidad, el mundo real real real de los negocios funciona bastante diferente a lo que ves en Shark Tank y demás cuestiones populares que nos hacen suspirar. No juzgo. He sido presa de toda esta emoción de técnicas y hacks para acelerar los resultados. Muchas de esas ideas dan resultados, claro, pero sólo hasta cierto nivel. No vas a cerrar una venta de decenas de millones con una frase original ni vas a lograr tener clientes de largo plazo si sólo vendes emoción constante pero cero sustancia sobre la cual construir sólidamente. Esto duele pero es lógico: si quieres jugar en un equipo de fútbol de alto calibre casi nada de lo que hayas aprendido sobre comportamiento con tus amigos de la escuela te va a servir. Es un mundo diferente donde tienes que pensar y moverte así, diferente. Resumen: no te enamores de aquello que funciona solamente para ciertos niveles si quedarte ahí no es de tu interés. Arriba el código de mentalidad y ejecución no es obvio. Si lo fuera, todos podríamos llegar ahí.

El amor como una habilidad.

Conocí a Alain De Botton con «How Proust Can Change Your Life» y desde entonces soy gran fan. Ayer —a propósito de San Valentín— me topé con una muy buena idea de este autor: considerar que el amor no solamente es una emoción sino también una habilidad. Puedes apreciar el alto nivel de un filósofo moderno cuando con pocas palabras te pone a pensar. Y eso hice. Pensé en el miedo, en cómo también si ajustamos nuestra relación con él podemos llevar el asunto a una posición de ventaja. Digamos que las emociones son segunda naturaleza. Digamos que las habilidades no tanto. O no en el principio. Las habilidades tenemos que entrenarlas. Y «sentir» miedo a, no sé, exponernos públicamente, proponer proyectos al mercado, debatir un tema intensamente, es algo en lo que hemos entrenado de forma pasiva, permitiendo que el sentimiento se instale de forma primaria y descontrolada cada vez que nos topamos con situaciones así. Ahora, hacer del miedo una habilidad es cansado y desgastante porque requiere de nuestra práctica consciente para configurarlo. Primero es saber que está ahí. Segundo es decidir qué necesitamos que haga. «Siento miedo. ¿Qué necesito hacer con él? ¿Mantenerme pasivo? ¿Avanzar? ¿Reducirlo para poder dar unos pasos?». Tus respuestas son eso, tuyas. Esta técnica es aplicable en varias dimensiones. Hay habilidades que importan —regresamos al amor— pero que no practicamos mucho porque simplemente esperamos que emerjan de forma natural. ¿Pero y si pudiéramos activar el amor como una habilidad justo en el estilo en que rápida y automáticamente nos concentramos para ejecutar una maniobra automovilística complicada? De Botton explica que la generosidad y la tolerancia son más útiles en una relación que el romance, al que solemos dar un amplio espacio por costumbre y entrenamiento social. Dice que el amor es una forma de valentía para mirar los momentos más complejos en las vidas de otras personas y decidir interpretarlas con generosidad. Abrazando este nuevo marco de referencia, decido que voy a entrenar ciertas emociones de forma constante. Unas para impedir que se instalen en exceso. Otras para dar y conseguir más de lo que importa.

Dedicado con amor a Fer.

Time to Value

SaaS significa «Software as a Service» y no es otra cosa que lo que hacen empresas como Dropbox y Google con sus productos que te dejan usar gratuitamente hasta cierto nivel y que luego te invitan a llevarlos más allá con una suscripción mensual. El desarrollo e implementación de este modelo de negocios permitió cambiar el paradigma de comprar software costoso en una caja o descargado para invitarnos a la mentalidad de rentarlo con pagos pequeños pero constantes. Lo interesante de SaaS es TTV, el acrónimo de una métrica que significa Time To Value, el tiempo que le toma a un usuario notar lo fantástica que es una propuesta SaaS y ejecutar la acción adecuada (suscribirse, descargar la app, comenzar a usarla). TTV es algo que podríamos replicar en nuestra vida: ¿cuánto tiempo le toma a las personas nuevas que aparecen en tu día a día entender que eres alguien con una genial oferta de ideas/ejecución/red? Hacemos difícil el TTV de la gente con nosotros cuando nos dedicamos a confundirlos serialmente, cuando deseamos que nos tomen en serio pero llenamos nuestras redes de los memes que todo el mundo usa, los chistes que todos comparten y los gritos de queja que todos promueven. Nadie usaría Gmail si no fuera simple, elegante y poderoso. Podemos ser simples, elegantes y poderosos como Gmail si atacamos las suposiciones que tomamos como reglas verdaderas de comportamiento: no tienes que opinar a diario de las cosas con las que todo el mundo se está enganchando, no tienes que ofenderte/celebrar lo mismo que todos de forma automática, tampoco tienes que luchar/sudar por los mismos beneficios, empleos, ideas que las mayorías dicen que están bien. Entre más corto sea el TTV del mundo hacia ti, más grande son las oportunidades y ventajas que recibes. Todos querrán conectar y hacer cosas contigo, querida persona simple, elegante y poderosa.

Claro que sí.

¿Admiras a Steve Jobs? Bien. ¿Qué estás replicando de él? ¿Estás vistiendo la misma ropa a diario para no distraerte en detalles triviales? ¿Estás siendo terco a morir en las cosas que importan? ¿Estás teniendo largas caminatas con potenciales nuevos colaboradores para convencerlos de que se unan a tu causa? Admirar es pasivo. No te quedes ahí. Emula lo que te encantó descubrir en la persona, de lo contrario es un autosabotaje disfrazado. Otro autosabotaje disfrazado es aquel que ocurre cuando le insistes a la vida que quieres algo y cuando te lo va a dar, le respondes con un tonto «¿puede ser a otra hora?», «¿Otro día? Es que tengo clase/junta a esa hora». Esto no te lo cuento en tono teórico, es una realidad que vivo todo el tiempo. Amigos me piden apoyar a personas con becas o platicar con ellos o no sé, guiarlos en algún sentido y cuando puedo acceder recibo este tipo de comentarios. No lo tomo personal ni me ofendo pero encuentro altamente decepcionante que la gente no se dé cuenta que son ellas mismas las que están actuando de una manera limitante siempre. Y digo siempre porque extrapolo las respuestas que me dan a otras situaciones y personas que podrían empujarlos a nuevos niveles. Si te interesa ser una Persona de Alto Desempeño, copia el actuar de otras PADs. Las PADs dicen a las oportunidades «sí, claro» primero y luego ven cómo resuelven los detalles. Saben que habrá cierto caos al intentar acomodar las cosas y que en muchas ocasiones algo tendrá que ser sacrificado para avanzar, pero lo aceptan, no se muerden las uñas ni lloran en secreto por la noche lamentando su decisión. Dan el paso. Lo dan duro. Y esa confianza genera la magia que los va empujando. «Sí, claro. Ahí estaré. Muchas gracias». «Sí, claro. Yo me encargo». «Sí, claro, te veo ahí». Tales son las respuestas. Que tu preocupación le pertenezca al siguiente nivel superior frente a ti, no al actual.

Acciones pasivas.

Tenemos que poner apellidos al sustantivo «acción». No hacerlo nos puede llevar a caminos engañosos como «admirar», por ejemplo. Admirar es una acción, pero es una pasiva. No construyes realmente nada con el hecho de admirar a ese autor, actor, jugador, político, etcétera. Tú no quieres emocionarte con acciones pasivas como admirar —que por cierto es primo de soñar. Tú quieres copiar, replicar, emular lo que aquellos que están allá donde te encantaría estar ya han ejecutado con éxito. Las «acciones activas» duelen por el obvio esfuerzo que tenemos que invertir en ellas. «Estudiar» es otra acción pasiva. No sé si recuerdes el contenido que estudiaste para el examen de la cuarta unidad de biología de segundo año de secundaria. Mejor ejecuta. Haz micro-experimentos. No hay manera genuina de aprender (que es a lo que realmente deberíamos aspirar) más que ejecutando. Otra acción pasiva es solicitar opiniones sobre tu arte, desempeño, idea. Mejor esculpe tu realidad lanzando al mundo lo que tienes que lanzar especialmente si no te sientes seguro de ello. Entrénate masoquistamente a vivir con incertidumbre en cada propuesta que le hagas al universo. Y entiende que pedir opiniones «para estar seguro» es básicamente una excusa social para justificar nuestros miedos en lugar de ponernos a hacer lo que tenemos que hacer. No traiciones a tu potencial gran avance emocionándote con la vida y ejecución de otros para quedarte varado ahí, en la etapa del entusiasmo sin navegar hacia tu creación personal. Y sí, es cierto: TODO lo que intentes para subir de nivel será mediocre y se sentirá ridículo en el inicio. ¿Y? Esto es fácil de atacar: los que están arriba van a aplaudir, entender y promover tu esfuerzo. Los que no se animan, buscarán eso, desanimarte. ¿A cuál audiencia le vas a dar más peso emocional?

Cryptoshit.

El costo de enviar un meme a alguien al otro lado del mundo es prácticamente cero. Puedes compartir en cualquier momento cientos de pedazos de estas tonterías a conocidos y desconocidos. Como algo meramente anecdótico ha quedado la espera de horas/días de un emperador Azteca para enterarse de cosas importantes como —digamos— la llegada de los españoles. O la noción romántica de escribir una larga carta de amor en papel a un amante que vive en otra ciudad. El telégrafo nos regaló la posibilidad de la comunicación «instantánea» en un formato que hoy hemos sustituido por algo más crítico para nuestro estilo de vida: la comunicación en verdadero tiempo real. Piensas. Redactas. Oprimes un botón. Se envía el mensaje. Lo reciben. Redactan algo para ti. Te lo envían. Lo recibes. Sonríes. Todo en un segundo o menos. Sin sudar. Sin hacer un gran alboroto al respecto. Esa es nuestra normalidad. Ahora pensemos en el dinero. Estás en Argentina. Tu abuelo en Rusia quiere enviarte cash. Sus opciones son [a] una tortuosa transferencia bancaria vía código SWIFT; [b] usar algo costoso como Paypal o [c] eso que muchos van a saltar y promulgar como lo mejor de lo mejor: la cryptoshit. Por favor, no pongas a tu querido abuelo —setenta años, ex-cocinero en buques petroleros— en una posición de «noob» donde le pides que abra una «wallet» y que te envíe su «llave pública». Todas las opciones de arriba involucran quitarle combinaciones de tiempo y/o atención y/o dinero. Y el señor sólo quiere transferirte recursos para la nueva consola de videojuegos que necesitas en tu vida para ser feliz. Es curioso —por decir lo menos— que los tecnonerds del mundo resolvieron primero el «problema» de cómo enviar estupidez sin fricción antes que enviar recursos con costo cero. Bonito detalle. ¿Sabes? Cuando emerja la genuina posibilidad de transferir riqueza económica de la forma en que enviamos mensajes instantáneos, un resultado obvio será que el número de nuestras transacciones se irán al cielo. Antes de preocuparnos por el hecho del híper-consumo que esto va a generar, abraza el increíble ritmo de soluciones híper-rápidas que esto va a permitir. ¿Quieres ayudar a esta persona con cáncer de la que te acabas de enterar por un video de YouTube que tus amigos compartieron en su grupo privado de WhatsApp? Envía un dólar en tiempo real, sin fricción, respondiendo directamente al video. Redactas de forma natural o grabas una nota de audio con tu instrucción: «dona un dólar» en tono magnánimo. Y Siri o algún agente ya menos deficiente, se encarga mágicamente. Listo. Y no lo veremos como el futuro. Será nuestra nueva normalidad. Entusiásmate por cosas así, no por la cryptoshit.

Suponer bien.

¿Cómo saber si lo que estás suponiendo es preciso? Tienes que someter el asunto a un duro examen mental. El reto está en entender que los duros exámenes mentales no son fáciles de ejecutar. Voy a intentar explicarte algo: leo el comentario grosero de algunas personas en mis artículos. Inmediatamente asumo que el texto tocó fibras sensibles que empujan a estos internautas a disparar su munición contra el blanco más fácil, que usualmente es el autor o la empresa que publica. Siempre asumo que ellos están mal porque por otro lado recibo gran cantidad de aplausos y agradecimientos. Y eso me gusta. Mi ego brinca y me siento un gran tipo y silbo de contento creyendo que voy por el mundo haciendo el bien. ¿Pero y si tal vez —y sólo tal vez— las personitas groseras no están mal y simplemente su forma de expresarse es una que me invita a sacarlos de mi radar en automático? Lo veo así: por un lado los acuso mental y rápidamente que algo de lo que escribí afectó sus cimientos psicológicos y por ello actuaron agresivamente hacia la fuente de lo que ellos percibieron como agresión. Y por otro lado yo reacciono prácticamente igual con sus comentarios que tocan algo de mis fibras sensibles. Los castigo con la reacción más agresiva de todas las que el ser humano tiene a su disposición: ignorarlos. Te decía que suponer tiene dos vertientes: la suposición que te lleva a conclusiones incorrectas y la que no. Y te decía que para meternos a suposiciones que nos guíen a respuestas precisas tenemos que hacer un duro examen mental. Y que esto no es nada fácil. ¿Por qué supongo que los comentarios de estas personas están mal? Cuando respondo con preguntas esto me lleva a veintisiete cuestionamientos más que al final recaen en mí y mis traumas. Y entonces descubro que así como ellas proyectan algo en mí sin hacerlo elegantemente yo proyecto algo en ellos siendo pasivo-agresivo. «Suponer bien» se trata de refinar nuestra psicología interna. Algo sólo para valientes.

Programmers on my mind.

I just realized children are parents’ APIs to whole new situations and relationships. Depending on how one raises them, they can be seen as an upgrade to our lifestyle or not. Also, another random thought: if you’re a programmer and that’s all your experience in life, you can’t create great apps/platforms for other industries in solo mode. This is obvious but most coders I know think they can do anything without seriously considering their lack of context. Aaaaand…local geeky efforts (such as clubs, events, gatherings, podcasts) are usually highly negligible compared to the attention and resources they get in big places. So, if you —like me— come from a small town, never think nor act locally. You have to shout louder.

Desempeño soberbio.

Una forma de poder manufacturar nuestras ideas para que dejen de ser meras opiniones es cambiando la perspectiva con la que vemos las cosas. Mucha gente se burla o habla de nosotros en privado, justo como nosotros hacemos lo mismo sobre otras personas. Es normal. Lo que nos limita no es que esto ocurra sino que vivamos excesivamente conscientes del hecho de que existen opiniones que no controlamos sobre nosotros allá afuera. La intención de este texto no es motivarte de forma gratis y decirte que «no te preocupes», que «eso no importa», sino que entiendas que en lugar de luchar contra la percepción la abraces y la coloques en una mejor posición para ti. ¿Cómo? Decide pensar mejor en la opinión que podría tener de ti gente admirable en niveles muy arriba. Probablemente desconocen tu existencia en este momento o todavía no se toman el tiempo para analizarte. Esos ojos imaginarios te pueden impulsar. De esta forma abandonas el proyecto fútil de remover algo que es casi imposible de eliminar como lo es la necesidad de validación social. La idea es que al menos la ubiques en un estándar que te haga moverte en lugar de paralizarte. Lo que tu primo, amigo, colega, maestro o algún individuo cercano comente abierta o secretamente sobre tu nueva realidad de ejecución no es realmente algo que te pertenezca: es su proyección psicológica vertida en ti. Necesitas redactar y publicar. Necesitas entender y comunicar. Necesitas hacer cosas llamativas y aburridas. Navegar por todo el espectro de estas actividades, bueno, es ofensivo para muchos. Déjalos quejarse a través de las críticas que harán de tu nuevo desempeño soberbio.

Edge computing vs cloud computing.

We talk a lot about edge computing at VERSE Technology these days. Cloud computing is great and all, but many of the solutions our global customers and their smart factories need could be processed more locally, bringing cost and time down. Of course, this is not a «one size fits all». There are tons of sensitive things to take into account. Cybersecurity for one. Data governance is another one. The good thing is that with the consultancy part of our job we can help organizations pick great ROI bets. Building our own hardware and software allows us to engineer optimized solutions in this exciting industrial Internet of Things world. We’re on the verge of a true wave à la Toffler. More sensors, more processing, better processing, faster production times, well, get ready!

1 millón de descargas mensuales en #MENTOR360.

– «¿Tú eres Aaron?»

– «Sí, ¿cómo estás?», respondí yo.

Quien me hizo la pregunta fue Luis Ramos, un famoso creador de contenidos en Latinoamérica. Su podcast Libros para Emprendedoreses uno de culto entre la comunidad de negocios. No nos conocíamos pero sí nos conocíamos. Mi hermana ya me había platicado de él y su trabajo y él se había topado con algunos de mis artículos. Ese día fue un encuentro accidental en un parque infantil y al estar ambos en modo familiar conversamos poco con la promesa de extender nuestra interacción en los siguientes días. Así lo hicimos y tiempo después participé en un episodio de su programa. De ahí nuestra amistad quedó afianzada. 

El tiempo fue pasando y uno o dos años después platicamos por teléfono sobre un nuevo tipo de colaboración periódica en su nuevo proyecto paralelo llamado ahora Mentor 360. Acepté sin vacilar porque me gusta hacer cosas con gente que sabe exponenciarlas y que proponen algo relevante a la sociedad. Cuenta conmigo si vamos a lograr que la gente lea y después ejecute. Nada es más importante para mí.

Hace unos días, Mentor 360 rebasó el millón de descargas mensuales. Me da gusto que en medio de tanto ruido del mundo existan contramedidas premiadas por el mercado.

Si aún no has escuchado Mentor 360, te invito a que lo hagas. Y si ya lo has hecho, dime aquí en los comentarios qué episodios te han encantado y por qué. Descarrilemos las conversaciones típicas hacia unas que nos empujen a todos hacia un nivel superior. 

Fuerte abrazo, Luis. Más éxitos y gracias por coordinar un gran esfuerzo de contenido evergreen. 

Y a ustedes, queridas PADs, les pido me ayuden a hacer este podcast algo incluso más relevante. ¡Gracias!

Aquí mis colaboraciones a la fecha:

Metafísica Empresarial

4 Habilidades Esenciales

Filosofía para Personas Ocupadas

Taladrar para Crear

Negociación para Principiantes

Ridiculez

Vamos a Desbordarnos

Copia Descaradamente

Ecuanimidad

La Soledad de la Mente

Las Ventajas del Voluntariado

Sé audaz. Y selo ahora 

– A.

La petición en turno.

Tu negocio está acostumbrado a cierto tipo de operaciones. Tiene un cierto dominio de la mayoría de sus procesos y sabe qué esperar de cada uno de sus esfuerzos. Tu staff, marketing y todo alrededor de ello entiende claramente de qué se trata el día a día. En un momento cualquiera llega una llamada, un e-mail o una conversación donde el cliente solicita algo a lo que tu organización no está acostumbrada. ¿Cómo lidiar con esto? Es fácil aventar un determinante «NO» a aquello que no es tu núcleo, a aquello que no pondría pan inmediato en tu mesa. De hecho, es la recomendación estándar para que mantengas el enfoque. Sin embargo, te invito a que consideres que algunas peticiones exóticas de los clientes abren posibilidades interesantes. Esto sirve para medir el nivel de respuesta y adaptación de tu compañía a la bendita incertidumbre. ¿La petición en turno prepara a tu empresa para el futuro? ¿Los entrena a ser más dinámicos? ¿Sirve como exploración de una potencial nueva línea de negocios? ¿Ejecutarla bien los moldea en el tipo de compañía que les gustaría ser? No siempre podemos acomodar en nuestra oferta aquello que el mercado desea, pero siempre puedes evaluarlo con una luz diferente, sin espantarte, sin rechazarlo con una etiqueta donde proclames que el asunto es una mera distracción. Tal vez no. Tal vez es una gran inversión. Si crees que ya lo sabes todo sobre tu negocio, te estás engañando. No te engañes. Sigue apostando.

Cursos para tener éxito en los negocios.

Me encantan los gurús que dan «consejos» para tener éxito en los negocios y su único negocio es vender cursos para tener éxito en los negocios. Quienes los defienden y compran sus cursos lo hacen porque detestan enfrentarse a la alternativa dura de la realidad: this is f hard. No hay mejor escuela para hacer negocios bien que construir una empresa que haga las cosas bien. El mundo está lleno de «expertos» de sofá que van a opinar aquí en las redes sobre cada paso que das pero que no pueden subir de nivel en aquello con lo que ponen pan en su mesa. Recursos humanos, finanzas, administración, legal, contabilidad, operación, marketing, estrategia, ventas, visión, servicio al cliente y demás son universidades con postdoctorados ultraintensivos que NADIE entiende a profundidad hasta abordarlos de frente. Te digo esto porque necesitamos generar más empresarios de alto nivel. Si estás comenzando de cero como yo, requieres entender a profundidad la filosofía de lo que estás haciendo y hacer ruido inteligente para atraer conversaciones y personas que te van a impulsar. Muchos se confunden y creen que una maestría en negocios les da las habilidades necesarias para este mundo. Es como ver partidos de la Champions y pensar que ya eres futbolista profesional. El entrenamiento, sudor, disciplina que se requieren no se domina con comodidad. Sé intelectual. Sé movido. Ve a más eventos «elite» donde están las personas que están logrando cosas que a reuniones gratuitas en tu vecindario donde todos hablan con entusiasmo del emprendimiento pero se encuentran al mismo nivel. Para hacer dinero, hay que meter dinero. Lee como enfermo en inglés los libros de tipos que han construido imperios. No te entusiasmes con libros superficiales que te prometen la receta mágica en sus páginas para conseguirlo todo sólo con la mente y ya. Si crees esto, bueno, mereces los patéticos resultados que tendrás. Te quiero, querida persona a punto de emprender. Esto es una vocación igual a ser médico o contador: se requieren un conjunto de habilidades predeterminadas y entendimiento de por qué nos metemos al asunto más allá de la moda o términos vacuos estilo «independencia financiera». Aquellos que buscan hacer negocios para su «independencia financiera» construyen cosas frágiles. Aquellos que resuelven problemas duros y genuinos de la sociedad, construyen cosas trascendentales. Aquellos que se entusiasman fácilmente fracasan al primer reto. Sé ecuánime. Y también sé audaz. Y selo ahora.

Esto no es nada.

El nivel de las cosas que este día te estresaron te permite determinar con precisión el límite de lo que puedes administrar. ¿Te daría orgullo presumir lo que hoy te hizo sudar? Si no es el caso, elévate bastante y abraza la situación de forma diferente: destrúyela, ignórala o minimízala al máximo pero no te estanques. Te digo esto porque mucha gente proclama cosas como «quiero construir un imperio» pero el mal comentario de alguien en una red social o la noticia política de moda o el caos vial los avienta fácilmente a la lona de la frustración. Cuando las operaciones de mis negocios comienzan a ponerme los nervios de punta hago el esfuerzo por recordar que esto no es nada con respecto al gran plan que tengo. Si no puedo dominar con ecuanimidad las circunstancias y situaciones del tamaño actual en que se presentan ante mí, no merezco aquello infinitamente más grande que según yo está en mi futuro. Piénsalo así: si no puedes con esto, ¿qué te hace pensar que podrás con más? El entrenamiento que más nos sirve para construir algo trascendental llega a nosotros disfrazado. Muchas personas lo confunden con estrés. Y huyen de él. Se espantan. Tú y yo no. Tú y yo le quitamos la máscara y entendemos que es el impuesto que nos toca pagar a cambio de poder esculpir con libertad la realidad del día de mañana.

Escalar el comportamiento.

La puerta del elevador se abre. Una señorita que trabaja en la limpieza del hotel entra y saluda. Lo hace en un tono agradable y servicial al mismo tiempo. Pocos pisos después se despide con el volumen de voz seguro de quien se encuentra en dominio de la situación. Ese es un excelente servicio al cliente. Ahora bien, déjame explicarte algo: muchas personas se confunden y piensan que acaban de interactuar con una chica amable cuando en realidad el intercambio es con el hotel. A ella no la conocemos. No sabemos su nombre. No tenemos una relación de ningún tipo. A ella no le interesa a nivel personal nuestra comodidad. Este es uno de los temas en los que más insisto con mis colaboradores: «los clientes no están hablando contigo sino con la empresa, deja fuera de tus interacciones aquí esa timidez, miedos, lo que sea que te estorba para actuar como todo un pro». Sucede que nadie nos explica estas cosas de la vida corporativa. Cuando vas a Starbucks u Oxxo el contacto que haces es con Starbucks u Oxxo a través de un ser humano que ha decidido prestar su voz y habilidades a la empresa. Este aspecto claro de su cultura organizacional es uno que han dominado y que los ha hecho exitosos al poder escalar el comportamiento a los niveles actuales en que los admiramos. Del lado del emprendedor: mientras no logremos que nuestros colaboradores sean puntos de conexión genuinamente representativos de nuestras compañías no podremos jugar en las grandes ligas. Del lado del colaborador: entiende que en uniforme tú no eres tú, entiende que los clientes no están interactuando contigo sino intentando conectar con una empresa a través de ti. Be a great team player.

Domingo en Bellini.

«¿En dónde cenamos?», pregunté.

«Vamos al restaurante giratorio», dijo Diego.

Fer y yo reímos, pues queríamos algo cerca y rápido para irnos a morir a la cama luego de dos días intensos de trabajo en la #BMC2020.

Un Uber después llegamos a la Nápoles. Subimos los cuarenta y cinco pisos y nos sentamos en la mesa. Mi hijo volteó a ver el piano del lugar y con determinación se dirigió a él para regalarnos a todos los comensales un performance. El restaurante aplaudió todas sus canciones y nosotros no cabíamos de orgullo.

Uno de los mejores fines de semana de mi vida cerrado con broche de oro. Love and happiness.